Carrie Feminismo

En 1976, el director Brian de Palma estrenó la adaptación cinematográfica de la obra literaria de Stephen King, Carrie. La historia, como el propio King la relata en “Danse Macabre”, va sobre una chica llamada Carrie White, la hija tímida de una fanática religiosa que, «debido a su ropa extraña y sus gestos tímidos, es el blanco de todas las bromas en su clase”. Sin embargo, el tormento de Carrie no se debe exclusivamente a su timidez, sino también a su educación y sexualidad.

Cuando en las regadera de la escuela, Carrie tiene su primer periodo, la adolecente no tiene ni la mínima idea de lo que está ocurriendo con su cuerpo, ni tampoco sabe cómo reaccionar ante la situación que está viviendo. Pues es claro que su educación en materia de sexualidad es precaria debido a las aberrantes y dogmáticas ideas de su madre. La pobre Carrie se convierte entonces en el objeto de burla de sus compañeras, quienes le arrojan toallas sanitarias mientras le gritan al unísono: “Plug it up! Plug it Up!»

El tormento de Carrie no solo está estrechamente vinculado al sistema de creencias heredado de su madre, sino también a su menstruación: “Ella tiene una habilidad telequinética que se intensifica después de su primer periodo menstrual, y finalmente usa ese poder para derribar su casa luego de un terrible desastre en el baile de graduación”. Este desastre al que refiere King, es el incendio del gimnasio de su escuela (con todo y alumnos y profesores dentro). Pues luego de descubrirse víctima de una pesada broma por parte de sus compañeros, Carrie deja correr toda su ira y poderes telequinéticos en la noche fatídica de aquel baile.

Para Stephen King, Carrie tiene un claro trasfondo feminista:

“Carrie se trata principalmente de cómo las mujeres encuentran sus propios canales de poder y de lo que los hombres temen sobre las mujeres y su sexualidad [. . .] al escribir el libro en 1973 y solo después de tres años de salir de la universidad, era plenamente consciente de lo que implicaba la Liberación de la Mujer para mí y para otras personas de mi sexo. El libro es, en sus implicaciones más adultas, un inquietante rechazo masculino de un futuro de igualdad femenina. Para mí, Carrie White es una adolescente tristemente maltratada, un ejemplo del tipo de persona cuyo espíritu está roto para siempre en ese pozo de devoradores de hombres y mujeres que es la escuela secundaria. Pero también es una mujer, siente sus poderes por primera vez y, como Sansón, derriba la sien sobre todos los que están a la vista al final del libro”.

La afirmación de King respecto a que Carrie es «un inquietante rechazo masculino de un futuro de igualdad femenina» no deja de ser interesante y digna de reflexión. Aunque sin duda, su afirmación de que Carrie puede ser leída como una obra feminista en la que una mujer «siente sus poderes por primera vez y, como Sansón, derriba la sien sobre todos los que están a la vista al final del libro», como una especie de heroína revanchista, refleja cierta miopía por parte del escritor. En este tenor, el propio Brian de Palma alguna vez aseguró que: “En el suspenso, una mujer en peligro siempre funciona mejor. Si tienes una casa embrujada y una mujer caminando en ella durante la noche, sientes mayor temor por ella que el que sentirías por un hombre”. De manera que, el cine de terror parece funcionar bajo la instanciación de aquella fórmula enunciada por Allan Poe: “la muerte de una mujer es lo más poético que hay en el mundo”.

En su libro, “Men, Woman and Chainsaws: Gender in the Modern Horror Film”, Carol Clover se pregunta ¿dónde radica exactamente el horror en películas como Carrie? Y, si la «liberación de la mujer» es el miedo, ¿Carrie es su monstruo representativo? Y si lo es, ¿quién es la víctima y quién es el héroe? La respuesta de Clover es que Carrie es ambos a la vez. Es decir, a lo largo de la mayor parte de la película (y el libro), Carrie es víctima de unos compañeros de escuela monstruosos y una madre monstruosa, pero al final ella misma se convierte en una especie de héroe monstruoso, héroe en la medida en que se ha levantado contra las fuerzas que se cernían sobre ella, monstruo en la medida en que ella misma se ha vuelto excesiva, demoníaca. En resumen, se ha convertido en lo que Clover llama la mujer víctima-héroe.

Para la profesora Clover, la imagen de la mujer en el cine de horror se mueve en esta ambivalencia, la mujer cuando es una heroína siempre implica también cierto grado de monstruosidad. El cine de horror, como en el Slasher, por ejemplo, la feminidad es construida convencionalmente para ser inexorablemente castigada. Pero también son filmes donde lo masculino y lo femenino se unen en amalgama en el personaje de la víctima y en el monstruo (o asesino, por ejemplo, Norman Bates o Buffallo Bill). No obstante, esta última dicotomía (monstruo-víctima) también colapsa en la imagen que el cine de terror construye de la mujer. Pues a las mujeres, aunque pueden llegar a ser las heroínas de la historia, también se les caracteriza como seres más predispuestos a la maldad, o más abiertas a lo sobrenatural.

La palabra vulva, en sí, está relacionada con la válvula —puerta o entrada al cuerpo— y por eso sirve regularmente para la entrada de todo tipo de espíritus. En el análisis de Clover, la vagina es, de manera bastante explícita, la puerta de entrada sobrenatural en películas como «Deadly Blessing (1981)”, “The Entity (1983)” o “Shivers (1975)” de David Cronenberg, y de manera más velada en filmes como “The Exorcist (1973)” o “The Rosemary’s Baby (1968)”, por mencionar algunos. En Carrie, cuando su madre vincula la menstruación con lo sobrenatural, articula una de las verdades más perdurables del horror: una mujer que menstrúa es una mujer “abierta». Una entrada a los males del mundo, la telequinesis, las posesiones o la semilla del diablo.

Para Clover, en el mundo del horror oculto, la sangre menstrual parecería tener poco que ver con la castración o la pérdida en un sentido freudiano, y mucho que ver con cosas poderosas que suceden a puerta cerrada (en el ámbito de lo privado). Para la autora, el sexo, en una variedad de formas, ocupa un lugar preponderante en el «campo» temático de las películas estándar de asesinos, vampiros, hombres lobo, zombis e incluso venganza por violación. Pero la reproducción y la menstruación, como es el caso de Carrie, es una constante básica en las películas de posesión, pues son historias que dependen de la irrupción psíquica y la apertura a lo que nos sumerge repetidamente en un mundo de menstruación, embarazo, fetos, aborto, aborto espontáneo, líquido amniótico, parto, lactancia. Así como también espíritus malignos, vástagos del diablo y todo un mundo oculto que resulta peligroso e incognoscible.

Al igual que como sucede con las brujas, Carrie no puede ser retratada sin ambigüedad, como una sospechosa monstruosidad transgresora. Y esto se debe a que el mismo cine de terror navega en esa ambigüedad.

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