“Hardware” se estrenó en 1990, un año antes de que se estrenara la cinta sobre cyborgs más espectacular y exitosa hasta la fecha –Terminator 2–. A diferencia de la millonaria producción de James Cameron, “Hardware” fue una película barata de serie B grabada en un solo set, y con un costo de 1.5 millones de dólares.


Su historia es bastante sencilla: La Tierra es un enorme desierto radioactivo donde la alta tecnología y la chatarra conviven en ciudades abigarradas, rodeadas de eriales producto de la contaminación y la hecatombe social. Moses Baxter (Dylan McDermott) ha estado fuera de casa durante varios meses, para no regresar con las manos vacías decide comprar una cabeza de androide a un carroñero, como regalo para su novia Jill (Stacey Travis). Jill es una artista que se dedica a hacer esculturas metálicas, así que los restos le resultan muy útiles. El problema es que esos restos pertenecen a un M.A.R.K.-13, un modelo de robot militar mortífero, que cuando logra reactivarse atrapa a Jill en su apartamento. El robot mata a todo aquel que entra al departamento, mientras que ella intenta escapar con vida.


A pesar de su escaso presupuesto y limitada distribución, “Hardware” se convirtió en una de las principales películas cyberpunk de culto de los años 90, junto a las dos entregas de Tetsuo, de Shinya Tsukamoto, y a Días extraños (Kathryn Bigelow, 1995). ¿Pero por qué?


“Hardware” es la primera película de Richard Stanley, quien anteriormente había producido videos musicales para Ministry, Iggy Pop, Mötorhead y GWAR. Lo cual permitió dos cosas:

  1. Que la película contará con la participación de Lemmy Kilmister de Mötorhead como el conductor de un taxi acuático y que el mismísimo Iggy Pop prestara su voz para interpretar al DJ radiofónico Angry Bob.
  2. Una hipnotizante estética de videoclip repleta de filtros color naranja, rojo y azul. Y un uso a veces excesivo de imágenes caleidoscópicas que evocan las drogas de diseño.

“Hardware” presenta una peculiar puesta en escena post-industrial que reúne lo mejor del SciFi setentero y ochentero: el basurero desértico de “Mad Max”, la claustrofobia de “Alien” y las influencias del cómic europeo, echando mano de la cultura cyberpunk popularizada por “Blade Runner” y la obra del escritor William Gibson.


Hardware está basada en el cómic SHOK!, dibujado por Kevin O´Neill a partir del guión de Steve McManus.
El androide asesino M.A.R.K.-13 es el T-800 de Terminator reducido a lo esencial. La pesadilla ecológica y la estética oriental provienen de «Blade Runner”, y las escenas del desierto de “Mad Max”. La amalgama disonante entre futurismo y diseño industrial de los años cuarenta recuerda completamente a “Max Headroom”.


Por otra parte, el guión es simple pero efectivo, y está repleto de referencias bíblicas y espirituales. Muy basement dweller y muy yonqui, está plagado también de referencias a la cultura del ácido y las drogas sintéticas. Lo que hace grande a esta película serie B no es la producción ni los efectos especiales, sino la estética, su soundtrack alucinante, y la proyección futurista de la contracultura de los ochenta.

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