Cuando se trata de películas de brujas, “Häxan” es una parada obligatoria. Dirigida por el danés Benjamin Christensen en 1922, “Häxan” es un filme contemporáneo a “Nosferatu» de Mernau y “El gabinete del Dr. Caligari» de Robert Wiene. Sin embargo, la confección de «Häxan» hace de ella un filme bastante singular, pues no se limita al relato de una historia, sino que realiza una lectura histórico-social de la brujería narrada a partir de una serie de mosaicos visuales que dan forma y expresión a una idea: iluminar sobre las causas psicológicas que motivaron los juicios por brujería durante la edad media. Christensen plantea, desde principios de los años veinte, una mancuerna con el psicoanálisis que resultará bastante productiva en la historia venidera del género.

A partir de investigaciones en la literatura ocultista medieval (pues es claro que el Malleus Maleficarum fue un referente para el trabajo de Christensen, así como también La bruja de Jules Michelet) y su imaginario visual demoniaco, “Häxan” pone las bases estéticas que nutrirán expresiones más contemporáneas del cine de horror de directores tan variados y disimiles como Bava, Eggers, Polanski y Rob Zombie.

Aunque “Häxan» no puede ser llamada propiamente una película de horror por cuestiones históricas y formales. Pues es, en algún sentido, más cercana al género documental. Además de que el término “cine de horror”, con el cual se designa hoy a películas que comparten ciertas similitudes en sus convenciones o tramas, no existió sino hasta 1932 para designar a películas como «Drácula» de Tod Browning o «Frankenstein» de James Whale. El filme contribuye, sin duda, a la definición de muchos elementos que actualmente se asumen como constitutivos del género, tales como la tortura y la sexualidad explícita, la brujería, el imaginario demoniaco, el ocultismo, etc. Elementos que podemos encontrar en cintas posteriores como “The Wicker Man” de 1973, “The Witches” de 1966, “The Blood on Satan`s Claw» del 71 y claro, «Midsommar» del 2019, por mencionar solamente algunas.

“Häxan” además ha demostrado ser una película vigente, pues tiene la particularidad de recoger nuestras inquietudes más actuales. Para la crítica de cine Chloé Germaine, el filme de Christensen es un claro ejemplo de lo que Mary Russo denomina como Grotesco Femenino, esto es, la idea de que las mujeres y sus cuerpos, ciertos cuerpos, dentro de determinados contextos, en determinados espacios públicos, resultan siempre transgresores y peligrosos. Las brujas, ya sean feas y viejas, o jóvenes y bellas, rompen con el ideal de feminidad construido desde la masculinidad, en el que se espera que las mujeres sean siempre deseables y su cuerpo se encuentre perpetuamente en disposición para otros, tanto en su aspecto erótico como maternal. Contrariamente, la bruja -con toda su ambigüedad- se coloca en el sospechoso lugar de transgresora. Pensemos, por ejemplo, en nociones como maternidad y feminidad, las cuales han sido tratadas casi en una relación de equivalencia, pues se suele pensar que el cuerpo de la mujer no tiene otro propósito “natural” más que ser madre. Por eso mismo, ninguna afrenta a la sociedad resulta más polémica que el reclamo de las mujeres por el derecho al aborto, pues este reclamo atenta directamente contra el ideal socialmente establecido de la maternidad como una obligación biológica y moral. La bruja es entonces, una respuesta potente a este ideal impuesto de maternidad, pues no solamente inventa remedios abortivos para las jóvenes, sino que además devora y da muerte a los infantes en terribles rituales ocultistas.

Pero la bruja no solamente transgrede el estatus quo a partir de actos como éste, también hace de su cuerpo un elemento transgresor. Su corporalidad maltrecha y grotesca resulta una abyección para los cánones estéticos clásicos de representación construidos desde la masculinidad. El abandono o alejamiento de estos cánones puede llegar a provocar en las mujeres sentimientos de culpa, vergüenza y auto-rechazo. La bruja, con su «feminidad grotesca», provoca una ruptura con las visiones que ordinariamente se tienen de la belleza, el cuerpo y la feminidad.

No obstante, la imagen de la bruja está atravesada por una fuerte ambigüedad, pues así como es disruptiva también puede ser el pretexto ideal para la propagación de ideas misóginas, como atribuir la maldad femenina a una naturaleza primitiva e incontrolada. El grotesco femenino puede fracturar los roles de género y empoderar a la mujer mediante la transgresión. Pero los cuerpos grotescos también pueden ayudar a reafirmar los estereotipos, por lo que siempre hay una reincorporación de lo transgredido dentro de la norma. En este sentido “Häxan”, así como empodera a la mujer mediante el espectáculo goyesco de la brujería y el Sabbath, también contribuye a la reafirmación de los estereotipos modernos anclados en la más profunda misoginia, como por ejemplo, atribuir todos los infortunios de la mujer a una patología como la histeria.

Durante y después de su estreno, Haxan no gozó de buena fama, siendo censurada en Alemania, Estados Unidos y Francia bajo acusaciones de obscenidad, tortura, sexo, desnudos y anticlericalismo. Lo que provocó que la película quedará enlatada y en el olvido por muchos años. Hasta que en 1968, el escritor William Burroghs promovió la re-proyección de “Häxan” acompañada de una orquesta de Jazz. Ayudó mucho que por estos mismos años la imagen de la bruja era más aceptada por la cultura Mainstream. Pues una vez despojada del clericalismo medieval, varios movimientos feministas reivindicaron la imagen de la bruja como una mujer sabia y poderosa que puso de cabeza el orden patriarcal de la iglesia católica y protestante. En el cine hubieron varias cintas que pavimentaron -por decirlo de alguna manera- el camino para la nueva recepción de “Häxan”. “Black Sunday” y “Black Sabbath” de Mario Bava, así como “Los largos cabellos de la muerte” de Antonio Margherritte, hicieron de la brujería un tema explícito dentro del género y la cultura, retratando el folclor gótico europeo, el satanismo y el ocultismo. Esto provocó que la sociedad de finales de los años sensenta fuera más receptiva al filme de Benjamin Christensen.

2020 es una buena oportunidad para revisitar este extraordinario filme. Feliz noche a todas las brujas.

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