El observatorio de la Real Academia Española acoge y analiza todas aquellas palabras que no aparecen en el diccionario pero que son utilizadas en determinados contextos. Y si bien es cierto que la presencia de ciertas palabras en el Observatorio no implica que la REA acepte su uso, se trata de neologismos, extranjerismos, tecnicismos o regionalismos que podrían, algún día, ser aceptadas oficialmente.

En este contexto, la RAE ha incorporado a su Observatorio el pronombre “elle”, el cual es un recurso creado y promovido en determinados ámbitos para aludir a quienes no puedan sentirse identificados con ninguno los dos géneros tradicionalmente existentes.

Por ejemplo, hasta ahora en la gramática se ha utilizado el género masculino como género inespecífico y totalizador. Por lo que asumimos que es correcto decir “Todos” para referirnos tanto a hombres, mujeres y personas no binarias. Sin embargo, el género masculino, como género totalizador, no es representativo de la diversidad que existe en la realidad. Lo mismo sucede con el pronombre “Ellos”, el cual utilizamos para señalar, por igual, tanto a hombres como a mujeres y personas no binarias.

En la normatividad lingüística pasa algo muy curioso: existe una fuerte relación de equilibrio y ajuste entre prácticas y reglas. Es decir, la normatividad lingüística es emergente, lo que significa que siempre está surgiendo de las prácticas y cambia en la medida que se modifican los usos lingüísticos que los hablantes desarrollan siguiendo sus propias intuiciones semánticas dentro de situaciones reales. Por este motivo, las reglas de la lingüística siempre están en constante revisión, por lo que algunas veces se mantienen, otras se modifican e incluso algunas otras se abandonan, siempre a partir de los cambios en el uso que los hablantes hacen del lenguaje.

De este fenómeno lingüístico han dado cuenta filósofos como Ludwig Wittgenstein, para quien el lenguaje y sus significados se encuentran estrechamente vinculados a su uso dentro de contextos prácticos específicos. De la misma manera, lógicos como Nelson Goodman han señalado el carácter emergente no solo de la normatividad lingüística sino de la normatividad en general, incluso la lógica.

Todo esto nos enseña una cosa: el lenguaje y sus reglas no son prescripciones inamovibles, siempre están cambiando. Así que si eres un “purista” del lenguaje, basta con que veas la historia de nuestras prácticas lingüísticas para darte cuenta que estás enteramente equivocado.

Por este motivo, el Observatorio también acoge el uso de nuevas palabras como «transfobia», «bot», «porfa», «videollamada», «influencer», «loguear», “cuarentenar”, ”ciberataque» y “cruzazulear”. Aunque en su presentación, la RAE aclara que la información sobre estos conceptos es provisional, “pues no está contemplada aún en las obras académicas, por lo que puede verse modificada en el futuro”.

La diferencia entre la incorporación de estas nuevas palabras y el pronombre “elle” (y lo que posiblemente impida la pronta incorporación de este pronombre oficialmente), es que “elle” no implica solamente un cambio a nivel léxico, sino a nivel gramatical. Es decir, incorporar el pronombre “elle” en nuestro lenguaje implica un cambio profundo en la manera en cómo se estructura la lengua, lo que vuelve más complicada su incorporación dentro de la normativa oficial, pero no imposible.

De cualquier modo, el lenguaje inclusivo ya está en uso. Así que «todes» esperamos la pronta incorporación de este tipo de lenguaje en la academia y en nuestras consciencias sociolingüísticas.