En “Entrevista con el vampiro”, la novela de Anne Rice, estas criaturas de la noche son inmunes a los crucifijos, el ajo y las estacas en el corazón. Pero no pueden sobrevivir el tedio del tiempo y el hastío de la vida. Después de todo, todavía hay en ellos un resabio de mortalidad que se extiende y prevalece al paso de los años.

Que todas nuestras acciones en la vida carecen de sentido. Que al final no hay nada más que el hastío y la melancolía de la repetición, es algo que mortales e inmortales parecen entender por igual. Si la vida no es la respuesta, la inmortalidad tampoco parece serlo. Al final solo sobrevive la NADA.

Al convertirse en inmortales, lxs vampirxs esperan que todas las formas de su vida permanezcan fijas e incorruptibles. Pero en realidad, “todas las cosas cambian menos el vampiro”. Todo, salvo lxs vampirxs, está sujeto a la corrupción y la distorsión constante. Con ingenuidad, apenas logran vislumbrar que la inmortalidad no es más que la perpetuidad del fastidio.

Anne Rice lo deja muy claro: “Muy pronto, con esa mente inflexible, la inmortalidad se convierte en una condena penitenciaria, en un manicomio de figuras y formas que son desesperadamente ininteligibles y sin valor. Un atardecer, un vampiro se levanta y se da cuenta de lo que ha temido quizá durante décadas: QUE SIMPLEMENTE NO QUIERE VIVIR MÁS. Que cualquier estilo o moda o forma de existencia que le hiciera atractiva la inmortalidad ha desaparecido de la faz de la tierra. Y no queda nada que ofrezca la libertad de la desesperación. Y el vampiro sale a morir. Nadie encontrará sus restos. Nadie sabrá que ha desaparecido. Y muy a menudo, nadie a su alrededor sabrá que él está desesperado. Simplemente desaparecerá”.

Cuando la vida se ha dilatado hasta la inmortalidad, la voluntad de destruirse emana de una dolorosa sensación de plenitud. Si no hay ninguna grandeza en la vida y en la muerte, solo queda la NADA que se eleva, eterna y neutra, sobre todas las cosas. Desde la nostalgia de la condición vampírica, toma forma y contorno el deseo de la muerte.

Louis, el protagonista de “Entrevista con el vampiro” es un héroe gótico en el que se encarnan todos los valores del siglo XX, del siglo del desencanto. Su caída de la gracia y de la fe ha sido la caída del siglo. Un hombre condenado en alma y cuerpo, que descubrió la última de las verdades: lo único que hay es desesperación.

Cuando Anne Rice escribió “Entrevista con el vampiro”, estaba atravesando por una terrible pérdida. Su hija de apenas 5 años había muerto a causa de la Leucemia. Eso explica de alguna manera el desencanto por la vida que manifiesta Louis, la eterna infancia de Claudia y todas las inquietudes teológicas de la autora.

Louis sufre desesperadamente su nueva condición de inmortal, y viaja al viejo continente en busca de respuestas. Pero lo único que encuentra es la más grande de las ausencias: la ausencia de Dios, del bien y del mal. Y si Dios no existe, las vidas humanas son lo único que queda. Y, en tanto la vida humana carece de sentido, entonces solo nos queda la NADA.

Desde la perspectiva de lxs vampirxs de Anne Rice, la desesperación es un acto de libertad. En la vida tarde o temprano llega el fastidio, y cuando la vida se extiende hasta la inmortalidad, la desesperación se convierte en el último de los lujos: cada noche, lxs vampirxs salen a alimentarse de otras vidas, así una y otra vez a lo largo de los siglos, hasta que por fin tienen el valor de terminar. El que se convierte en vampirx no escapa de la muerte. Por el contrario, extiende su muerte por los siglos de los siglos. La inmortalidad no es un regalo ni un don. Es una sentencia.

¿Aceptarías la inmortalidad aún sabiendo que lo único que hay es la NADA y la desesperación?

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