A pesar de los aumentos en el número de divorcios y el abuso físico y mental, la familia todavía se mantiene como la institución dominante y fundamental de la sociedad en occidente.

El papel fundante que tiene la familia en cualquier sociedad es innegable: condiciona y determina la formación psíquica y social de sus miembros. Dada su complejidad, estos condicionamientos heredados en el núcleo familiar pueden tener un valor negativo o positivo, según circunstancias particulares.

Tony Williams escribe en su libro “Hearths of Darkness: The Family in the American Horror Film” que la familia representa el pilar institucional del capitalismo burgués, que produce sujetos colonizados y reproduce valores ideológicos. En este sentido, la familia puede ser sumamente peligrosa. Además, la cercanía en la que viven los miembros que conforman una familia, les vuelve susceptibles a la influencia, deformación y destrucción mutua. Por ello resulta lógico que la familia se convierta en el escenario de muchos relatos oscuros.

La visión monstruosa y violenta que el terror proyecta sobre el núcleo familiar, despierta importantes cuestionamientos respecto a la función de la familia como institución formadora y central de la sociedad. Abriendo la posibilidad de que la familia sea una mentira más entre todas las que nos hemos contado y normalizado, como el Capitalismo, la religión, los géneros, la patria, etc.

Carolyn Jones (C, sitting) and John Astin (L), with other cast members, during scene from program «The Addams Family.»

El cuestionamiento de la familia no es exclusivo del horror, a lo largo de la historia su preeminencia ha sido puesta en entredicho. Por ejemplo, el filósofo chino K’ang You-wei vislumbra un futuro utópico sin familias, donde no habrá maridos ni esposas, y por tanto, no habrá peleas por el deseo sexual, ni disposiciones contra la inmoralidad sexual, ni regulaciones represivas para soportar agravios, resentimiento u odio, divorcios, miserias de castigo y asesinato. No habrá relaciones familiares, y tampoco necesidad de apoyar a los miembros de la familia. No habrá obligación de hacer lo correcto, ni disputas sobre acciones de propiedad. No habrá nobleza, ni dependencia de la intimidación o la coacción, no habrá opresión, no habrá aferramiento, no habrá intriga por posición, no habrá halagos. No habrá propiedad privada. No habrá división de clases, no habrá maltrato ni leyes opresivas, ni su violación y oposición. Al menos desde el punto de vista de K’ang You-wei, la familia también puede ser el origen del mal para la sociedad y el individuo, como ocurre en las narrativas de terror.

Desde los años setenta, el cine de terror está repleto de espejos monstruosos de la familia tradicional, donde el mal no es una fuerza externa, sino una amenaza que se cierne desde dentro. Sin duda, el ejemplo más inmediato es “La Masacre de Texas” de Tobe Hooper. En toda su gloria caníbal y asesina, “La masacre de Texas” retrata a una familia patriarcal de retorcidos marginados que intenta sobrevivir de la única manera en que sabe hacerlo, en uno de los estados mas conservadores de los Estados Unidos.

Películas más contemporáneas como «Middsomar» de Ari Aster retratan también el infierno que es vivir en el seno familiar. La película inicia de noche, mostrando el suicidio de la hermana y padres de Dani (Florance Pugh). En lo que pareciera ser un trayecto de sanación y encuentro consigo misma, Dani es cobijada por una nueva familia cuyos terrores no solo se viven de noche, sino también de día. La luminosidad y belleza de su nueva familia es aparente, pues esconde un sistema de creencias donde los horrores de la pureza racial y selección genética se disfrazan de misticismo y folclor nórdico. «Midsommar» nos muestra que la familia es un infierno sin salida, sea biológica o adoptiva.

El conjunto de transformaciones que ha experimentado la familia en el mundo occidental constituye una de las manifestaciones más importantes del cambio social contemporáneo. En pocas décadas, el modelo de familia afianzado en la inmediata posguerra, ampliamente difundido bajo el rótulo de “familia nuclear”, fue cediendo espacio a una creciente diversidad de formas y estilos de vida familiares. Al lado de la familia nuclear “tradicional”, comenzaron a cobrar relevancia numérica y social, las familias monoparentales y las familias “reconstituidas o ensambladas”.

El cine de terror refleja una visión monstruosa, sanguinaria y violenta de lo que las personas ven como una parte de la existencia diaria. El capitalismo, el género, la naturaleza y la religión se han utilizado como materia para el horror. En este sentido, el espacio doméstico (ya sea tradicional o transformado) no ha sido la excepción. Películas como “Night of the Living Dead”; “The RoseMary’s Baby”; “The Omen”; “God Told Me To”;” It’s Alive”; “The Last House on the Left”; “The Hills Have Eyes». O menos conocidas como “Grave of the Vampire”; “Jack’s Wife»; “Martin”; “Alice, Sweet Alice”; “Flowers in the Attic” y “Manhunter”, han retratado a la familia como origen del mal en la sociedad.

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