Lenguaje inclusivo, ética

Hace algún tiempo hablamos de la posible inclusión del pronombre “elle” en la Real Academia de la Lengua Española. Inclusión que no ocurrió, pero afortunadamente el lenguaje se gesta en la calle y no en los diccionarios. Por lo que la lucha por un lenguaje inclusivo no termina con la negativa de la RAE.

En ese momento comentábamos que en la gramática se ha utilizado el género masculino como género inespecífico y totalizador. Por lo que asumimos que es correcto decir “Todos” para referirnos tanto a hombres, mujeres y personas no binarias. Sin embargo, el género masculino, como género totalizador, no es representativo de la diversidad que existe en la realidad.

Te puede interesar: Inclusión para TODES: la RAE incorpora el pronombre “elle” y la palabra “transfobia” en su Observatorio de palabras

Y reparábamos en la curiosa naturaleza de la normatividad lingüística, en la cual existe una fuerte relación de equilibrio y ajuste entre prácticas y reglas. Es decir, la normatividad lingüística es emergente, lo que significa que siempre está surgiendo de las prácticas y cambia en la medida que se modifican los usos lingüísticos que los hablantes desarrollan siguiendo sus propias intuiciones semánticas dentro de situaciones reales. Por este motivo, las reglas de la lingüística siempre están en constante revisión, por lo que algunas veces se mantienen, otras se modifican e incluso algunas otras se abandonan, siempre a partir de los cambios en el uso que los hablantes hacen del lenguaje.

Mencionamos que esto no era una invensión de los progresistas que buscan la inclusión, sino que es una concepción de la normatividad que puede ser rastreada en el pensamiento de filósofos como Wittgenstein y Nelson Goodman. Por lo que el lenguaje y sus reglas no son prescripciones inamovibles, sino que siempre están cambiando. Basta con que veas la historia de nuestras prácticas lingüísticas para darte cuenta que tan equivocados están los “puristas” del lenguaje que alegan la ruina del español con la introducción del lenguaje inclusivo.

Hoy añadimos un elemento más en este breve análisis. La Dra. Paulina Rivero Weber, filósofa mexicana, publicó en su columna de Milenio la necesidad de pensar el lenguaje inclusivo desde un punto de vista ético y no solamente gramatical. Rivero Weber parte su análisis desde el enunciamiento de una situación histórica en la que la mujer poco a poco comienza a participar en un mundo que por siglos le fue vedado. No obstante, “encontró que el lenguaje no hablaba de ella, sino de ellos”.

A lo que se pregunta: “¿No cree usted que ya es hora de nombrarnos? A las mujeres, no a las cosas. Las ollas son ollas y no ollos: los coches son coches y no cochas. Pero las mujeres somos humanas: no humanos”, afirma Rivero Weber. Si a esas vamos, pensaran algunos, deberíamos modificar también palabras como “colegos”, “pediatro”, “cineasto”, “terapeuto”, “taxisto” …digo, para ser “verdaderamente” inclusivos. Pero lo que este pensamiento absurdo no toma en cuenta es la relación asimétrica que históricamente existe entre hombres y mujeres: “porque los hombres no han vivido el problema genérico de la invisibilidad. El hombre no requiere ser visto ni incluido: lo es y lo ha sido por siglos”.

La urgencia ética del lenguaje inclusivo es meritoria en tanto “el lenguaje no inclusivo le da el espaldarazo a la exclusión”, es decir: “Si la exclusión no fuera sistemática y real, si no apoyara la violencia y abuso aun sin pretenderlo, quizá podríamos pasar por alto el lenguaje [pero], aquí estamos hablando de ética: no de gramática. De modo que tomémonos nuestro tiempo y escribamos: ellas y ellos; niñas y niños; mujeres y hombres. Créame que vale la pena dejar de apuntalar la invisibilidad de la mujer y cualquier forma de ser y hablar que coadyuve a la violencia».

Te puede interesar:

Elliot Page, actor de «Juno» y «The Umbrella Academy», anuncia su nueva identidad de género

¿Es Rugrats una caricatura femimarxista? Este hilo de Twitter te explica porqué

Invisibilizar también es violencia: Ackerman y el machismo de izquierda