Hace un par de días cayó sobre Madrid una histórica nevada, la mayor en siete décadas. Las escuelas, los tribunales y las calles se encuentran bloqueadas y no se ve en el panorama una salida pronta.

Bautizado como “Filomena”, este temporal ha provocado fuertes lluvias en otras regiones de España y también varias afectaciones y muertos. Sin embargo, como vivimos en una época de suspicacia y delirios de conspiración (así como también de mucha estupidez), no faltaron los “negacionistas” que atribuyeron a la nevada un origen fantástico, corporativista y capitalista.

En un video se puede ver y escuchar a una mujer que trata de prender fuego a una bola de nieve, argumentando que lo que cayó sobre Madrid no fue nieve de verdad, sino plástico:  «Por mucho que yo le ponga el fuego, se queda negro. El olor es a plástico quemado. […] Debería caer agua y deshacerse. Es obvio que con el fuego se tiene que deshacer. […] Esto es una mierda que nos mandan, es puro plástico».

En otro video también se puede ver a una mujer tratando de quemar una bola de nieve y aunque no afirma nada, deja el video como «evidencia» de su teoría conspirativa.

¿Pero qué sucede realmente? ¿Por qué la nieve no se derrite con el fuego? Cuando aplicamos la llama a la nieve ésta no se derrite, sino que se sublima, es decir, pasa directamente a estado gaseoso. El color negro es porque el combustible del mechero no termina de quemarse por completo y deja restos en la nieve, de ahí el olor a plástico quemado.

Por otra parte, las teorías de la conspiración ofrecen a las personas un contrapeso psicológico, una sensación de control a partir de una narrativa interna con la que pretenden encontrarle sentido a un mundo que parece no tenerlo.

En un estudio titulado “Looking Under the Tinfoil Hat” y publicado en línea por el Journal of Personality, se afirma que entre los rasgos de personalidad relacionados con las creencias conspirativas se encuentran: la presuntuosidad, la impulsividad egocéntrica, la ausencia de compasión, y los niveles elevados de estados depresivos y ansiedad. Otro rasgo presente en las personas que comparten las teorías conspirativas también es el llamado “psicoticismo”. Éste es un rasgo del trastorno esquizotípico de la personalidad, que se caracteriza en parte por “creencias extrañas y pensamiento mágico” e “ideas paranoicas”. Estos rasgos pueden acentuarse cuando las personas están consternadas debido a alguna situación estresante y extraordinaria, como una pandemia o una inesperada nevada.

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