Para Paul Ricoeur hay tres autores que pueden englobarse en la denominada “escuela de la sospecha”. Tres autores que se caracterizan por tener una actitud de sospecha frente a lo establecido: Marx, Freud y Nietzsche.

Estos tres autores comparten una idea común: lo que aparece ante nuestros ojos, lo que se manifiesta en el mundo, no es “lo real”. Debajo de esas apariencias existe una subtrama que condiciona y posibilita lo percibido. Para Freud, la conducta manifiesta es solamente la apariencia provocada por una serie de pulsiones escondidas en el inconsciente. Para Nietzsche, el mundo es la representación de una voluntad de poder. Y para Marx, la realidad que se nos presenta es una realidad aparente, armada con el objetivo de ocultar su verdadera trama: El Capital. Para salir de esta falsa apariencia capitalista solamente existe una vía, la revolución.

Matrix, de las hermanas Wachowski es, sin duda, una película que explota la premisa de la sospecha. Y en alguna otra ocasión hemos abordado esta cinta desde una lectura epistemológica, recuperando los argumentos escépticos de Descartes y Putnam. Pero Matrix, próxima al estreno de su cuarta entrega, también es un relato de rebeldía y revolución contra el orden impuesto por el tecno-capitalismo. O al menos eso parecía al principio…

Según el artículo “Matrix y Neo: un metarrelato del sujeto histórico y su relación con el gran otro lacaniano”, Matrix puede interpretarse como una metáfora de la lucha del sujeto histórico que toma conciencia de su condición de explotado y que se “rebela” contra el sistema ideológico opresor del tecno-capital. Sin embargo, el sujeto histórico que presenta Matrix no termina por revertir el sistema que le oprime, sino que, mediante un pacto social con el mismo sistema, da fin al proceso de “revolución”.

Neo (Keanu Reeves) es el sujeto histórico que adquiere consciencia de su explotación o alienación. Gracias a la intervención de un grupo antisistema (Morfeo, Trinity y compañía), Neo comienza a percibir fallos y grietas en la construcción ideológica y “real” de la Matrix. A cobijo de un discurso mesiánico, Neo comienza un movimiento revolucionario para liberarse de la máquina de control omnipotente que es la Matrix. No se trata de una mera lucha futurista contra las máquinas, sino del sujeto histórico oprimido que cobra consciencia y se rebela contra el tecno-capitalismo.

En un proceso dialéctico, no podemos concebir un héroe sin su némesis antagónica: El Agente Smith, un virus con rostro humano creado por el propio sistema para combatir los intentos de rebelión. Smith resulta fácilmente identificable con el fascismo histórico, pues constituye un grupo homogéneo, despersonalizado y violento, que es concebido desde dentro del sistema tecno-capitalista para aniquilar la acumulación de poder del movimiento (obrero) insurgente.

Sin embargo, en la tercera entrega: “Matrix Revolutions”, la saga deja de lado todas sus aspiraciones rupturistas y culmina con la aceptación de una Matrix reformada. Neo, el Oráculo y el Arquitecto, sellan un nuevo pacto social que ofrece una tregua temporal, cerrando la puerta a la Revolución. Reflejando, quizá, la incapacidad de las izquierdas para cumplir con su función histórica, y el pesimismo thatcheriano en el que se afirma la imposibilidad de una alternativa al sistema capitalista.

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