En «Razón, locura y sociedad», Armando Suárez menciona que la racionalidad instrumental del capitalismo ha promovido una serie de técnicas y saberes -las llamadas ciencias humanas- para velar, amortiguar, desplazar y ocultar las contradicciones que se encubren y determinan nuestra racionalidad burguesa, privatizándolas en instituciones de marginación, donde se “guarda” a los individuos desvalidos de nuestra sociedad en los que estallan dichas contradicciones de forma perturbadora para el funcionamiento del sistema.

La enfermedad, la locura, la disidencia sexual y la vejez son contingencias límite a las que está expuesto todo ser humano, por su doble condición de ser vivo y sujeto de deseo, el habla y la angustia. Por eso mismo, no necesitamos pensar en utopías que puedan albergar estas manifestaciones de lo humano, sino en identificar las heterotopías, otros espacios y lugares que la sociedad condiciona en sus márgenes, en las zonas vacías que le rodean.

Más que la locura, el tema que le interesa a Foucault es el “enfermo mental”. La persona enferma es la otredad respecto a la persona sana. La enfermedad no pertenece al orden sino al desorden de las cosas.

Para la clínica el enfermo es el objeto transitorio del cual la enfermedad se ha apropiado. Por tanto, debe ser excluido y enrolado en lo indeterminado de lo otro. Así, el “enfermo mental” se debate entre la vida y la nada, entre el existir y la aniquilación simbólica de su existencia.

En su momento, la lepra era una enfermedad moral. El cuerpo del leproso era la evidencia explícita de sus pecados. Durante el renacimiento, el lugar dejado vacío por los leprosos fue ocupado por una masa indiferenciada de individuos que conformaron lo que Foucault denominó la sinrazón: vagabundos, pobres, locos, libertinos, homosexuales, hechiceros y prostitutas. Ellos habitaron el espacio de la exclusión social.

El “enfermo mental” es el que está “del otro lado”, más allá del límite de lo razonable. El límite físico está marcado por lo muros del encierro. Pero estos muros se cimentan en categorías culturales que determinan y condicional nuestra idea de lo racional, la salud y la “normalidad”.