El calentamiento global no existe…al menos no como lo hacen las mesas y las sillas. La emergencia ecológica reclama nuevas categorías para la comprensión de fenómenos naturales masivos como el calentamiento climático, los yacimientos de litio y la escasez de agua. Según los antropólogos del futuro, el desequilibrio climático no permitirá la creación de jardines al aire libre, en su lugar habrán huertos interiores urbanos que además serán necesarios si se tiene en cuenta la inseguridad alimentaria.

Pensar en el calentamiento global y otros problemas ecológicos es urgente, pero no podemos hacerlo desde nuestros supuestos filosóficos y científicos tradicionales. Nuevas nociones y categorías, son necesarias. De la mano de los mitos lovecraftianos y la nueva ontología orientada a objetos (OOO), Timothy Morton acuñó el término «hiperobjeto» para referirse a las cosas que se distribuyen masivamente en tiempo y espacio en relación con los humanos. Un agujero negro, las reservas petroleras, el calentamiento global, la biósfera o el sistema solar, son hiperobjetos.

A la sombra abrumadora de esta nueva categoría objetual se presentan numerosos paliativos para los males de la modernidad: el individualismo, el nacionalismo, el antiintelectualismo, el racismo, la discriminación por especies, el antropocentrismo y el Capitaloceno. Los hiperobjetos son el camino para pensar lo NO-HUMANO y darnos cuenta que el fin del mundo no está por venir. EL FIN DEL MUNDO YA ESTÁ OCURRIENDO.

Cthulhu es la deidad cósmica que reposa en el interior de la ciudad sumergida de R’lyeh, su existencia se manifiesta al margen de la geometría euclidiana, los espacios gaussianos y los límites del intelecto humano. Cthulhu representa la Otredad Absoluta, la manifestación innegable de lo no-humano, de una realidad antigua y ancestral que yace oculta, y que nos demuestra que los humanos no están totalmente a cargo de asignar sentido y valor a los acontecimientos que pueden medirse en términos estadísticos.

Al igual que los dioses primigenios lovecraftianos, los hiperobjetos existen, aunque no podamos señalarlos directamente. Están entre nosotros, aunque excedan la totalidad que habitamos. Y van a sobrevivirnos, aunque intentemos siempre medir la realidad a través de la perspectiva humana, su ciencia y su lenguaje. Los hiperobjetos existen más allá de cualquier parámetro estadístico, cuántico o ciclos vitales dimensionables.

El gran hiperobjeto por definición es el calentamiento global. Cuando giro la llave que hace arrancar a mi auto, me implico en el calentamiento global. Y el acto de accionar esa llave es resultado de una serie de decisiones éticas, filosóficas e ideológicas, respecto a la realidad, el medioambiente, los objetos, el movimiento, el espacio y el tiempo. Esto significa que cada decisión que tomamos está, en cierta medida, relacionada con los hiper­objetos.

La filosofía contemporánea ha convocado a entidades similares a Cthulhu en el espacio social, psíquico y filosófico. La obsesión filosófica contemporánea con lo monstruoso proporciona una salida refrescante de los pensamientos a escala humana (la humanidad no es la medida de todas las cosas). Es extremadamente saludable saber no sólo que hay seres monstruosos, sino que hay seres que no son puramente pensables, cuyo ser no está directamente correlacionado con cualquier tipo de pensamiento. Para pensar el mundo también es necesario pensar lo no-humano.

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