La obra de ficción, Altered Carbon, escrita por Richard K. Morgan, explora el supuesto tecnocientífico en el que es posible prescindir de las limitaciones del cuerpo, como la muerte y la enfermedad a partir de la descarga y almacenamiento de la conciencia, y su posterior transferencia en cuerpos biológicos o mecánicos.


Desde hace mucho tiempo el cuerpo y su materialidad han sido vistos como los lugares en los que se atrinchera la degradación, la opresión y otros mecanismos de control, mientras que la mente suele verse como el último reducto de libertad y de conquista. Pero imagina que tuviéramos la capacidad de resguardar y almacenar la mente de las personas para descargarla en otro cuerpo humano o robótico, tal y como sucede en Altered Carbon.


Lo que parece un argumento de ficción no está nada alejado de los deseos e intentos por alcanzar la inmortalidad en la vida “real”. La Iniciativa 2045 del empresario ruso Dimitry Itskov, busca superar la mortalidad humana mediante la descarga digital de la mente dentro de un portador no biológico, logrando prescindir del cuerpo y con él de sus carencias y defectos.


Itskov lleva años agrupando a científicos que estén dispuestos a trabajar con él en esta iniciativa, la cual consta de cuatro partes:


En la primera etapa, que comprende los años 2015 hasta 2020, la Iniciativa 2045 desarrolló un cuerpo robótico similar al cuerpo humano que puede ser controlado remotamente.

En la segunda etapa, llamada «Avatar B», se intentará desarrollar un cuerpo robótico controlado por una interfaz cerebro- máquina. La fecha límite para lograrlo es 2025.


El tercer paso se llama ‘Avatar C’, y en él los científicos intentarán trasplantar el cerebro de un humano dentro de un cuerpo robótico.


Finalmente, la cuarta fase comenzaría en 2035 y llevaría por nombre ‘Avatar D’. En esta fase, los científicos introducirían la personalidad y experiencias de un humano en un cuerpo y cerebros artificiales, logrando así la creación del cyborg definitivo. Lo cual debería lograrse para el año 2045.


Dimitry busca realizar fácticamente el sueño de los transhumanistas, quienes piensan que la aplicación de la ciencia y la tecnología nos permitirá superar los límites impuestos por nuestra herencia biológica y genética, concibiendo la naturaleza humana no como un fin en sí mismo, sino como un estadio más dentro de un largo camino evolutivo, el cual podemos aprender a controlar para dirigirlo a un estado de bienestar.


Pero aun existe una gran interrogante: ¿cómo codificar la conciencia humana? Al día de hoy parece no existir la tecnología que pueda desentrañar tan amplia y profunda empresa, pues se desconoce cómo el cerebro genera el pensamiento, la conciencia, la memoria. Los intentos por reducir el pensamiento y las emociones a estados fisiológicos no han sido del todo exitosos. Lo que nos haría suponer que el objetivo de Itskov resulta poco menos que imposible con el estado de la ciencia actual.

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