Midsommar- Ultraderecha

La lectura política de Midsommar es bastante polémica. En países angloparlantes el debate va desde el significado de las runas utilizadas en la película (recogidas por grupos de ultraderecha), su código de colores y el retrato cínico de las sociedades blancas. En la superficie, Midsommar parecería retratar un drama familiar enmarcado en el horror: la oscuridad de la primera escena en la que se muestra el suicidio de la hermana y padres de Dani (Florance Pugh), contrasta con la luminosa escena final en la que Dani es cobijada por una nueva familia. Sin embargo, la luminosidad y belleza de esta nueva familia esconde un sistema de creencias donde los horrores de la exclusión y segregación se disfrazan de misticismo y folclor nórdico.

Cuando nos preguntamos por las características que definen a los Hårga (comunidad a la que llega Dani), resulta casi inevitable que la discusión se torne política, pues los Hårga comparten varios rasgos con las sociedades ultraderechistas contemporáneas. Parecerá exagerado, pero no lo es tanto si tenemos en cuenta la nueva imagen que proyecta la ultraderecha en los países europeos.

Los ultraderechistas ya no llevan la cabeza rapada, las botas y la chamarra de cuero. La nueva cara de la derecha extrema está encabezada por jóvenes universitarios que visten caquis y polos. En países como Suecia, Holanda y Alemania, la ultraderecha hace un gran uso de redes sociales, donde retrata un pasado aparentemente perfecto e inofensivo, para transmitir los nuevos valores que la derecha extrema suele instrumentar: tradiciones, naturaleza, comunidad.

Lejos a quedado la violenta imagen de la ultraderecha tradicional, y en su lugar se presenta un mundo idílico aparentemente inofensivo. El trasfondo mitológico de los Hårga y sus prácticas xenófobas coincide con la obsesión que los grupos neonazis de Europa y America del norte tienen con la mitología nórdica y su simbolismo. La mitología y su imaginario es utilizada para justificar un proyecto social xenófobo, segregacionista y nacionalista.

Midsommar no solo retrata los horrores de la familia, sino que también nos muestra los horrores políticos que amenazan a las sociedades contemporáneas, y que se viven a la luz del día bajo el amparo de las leyes y una apariencia inofensiva: la ideología, el dogma, la segregación y la exclusión.

El color

Noor Al-Sibai destaca el hecho de que los habitantes de Hårga codifican todas sus prácticas alrededor del color blanco. “Desde la vertiginosa y casi perpetua luz del sol hasta la ropa que usan los Hårga, la blancura simboliza la unidad del culto. El color, en la ropa de los forasteros y especialmente en la piel de Josh y de los visitantes británicos Connie (Ellora Torchia) y Simon (Archie Madekwe), es una señal visual instantánea de la alteridad”.

Las runas

Para Noor Al-Sibai resulta sumamente complicado ver Midsommar sin vincularla con la obsesión de la rúnica nazi. De hecho, la puerta de medio sol a la entrada del complejo de la comuna se asemeja a la runa del sol negro, y el Odal se ve en al menos una prenda de vestir de Hårga. Además, los miembros de la comunidad guardan una inusual reverencia a la pureza genética. Por lo que, con un claro matiz racial, Hårga es claramente un grupo de supremacistas blancos que anuncian con orgullo la pureza de su linaje.


Las runas nórdicas han sido un motivo constante en el imaginario de la ultraderecha europea y norteamericana. El trasfondo mitológico de los Hårga refleja la obsesión que los grupos de extrema derecha tienen con la mitología nórdica y su simbolismo. Por ejemplo, la runa del sol negro, popularizada por los nazis antes de la Segunda Guerra Mundial, se puede ver en las banderas y símbolos de los supremacistas blancos. Lo mismo la runa Othala u Odal, es muy común en la simbología supremacista.

Las costumbres y prácticas de los Hårga recuerda el comportamiento de los grupos antimigrante: a la entrada de la comunidad se puede ver una manta que en sueco advierte a los forasteros de no entrar. Ni mencionar la referencia a textos como: “El lenguaje secreto nazi del Uthark” que aparece en la película.

Ruben y el “Racial Realism”

El racismo no es solamente una creencia social, sino también científica. Con el término “Realismo racial” se designa a todas aquellas propuestas que desde la ciencia y la genética buscan justificar sus creencias raciales.

Ruben no muestra la tolerancia e inclusión de los Hårga, sino el papel central que tiene la conciencia y manipulación genética en la comunidad. Los Hårga son endógamos y conocen las consecuencias de esa práctica, por eso necesitan de “extranjeros” (blancos) para ampliar su repertorio genético. El papel de Ruben como oráculo posiciona la endogamia (la reproducción entre individuos de ascendencia común) como un método utilizado por la comunidad para preservar la pureza racial. Al presentarlo como un oráculo, la selección y manipulación genética cobra una relevancia central en el esquema religioso, ideológico y axiomático de la comunidad.

Los blancos también sufren

Contra las lecturas políticas de Midsommar, se dice que los Hårga no pueden ser una comunidad supremacista y racista porque también matan a personas blancas. Esta afirmación esconde una mala comprensión del racismo y sus implicaciones.

Todavía visualizamos a los supremacistas portando una antorcha y capucha, defendiendo abiertamente la opresión de los pueblos indígenas y las comunidades no-blancas. Pero el problema del racismo es que, en tanto sistema opresor, resulta dañino para todas las personas sin importar su color de piel, incluso las personas blancas. Muchos teóricos han hablado ya de lo perjudicial que resulta el racismo y supremacismo blanco, incluso para el bienestar de las personas blancas.

En su poema, “First They Came”, Martin Niemöller articula los motivos por los cuales la supremacía blanca es dañina también para los blancos. Pues las personas blancas que no encajan en la imagen de la perfección que se considera el prototipo de la “blancura”, corren el riesgo de ser castigados y desterrados de la sociedad supremacista y quedar sujetos al ostracismo.

Un racismo genocentrista también excluye a los blancos que comparten genes con personas de otras comunidades no blancas. Para los sistemas opresores siembre debe existir un sector subordinado que debe ser reprimido, y cualquier persona, en cualquier momento, sin importar su color de piel, puede convertirse en parte de una comunidad marginada sin tener la culpa.

La deconstrucción del supremacismo

También necesitamos deconstruir el concepto de supremacía blanca. Aferrarse a la versión tradicional de las sociedades supremacistas es obsoleto. Estas sociedades se transforman y se actualizan, presentándose como alternativas inofensivas y atractivas, que bajo el disfraz de valores como comunidad, naturaleza y tradición, esconden un sistemas de valores dañino y perjudicial.

Midsommar refleja muy bien estas sociedades, su aparente inocuidad, su anclaje en la tradición milenaria, el valor de la comunidad y la pureza de la carne y la sangre. La cinta de Ari Aster funciona bajo la premisa de que el horror no se reduce al monstruo que acecha en la oscuridad de nuestra habitación, sino que está presente en aquello que sucede a diario, a plena luz del día y con el consentimiento de las personas, las leyes y los Estados. Y, si el horror también existe a luz de día y a la vista de todos, no hay un lugar seguro para esconderse.

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