La visión del asesino

“Halloween» (1978) de John Carpenter se llamó originalmente The Babysitter Murders, y su estreno con ese título pasó completamente desapercibido. Posteriormente, Carpenter tomó la decisión de cambiarle el nombre a su película y fue así como “Halloween” se reestrenó el 25 de octubre de 1978, convirtiéndose en una de las películas independientes de serie B más taquilleras de la historia.

Durante su estreno, la película fue señalada de inmoral y faltar a las buenas costumbres. Sobre todo por su extraordinario prólogo, donde la audiencia se posiciona desde el punto del vista del asesino: Michael Myers. Para la crítica, la cámara en primera persona utilizada por Carpenter incitaba a la identificación de la audiencia con el asesino y no con las víctimas. Lo que para muchos fans fue uno de los mejores arranques de una película de terror, para la crítica fue un recurso moralmente irresponsable.

A partir de entonces, la utilización de la cámara subjetiva fue bastante recurrente en el género, sobre todo para mostrarnos de forma puntual cómo el psicópata en turno espía a sus víctimas. Esto ha llevado a muchos a pensar que el uso de la cámara subjetiva en el cine de terror se debe exclusivamente a Carpenter. Sin embargo, esta idea es falsa. Desde sus inicios el cine de terror ha utilizado este recurso para retratar a la audiencia la mirada distorsionada del asesino.

El prólogo con el que inicia “Halloween” no solamente pone al espectador en el lugar del asesino. También es una alusión directa a una de las películas que influenció fuertemente a Carpenter: “Psycho” (1962) de Alfred Hitchcock.

La sexualidad reprimida y violenta con la que Michael ataca a su hermana mientras esta permanece desnuda frente a su espejo guarda claros paralelismos con la manera en que Norman Bates, el asesino de “Psycho” apuñala a Marion Crane en la regadera.

En el cine, la inmersión del espectador en la acción a través de la primera persona empezó a explotarse desde prácticamente sus inicios. ‘Die Symphonie der Großstadt’ (1927) de Walter Ruttmann hace un recorrido maravilloso de Berlín y su día a día: la llegada de la gente a las fábricas, la actividad en la ciudad, la comida y el ocio nocturno. Siempre desde el punto de vista de una cámara-ojo que nunca descansa.

Aunque a partir de “Halloween” el uso de la cámara en primera persona fue más recurrente en las películas de terror. Este recurso ya había sido utilizado también en el mismo año, 1927, por Paul Leni en su película “The Cat and the Canary”. En la película, Leni utiliza la cámara en primera persona para posicionar al espectador desde el punto de vista de un psicópata que acaba de escapar del psiquiátrico y se introduce a escondidas en una casa abandonada. La escena no solamente deja ver el punto de vista subjetivo de quien se introduce a hurtadillas, sino que además está cargada de un fuerte expresionismo y belleza gótica.

En 1960, Michael Powell estrenó su película “Peeping Tom”, un drama centrado en el retrato psicológico de su protagonista, un joven obsesionado por capturar en imágenes el terror de las mujeres al ser asesinadas. En esta película, el espectador no solamente atestigua la muerte desde el punto de vista del asesino, sino de la cámara que este utiliza para grabar a sus víctimas.

Para Martin Scorcese, “Peeping Tom”, junto con 81/2 de Fellini, dice todo lo que puede ser dicho sobre el arte de hacer películas, sobre el proceso de llevarlas a cabo, la objetividad y la subjetividad y la confusión entre ambas.

Mención aparte, “Opera” (1987) de Darío Argento es otro película que ha utilizado magistralmente el recurso de la cámara en primera persona para retratar la subjetividad del asesino. Aunque esta película es posterior a Halloween, no deja de ser curioso que el cine de Argento haya sido también una de las influencias que marcaría notablemente a Carpenter para la creación de “Halloween”.

La metafísica del Slasher

En una entrevista, Carpenter comentó que “Halloween” era su película “a la Argento”. Dejando ver la influencia que el cine giallo tuvo para la creación de su Slasher. Pero además, “Halloween” también reunió otras influencias, por ejemplo, “Black Christmas” (1974) de Bob Clark y “Psycho” (1962) de Alfred Hitchcock.

Las referencias a “Psycho” son más que evidentes, el arma letal que utiliza Myers es un afilado cuchillo, bastante similar al arma con que Norman Bates asesina a Marion Crane. De hecho, el prólogo de “Halloween” puede resultar bastante similar a la icónica escena de “Psycho”. Pero no solo eso, Carpenter incluso utilizó como protagonista de su película a la hija de Janet Leigh (actriz que interpretó a Marion Crane), Jamie Lee Curtis. Y como si eso no fuera suficiente, también utilizó el apellido del amante de Marion (interpretado por John Gavin) para nombrar al psiquiatra que cuida de Myers, Dr. Loomis (Donald Pleasence).

Respecto a “Black Christmas”, el propio Clark cuenta que Carpenter se puso en contacto con él para hacer una secuela de su película y que el argumento que le contó era parecido a lo que luego sería Halloween. Pero la genialidad de Carpenter no consiste únicamente en reunir las influencias de Hitchcock, Clark y Argento, sino en elevarlas a una nueva dimensión metafísica no vista antes en el cine de terror/horror.

Tony Moran appears as psycho killer Michael Myers in a scene from the 1978 motion picture «Halloween» which ranked number one in the Military Times 10 Great Horror Films .(Gannett News Service/Falcon International Productions/File)

A grandes rasgos, se puede decir que “Halloween” repite la premisa fundamental que se encierra en la mayoría de filmes giallo: siniestros asesinos y psicópatas, ocultos entre las sombras, persiguen a indefensas mujeres utilizando cuchillos o armas blancas. La policía investiga el caso, aunque este siempre es “resuelto” por los civiles implicados.

Sin embargo, Michael Myers presenta una naturaleza bastante inusual que no se había visto antes en los filmes de Hitchcock y Clark. Aunque revestido de un cuerpo humano, Myers se asemeja más a una implacable fuerza metafísica sobrenatural.

En los créditos finales de “Halloween”, Michael Myers es referido únicamente como “The Shape”, acompañado de un signo de interrogación. Es decir, Carpenter ni siquiera se refiere a Myers con su nombre humano, sino como lo que es, una incógnita o forma indescifrable. Es precisamente esta ambigüedad en la figura de Myers la que permite relacionar a «Halloween” con la tradición del horror gótico. A diferencia de Norman Bates, el asesino de “Psycho”, quien mata a sus víctimas por un padecimiento psiquiátrico, Myers no parece tener motivo alguno que explique la atrocidad de sus crímenes, ni mucho menos que dé cuenta de su origen y naturaleza.

Siguiendo la clásica distinción entre terror y horror propuesta por Ann Radcliffe, el terror corresponde a todo aquello que puede interpretarse en clave de lo humano. Mientras que el horror comprende aquello cuyo origen no puede comprenderse en términos de lo humanamente posible. En este sentido, Carpenter toma los relatos de terror (asesinos y psicópatas) y los transmuta en algo más, los convierte en una fuerza metafísica imparable que asecha a sus víctimas, las cuales parecen no tener escapatoria.

Al igual que sucede con los relatos góticos, el terror descifrable en clave humana se convierte abruptamente en un horror sobrenatural en el que no importa que tan rápido corras, el monstruo tarde o temprano te alcanzará.

Aunque la ferocidad y violencia de Myers suele interpretarse en términos de una sexualidad reprimida y deseo incumplido. El marco psicoanalítico no parece suficiente para comprender la naturaleza de Myers. De hecho, apelar a cualquier sistema científico racional resulta insuficiente. El propio Dr Loomis, una especie del Van Helsing moderno, expresa más de una vez durante la película que el silencio de Myers y su brutalidad le han llevado a abandonar la seguridad del conocimiento científico y su racionalidad.

La naturaleza asesina de Myers no puede comprenderse desde el punto de vista racional porque su condición no es fenomenológica sino metafísica. Lo que le pone en línea directa con la tradición del relato gótico que diera origen al género del terror/horror. Tratar de explicar la naturaleza de Myers en términos racionales sería un sinsentido y es justamente en este aspecto donde adaptaciones como la de Rob Zombie fallan y se equivocan.

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