Foto tomada de redes sociales
Foto tomada de redes sociales

Mientras algunas personas ven las marchas o las manifestaciones feministas como algo violento o incluso peligro, el sentirse rodeada de una ola de miles de mujeres, que te llevan, te aprietan y gritan junto a ti, te llena de seguridad, de apoyo y de un amor incondicional, que se une al orgullo que te da voltear a los lados y ver mares de mujeres unidas por una misma causa, que te miran con una sonrisa sin siquiera conocerte.

Entre todo este mar de mujeres, los sentimientos se encuentran, ahí te sientes apoyada, querida y sin miedo a nada, pero recordando el dolor de la razón por la que estás ahí, las muertes, las desapariciones, las violaciones y el acoso por el que gritas, por el que te manifiestas, hoy y todos los días.

Nos unimos por algo que no debería pasar, porque no deberíamos ser valientes, no deberíamos tener que gritar que nos respeten, que no nos violen, que nos no nos maten o nos desaparezcan, porque deberíamos salir a la calle sin tener miedo de no regresar, sin la angustia de esperar el mensaje de tu amiga, hermana, prima, de que está a salvo en su casa.

Porque no deberíamos ser objetivadas, menospreciadas o denigradas, vistas como un simple objeto sexual, como un producto, porque un no es un no y yo decido sobre mi cuerpo, porque puta no debería ser una forma para referirse a nadie, porque mi ropa, mi aspecto y mi pensamiento solamente me concierne a mí.

Porque no nos van a callar y si yo no estoy el próximo año, ellas van a gritar por mí, van a escribir mi nombre en las paredes, me van a recordar y lo van a destruir todo por mí.

Juntas, libres y sin miedo.