Hace unos días trascendencia la noticia de que Joe Biden había revocado un mandato presidencial de Trump en el que se prohibía a las personas trans poder unirse a las fuerzas militares de Estados Unidos. La decisión fue aplaudida por los defensores de la comunidad LGBTQ, quienes felicitaron a Biden por cumplir la que fue una de sus promesas de campaña.

Durante el 2018, en el marco del cuarto aniversario de la aprobación del cambio de identidad de género a personas trans, se llevó a cabo el foro  “Ampliación y Permanencia de los Derechos de la población TRANS en México y en el mundo”, en el cual se realizó un exhorto para que las personas trans también pudieran ser incluidas en las fuerzas federales, el Ejercito y la Marina. Pasados los años, no existe hasta ahora un decreto oficial al respecto. Pero lo cierto es que las personas trans no necesitan de un decreto oficial para brillar. Pues han estado presentes en los distintos ámbitos de la vida social desde los inicios de nuestra nación.

Tal es el caso del coronel Amelio Robles, anteriormente conocido como Amelia Robles. El coronel nació en el año de 1889 en Xochipala, Guerrero. Y desde muy joven decidió unirse a las fuerzas de la revolución. Fue entre 1911 y 1913 que Amelio comenzó su “transformación” de mujer a hombre, según cuenta él mismo en una entrevista con el periodista Martin Gil que se realizó en 1927.

Por aquellos años, que las mujeres se vistieran con ropas masculinas era bastante común, pues con ello evitaban, o al menos reducían, la probabilidad de una agresión sexual. Pues durante los tiempos de la revolución, México era un territorio sin ley y sin orden. Pero Amelio no se vistió de hombre únicamente por estrategia, conservó su identidad hasta el día de su muerte en el año de 1984.

En un contexto plagado de machismo, Amelio destacó como un soldado hábil con el caballo y las armas, así como también por su valentía, lo que le valió el nombramiento de coronel en el ejercito de Emiliano Zapata.

Hacia 1917 o 1918, cuando el conflicto revolucionario llegaba a su fin, Amelio se unió al Ejército Federal, aun cuando las Fuerzas Armadas no aceptaban mujeres. En los treinta fue parte del Partido Socialista de Guerrero, dos décadas antes de que se reconociera el voto femenino. Y en 1978, la Secretaría de la Defensa Nacional le condecoró y reconoció como veterano de la revolución.

Puede que el caso de Amelio no sea el único ocurrido durante la revolución, aunque sí es el único del que se tiene registro. En 1948 se acreditó en un examen médico, que Amelio tenía seis heridas de bala, aunque no se dijo nada respecto a su sexualidad. Robles tejió una red de relaciones con varios mandos militares que después ocuparon cargos políticos, lo que le permitió seguir como hombre, gracias a un acta de nacimiento apócrifa.

«El coronel Robles no era un transexual ni un travesti ni una lesbiana butch, como se le llama a una mujer que le gustan las mujeres, pero que adopta comportamientos tradicionalmente masculinos […] se trata de hombre transgénero”, explica Gabriela Cano, Investigadora del COLMEX y que escribió el libro Andar de soldado viejo, donde se relata la vida de Robles.

En un país donde los miembros de la comunidad trans corren un alto riesgo de no sobrevivir los 35 años, donde todavía tienen que luchar por el reconocimiento de sus derechos y no tienen la seguridad necesaria para el desarrollo de su vida y habilidades. Reflexionar sobre la condición histórica de Amelio Robles es un must.

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