En su estreno, Robocop (1987) fue recibida como una sátira social, plagada de sangre, gore y violencia. En palabras de su director, Paul Verhoeven, Robocop fue concebido como una suerte de “Jesús estadounidense”, una imagen divina cyborg atravesada por la resurrección y redención, cuyo objetivo es castigar la codicia y el crimen en una decadente ciudad de Detroit.

En el escenario “ficticio” que plantea la película, las instituciones públicas ceden parte del gobierno de la ciudad a una multinacional, la OCP. La cual se encarga de erradicar el crimen y construir una nueva Detroit lista para albergar empresas y negocios. Esta mega operación de gentrificación es ejecutada por un policía mitad hombre, mitad máquina.

Edward Neumeier (guionista) y Paul Verhoeven (director)hacen una crítica a los modelos contemporáneos de seguridad ciudadana a partir de la proyección de una sociedad hipotética en la que, dentro de un contexto neoliberal, se delega la gestión de la seguridad (bajo un modelo de tolerancia cero) a las empresas privadas.

Es decir, Robocop nos encara con la siguiente pregunta: ¿podemos dejar la seguridad y las obligaciones del Estado en manos de las empresas privadas transnacionales?

Robocop ha sido acusada de ser una película fascista, que endiosa a las fuerzas policiales y que se vanagloria en la idea de un Estado abusivamente controlador. Sin embargo, la premisa filosófica de la película está muy lejos de ser propaganda conservadora. Y, por el contrario, plantea un escenario crítico en el que la automatización de la violencia y su administración privada, abren la puerta a nuevas formas de fascismo en un contexto neoliberal.

Mediante nuevas formas de biopoder (la administración biológica de un hombre-máquina), la OCP, una empresa privada, impone medidas de tolerancia cero sobre la ciudadanía(como ocurrió en NY durante la administración de Rudy Giuliani). El objetivo de esta intervención privada consiste en preservar sus propios beneficios empresariales: establecer en Detroit las condiciones ideales para el florecimiento de su negocio y capital, a partir de la implementación de medidas coercitivas totalitarias.

El pronunciado interés de la OCP por “encontrar” negocios en espacios que tradicionalmente no se consideraban sujetos a las fuerzas del mercado (como la biotecnología) es un sello distintivo del modelo neoliberal, cuyo origen se encuentra en los economistas de la Universidad de Chicago que trabajaban bajo la tutela de Milton Friedman y guiados por el ideal de libre mercado de Friedrich Hayek.

RoboCop llegó a los cines en un momento en que el neoliberalismo alcanzaba su consolidación, con la presidencia de Reagan y la primera ministra Margaret Thatcher acercándose a su fin. Administraciones explícitamente vinculadas a un conservadurismo político motivado por el anticomunismo, la moral cristiana y un miedo generalizado a las minorías y los migrantes.

Robocop no solamente vislumbró las tendencias fascistas del neoliberalismo, sino también señaló los peligros implícitos en la extensión del capital a nuevas áreas de oportunidad, como la biotecnología. Sobre todo, cuando esta es utilizada para conservar y defender los intereses de las empresas transnacionales, pues ponen en conflicto la privatización con las nociones tradicionales de bienes públicos.

Como ha señalado Wendy Larner, el neoliberalismo puede construirse como una política, una ideología y también un modo de gobierno. Robocop explora esta última posibilidad en su variante totalitaria,a partir de la implementación de nuevas fuerzas biotecnológicas.

Te puede interesar:

Don’t Look Up: los hiperobjetos y la filosofía detrás del fin del mundo

Los origenes del cyberpunk

Cyberpunk y las tres olas del feminismo

El infierno neón: Transhumanismo y Cyberpunk

Children of Men y la distopía del Capitalismo tardío

«Hardware»: el SciFi-horror noventero que se convirtió en una película cyberpunk de culto

Children of Men y la distopía del Capitalismo tardío