“Cannibal Holocaust” (1980) de Ruggero Deodato cuenta la historia de cuatro jóvenes documentalistas que se adentran en la selva amazónica, en pleno corazón de América del Sur, para realizar un reportaje sobre las tribus que habitan en esa región, de las cuales se dice que todavía practican el canibalismo.

La película transmite una clara ideología en torno al campo semántico amplio del concepto de canibalismo que va más allá de comer carne humana y que significa en definitiva “salvajismo extremo”. El caníbal es una figura asociada con la alteridad absoluta y utilizada para imponer los límites entre «nosotros» civilizados y «ellos» salvajes. En este sentido, el caníbalismo es un concepto político cuya imagen manifiesta los temores que sentimos hacia el Otro, a sus costumbres, pero también el miedo a nuestra propia naturaleza violenta, capaz de consumir, así sea simbólicamente, a nuestros semejantes.

Tradicionalmente, el canibalismo era expresivo de algún tipo de animalidad anómala o posesión demoniaca. Los caníbales occidentales debían “convertirse” en hombres-lobo para matar y comer. O en vampiros para chupar sangre. El caníbal ha sido el monstruo pero también el primitivo, el indígena, el loco, el hambriento. En “Cannibal Holocaust” es visible la violencia occidental enfrentada contra la violencia indígena, donde los caníbales selváticos se enfrentan también a los occidentales que depredan y buscan tesoros y otros bienes materiales a cualquier costo.


El canibalismo ha llegado a occidente no solo a través del cine, sino también de otras expresiones artísticas como la sublimación de la antropofagia. Un caso notable es la obra fotográfica y performance extremo del artista chino Zhu Yu que adquirió un feto, lo cocinó y se lo comió. La polémica en torno a este arte caníbal llegó al máximo cuando la TV británica emitió un documental sobre la bienal del arte extremo chino.


Nancy Shepper Hugges ha acuñado el término “Neocanibalismo” para designar la transplantación de órganos como producto de un tráfico que sobrepasa los límites de lo legal. En este nuevo canibalismo la carne de unos (sus órganos) entra en el cuerpo de otros tras una intervención quirúrgica que marca agudas diferencias sociales y políticas: los donantes de órganos, excluidos e invisibles, y los receptores, altamente visibles.


El canibalismo en el siglo XXI se ha convertido en un objeto de consumo. Ahora se ofrecen viajes exóticos a regiones vinculadas con las prácticas caníbales como Papúa Nueva Guinea, de los que uno regresa transformado en un ser “más auténtico”. Actualmente, cualquier amante del turismo alternativo puede tener su experiencia caníbal.


El canibalismo también se ha ligado a la unión mística vinculada a la transformación personal. César Pérez de Tuleda (alpinista y periodista) y muchos otros que viajaron a los confines caníbales explican que retornan de esa experiencia siendo otros (más buenos, más humanos, más sensibles, más ecologistas). Sin embargo, estas experiencias no disimulan el exotismo con el que se retrata al canibalismo y las relaciones del poder que se ejercen entre el “civilizado” y el “salvaje”.

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