p.K.Dick ¿Que es la realidad?

En 1978 Philip K. Dick escribió:

“Siempre tuve la esperanza, al escribir novelas e historias que me interrogan con la pregunta ¿Qué es la realidad?, de poder encontrar la respuesta algún día”.

La búsqueda de Philip fue incesante, pero después de escribir casi treinta novelas, nunca encontró una respuesta a su pregunta. Un día, cuando un estudiante de filosofía le pidió que definiera la realidad, él contesto:

“La realidad es esa bruja, que aun cuando dejas de creer en ella, no desaparece. Eso es todo lo que puedo decir”.

Aunque pareciera que la analogía de Dick dice poco, en realidad nos muestra muy bien aquello que el escritor entiende por «realidad» y sobre todo, nos muestra su fuerte compromiso con lo que puede denominarse: realismo metafísico. Dentro de su vasta obra como escritor, existe una idea constante en el pensamiento de Dick, la idea del “velo”. Casi todos sus personajes sufren la angustia de no saber con seguridad si el mundo en el que viven es un mundo real o solamente una invención de su mente, como si entre ellos y el mundo se extendiera un “velo” que no pueden hacer a un lado, una cortina que no les deja ver lo que hay del otro lado, si es que acaso hay algo.

La analogía que utiliza Dick para definir lo que él entiende por realidad merece ser analizada y comprendida en cada una de sus partes: “la realidad es esa bruja, que aun cuando dejas de creer en ella, no desaparece”. Es decir, para Philip, la realidad es aquello que existe independientemente de nuestras creencias, de hecho, se puede decir que para la realidad nuestras creencias son completamente irrelevantes. No importa que tanto te esfuerces en creer lo contrario, o que te tapes con la cobija hasta la cabeza, esa presencia en tu habitación es real, y está ahí para atormentarte.

De la misma manera, los objetos que pueblan el mundo existen con una realidad propia, independiente de mis creencias, las tuyas o las de cualquier otra persona. ¿Por qué? Porque el mundo en el que vivimos es un mundo ya hecho, que no necesita de nuestro lenguaje, mente o condicionamientos biológicos para su existencia. Los átomos, los quarks, los muones, están esperando ser descubiertos y no importa que nos esforcemos en negarlos o en pensar lo contrario, la realidad existe con todos sus objetos independientemente de nuestros deseos más recalcitrantes. A esta visión de la realidad Kant la bautizó como “realismo trascendente” y actualmente se le conoce como “realismo metafísico”.

Solamente cuando se piensa la realidad en estos términos es que la idea del “velo” se vuelve relevante, solo entonces surge la angustia por saber si acaso hay algo detrás de la cortina. Toda la obra de Dick se sostiene sobre este fuerte fundamento metafísico: el de la realidad independiente. Para un idealista epistémico, por ejemplo, el «velo» no es un problema: qué importa si acaso existe una realidad allá afuera, solo lo mental es real y si acaso existe algo más allá de la imagen del mundo que tenemos en la mente, peor para el mundo, porque nos resultaría incognoscible. Así pues, el idealista no sufre por saber lo que hay detrás de la cortina, porque desde su perspectiva no hay nada del otro lado.

Quizás por eso, la obra de Dick no es tan distante de lo fantástico. De hecho, pienso que su obra tiene mucho en común con otro Phillip. Me refiero a Howard Phillip Lovecraft, ambos comparten el mismo supuesto metafísico en sus obras, pero con una gran diferencia: mientras Dick no sabe lo que encontrará del otro lado de la cortina (y por eso se agobia), Lovecraft sabe con seguridad que lo que existe del otro lado es la maldad pura. Esa es la diferencia entre el pesimismo de ambos autores, el pesimismo de Dick es epistemológico, mientras que el de Lovecraft es ontológico. El primero te dice que no puedes conocer con seguridad lo que está más allá del «velo». Pero el segundo te advierte que lo existe detrás de él es aterrador.

El propio Dick se define a sí mismo como un filósofo que escribe historias, y está en lo correcto, Dick debe ser leído como un filósofo realista que, como Kierkegaard, experimenta la angustia de no poder tener la certeza de lo real, es la angustia cartesiana, la ruptura kantiana puesta en historias de Sci-Fi. Además, el motivo de las inquietudes de Philip es una angustia y duda genuina, el padecimiento real de no poder distinguir entre la verdad y la ficción. Su obra tiene como origen y justificación un padecimiento fisiológico que le consumió la vida.

39 años y nos seguimos haciendo las mismas preguntas, Philip. De este lado de la cortina nada ha cambiado.

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