En estos días ha trascendido el pleito laboral entre John Ackerman y Sabina Berman. Ambos conducen el programa de televisión John y Sabina, en Canal Once. El problema laboral ha tomado tintes de género debido a la actitud del conductor en su último programa. En éste se le ve ignorar completamente a la conductora, la cual ha señalado en sus redes sociales la actitud acosadora y misógina del conductor, John Ackerman.

Si no te sabes el chisme, acá te lo dejamos:

Como se ve en los videos, Ackerman ignora por completo la pregunta de Sabina, a pesar de que ésta asume una actitud conciliadora. En lo que resta del programa, Sabina Berman intervino pocas veces y al final Ackerman se despide del público y su invitado, pero en ningún momento permite que la conductora haga lo mismo.

¿Es esto una actitud machista? ¿O solamente un desencuentro entre pares?

Según Marcela Lagarde, la violencia de género incluye muchos tipos de conducta, como la agresión física, psicológica, sexual, patrimonial, económica o feminicida, dirigida contra las mujeres por el hecho de serlo. Es un tipo de violencia que se produce en un esquema de poderes desiguales, que busca someter y controlar a las mujeres (y a las niñas), que las daña, lesiona y transgrede sus derechos.

La conducta de Ackerman durante el programa parece replicar ciertos modelos patriarcales en los que se naturalizan jerarquías y se designa al hombre como sujeto de poder y autoridad, y a la mujer como una subrogada. Desde programas anteriores se puede ver que es Ackerman quien decide cuándo dar la palabra a la conductora, interrumpiendo y cambiando la conversación según sus propios intereses. Es decir, la paridad no es una constante en el programa de John y Sabina.

Esta cuestión puede ser un asunto de contrato, puede ser el caso que en el contrato que ambos firmaron se estipule que John Ackerman debe ser quien guía y dispone a voluntad de la conversación. No obstante, Sabina Berman alega que en dicho contrato se señala claramente una co-conducción.

El peor error de Ackerman fue ignorar la pregunta de Berman, pues con ello la invisibiliza, niega de alguna manera su existencia y la relevancia de su pregunta. La cual, por cierto, cuestionaba acerca de lo ocurrido en Cancún la noche anterior. Si Ackerman tuviera un buen olfato periodístico, se habría percatado que en la pregunta de Sabina había un interesante tema de discusión, pues su invitado era Estaban Moctezuma, el secretario de educación. No olvidemos que muchos de los videos en los que se registraron la violencia ejercida por parte de policías de Cancún en contra de manifestantes, fueron grabados por un maestro que asistió y acompañó a sus alumnas a la manifestación, pues Alexis, la joven desaparecida y cuyo cuerpo fue encontrado el fin de semana, había sido su alumna. Ackerman dejó ir la oportunidad de hablar acerca del magisterio, los maestros y la lucha por los derechos de las mujeres. Un tema mucho más interesante que la pregunta simplona que terminó haciendo a Moctezuma.

Te puede interesar: #QuintanaRooFeminicida: ¿Se justifica una manifestación feminista en un estado donde solo hay 12 feminicidios registrados?

En lo que resta del programa, Sabina Berman interviene unas tres o cuatro veces más, siendo John el que tiene un mayor número de intervenciones. Al terminar el programa, el conductor despide a su invitado y pronuncia unas palabras de cierre, sin permitir que Sabina se despida. Es decir, la vuelve a invisibilizar por segunda vez.

En algún momento de la entrevista, Sabina externa su incomodidad y acusa las conductas machistas de su compañero conductor. A lo que el propio Ackerman responde que los micrófonos del programa siempre están abiertos, lo que constituye una clara estrategia de manipulación de la percepción. Es decir, Ackerman busca generar la idea de que ambos están en una condición de igualdad, lo cuál claramente es falso. Pues aunque Sabina tenga el micrófono abierto, John no está dispuesto a escucharla. Y lo que es peor, al ignorarla a ella y a su pregunta, también ignora una cuestión importantísima: la agresión policial a las manifestantes en Cancún.

Hasta ahora, Ackerman sigue ignorando e invizibilizando el problema con Sabina. Pues no se ha pronunciado al respecto en redes. Por el contrario, ha promocionado su programa sin hacer siquiera una mención al asunto y sigue tuiteando desde la cuenta del programa. Como si Sabina y la disputa con ella no existieran. Puede ser que Ackerman no agrediera ni física ni verbalmente a Sabina, pero con sus acciones también ejerció violencia y repitió claros patrones patriarcales.

Cuando tuvieron de invitada a Rita Segato, conocida intelectual feminista, Ackerman preguntó por el papel de los hombres en la lucha contra la violencia de género, pues él está deseoso -según sus propias palabras- de contribuir a la causa feminista, ya que tiene una esposa exitosa e hijas. La respuesta de Rita fue bastante clara: “la lucha por la violencia de género es un trabajo que se tiene que hacer desde dentro de la masculinidad y no es que los hombres deban ayudar al movimiento feminista, eso no es necesario. Por el contrario, es el feminismo quien está ayudando a los hombres para romper con un mandato de masculinidad opresivo”.

Decir que los hombres son feministas por el simple hecho de tener hermanas, hijas o esposas es un argumento bastante erróneo, pues hasta el más brutal de los feminicidas también tuvo madre y hermanas. Decir que basta con tener hermanas y madre, es como decir que basta tener los micrófonos abiertos, aunque se decida -por voluntad- invisibilizar a tu compañera de trabajo.

Se puede cuestionar, y con justa razón, el feminismo de Sabina Berman, se le puede señalar, quizá, de feminismo burgués. Pero también es cierto que Ackerman debería escuchar las palabras de Segato, y despojarse de ese modelo de masculinidad opresora que le obliga a no retractarse, a no aceptar su equivocación y pedir disculpas.

La televisión mexicana es machista, eso no se duda. Y los voceros del gobierno que participan en ella retratan una izquierda que no tiene a la agenda feminista como una de sus prioridades, por el contrario, desde su perspectiva, el movimiento feminista es un obstáculo, un enemigo que debe ser desenmascarado. Una izquierda que descalifica los movimientos feministas asegurando que son fraguados desde la trinchera enemiga, y que por tanto son ilegítimos. Una izquierda que no atiende las demandas de las mujeres, pero que, en cambio, condena y desprecia.

La televisión pública sigue siendo vista como una herramienta propagandística en la que los apologetas del gobierno tienen un sitio de privilegio y poder. Y si bien es cierto que cualquiera puede incurrir en un comportamiento machista, sea mujer, hombre o persona trans. Es sumamente urgente librarnos de estos atavismos y reconocer cuando hemos incurrido en alguna acción de este tipo.

Fue en el 2018 cuando Andrés Manuel López Obrador nos ofreció una televisión pública similar a la BBC de Londres, pero en su lugar nos entregó a John Ackerman, quien por cierto, según él mismo afirma, se negó rotundamente a entrevistar a Calderón o a Krauze en su programa, y en su lugar decidió llevar a Noroña. Claramente a Ackerman no le mueve la inquietud periodística, sino la apología y la propaganda. Y esto no es un asunto que únicamente competa a Ackerman, pues existe también un equipo de producción y edición de Canal Once que avaló la conducta de John y que, además, hasta ahora no se ha pronunciado públicamente.