En “The Descent of Man”, Darwin escribió que «La música despierta en nosotros diversas emociones, pero nunca las más terribles como el horror, miedo, rabia, etc. Sino los sentimientos más suaves de ternura y amor, que fácilmente se convierten en devoción». Esta afirmación nos demuestra que Darwin nunca vio una película de terror, pues de todos los géneros cinematográficos, quizás el horror sea el que le otorga mayor relevancia a la música para desencadenar sentimientos de horror, miedo y rabia.

Las imágenes temibles pueden hacerse aún más intensas cuando se acompañan de sonidos musicales aterradores, haciéndonos sentir amenazados e incómodos a través de agudos acordes y otros efectos de choque, para crear los tipos de respuestas emocionales que requiere el género.

El uso de armonías atonales y disonantes es un recurso bastante utilizado en el cine de terror. Por ejemplo, los monstruos por lo general simbolizan lo “Otro”, aquello que está fuera del sistema y son representados por la atonalidad, mientras que lo humano por la tonalidad. Al usar música atonal, la amenaza desestabilizadora que representa el personaje se codifica en términos audibles, incluso cuando el público no puede decodificarla o no es consciente de ello.

Neumeyer y Buhler examinan la forma en que funcionan las relaciones de tono dentro de las bandas sonoras de películas y observan que, aunque es algo así como una generalización, tendemos a interpretar las claves mayores como más optimistas, mientras que las claves menores, al poseer un mayor potencial cromático, son utilizadas para la creación de atonalidades que transmiten una atmósfera más oscura. Esto permite que las tonalidades mayores / menores y la consonancia / disonancia representen diferentes caracteres e ideas contrapuestas, como dicotomías representativas de lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo.

Por ejemplo, Danse Macabre (1874) de Saint-Saëns se inspira en el folclore del diablo violinista que toca en una reunión de brujas. Para tocar esta pieza se requiere el uso de scordatura: la técnica de volver a afinar una de las cuerdas del violín. En este caso, la cuerda Mi se vuelve a afinar en Mi bemol, creando así un tritono. La posición del tritono dentro del estudio medieval de la música hizo que adquiriera un simbolismo musical interesante y específico: en el ámbito de la teoría musical, el tritono es un intervalo que abarca tres tonos enteros. Puede clasificarse como intervalo de cuarta aumentada o de quinta disminuida. Ese “salto musical” produce una gran tensión y no es un sonido agradable, es más bien chocante. Sus características numerológicas se oponen a todo lo que se define como bueno en la teología y la música occidental: seis es el número del diablo, mientras que siete es el número perfecto, el número divino. Estas asociaciones medievales le llevaron a ser bautizado como el diabolus in musica (el diablo en la música) y siempre ha resultado de utilidad para transmitir la idea del mal, lo “Otro” o lo “extraterrestre”.

Tony Iommy utilizó el tritono para crear una de las canciones más emblemáticas del metal: Black Sabbath, de la banda británica Black Sabbath. La canción, inspirada en el trabajo del escritor ocultista Dennis Wheatley surgió después de que Iommy tuviera la visión de una figura negra a los pies de su cama. Cualquiera podría pensar que el uso del tritono fue a propósito, pero según Iommy no es así, pues asegura que no era consciente de que estaba usando ese acorde en particular, simplemente lo escogió por sus características. 

En la importante colección de ensayos sobre películas de terror que coeditó el estudioso del cine, Robin Wood, se incluye un ensayo sobre el famoso Lied de Schubert, «Der Erlkönig» (1815), examinado a través de una lente psicoanalítica. Para Wood es notable la manera en que los compositores previos al siglo XX encontraron múltiples formas de crear una sensación de malestar o pavor sin recurrir a disonancias no resueltas o la experimentación tímbrica. Por ejemplo, el regreso del vals alegre (Arditi’s Il Bacio) en Dr. Jekyll and Mr.Hyde (1931), aparece por primera vez durante un beso romántico y esencialmente sirve como tema de amor en la película. No obstante, cuando la escuchamos al final de la película, mientras Jekyll rompe con su amada Muriel, se vuelve aterradora cuando es acompañada con escenas de violencia brutal.

Una de las obras de órgano más repetida en las películas de terror es “Toccata and Fugue in D Minor» de Bach, una pieza que implica repetición y un ritmo de conducción implacablemente típico de muchas piezas barrocas.

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