Con solo dos largometrajes a cuenta, Beyond the Black Rainbow (2010) y Mandy (2018), el director de cine Panos Cosmatos se ha convertido en una figura de culto. Y no es para menos, Cosmatos es uno de los directores más originales y creativos de los últimos años en la escena.


Sus películas contienen, de modo inusual, una profundidad emocional y conceptual que pocas veces se encuentran juntas en el horror. Esta profundidad se complementa con una poderosa estética post-metal que recrea una atmósfera disonante donde los límites entre lo real y la ficción, entre lo interior y lo exterior, se vuelven borrosos, incluso redundantes. En la obra de Cosmatos, la estética se convierte en el mensaje. La narrativa, priorizada por la industria y el cine más mainstream, es dejada a un lado para dar lugar al surgimiento del cine más puro, aquel que se vale principalmente de la imagen.


Nada de lo que podamos decir de Cosmatos es suficiente. Su obra debe experimentarse, vivirse en primera persona. Sus cielos de colores; sus entidades de humo; sus tonos rosados; sus azules; su música, dan una sensación de realidad ominosa que se transforma y se vuelve extraña.


Panos Cosmatos es hijo del director de cine George Pan Cosmatos, quien dirigió “Rambo: First Blood Part II” (1985); “Cobra” (1986); y “Tombstone” (1993). Aunque nació en Italia, Panos se mudó desde muy joven a Victoria, la capital de la provincia canadiense British Columbia.


Además de la estética post-metalera, las drog@s y la espiritualidad New Age son temas frecuentes en sus películas. En más de una ocasión, el director ha manifestado su disgusto por los ideales new age de los Baby Boomers. En sus películas estos ideales son empujados a un extremo sombrío y aterrador. “Beyond the Black Rainbow” comienza con la presentación de un ideal espiritual/científico posthumano que se torna cada vez más oscuro e incomprensible.


“Mandy” es un delirante descenso a los infiernos a través del uso de drog@s sintéticas. Mediante la experimentación visual de la percepción y cognición alterada, Cosmatos plantea un universo de luces rojas y azules que hace palidecer a Dante.

En el “mejor” de los casos, la narrativa de Cosmatos resulta básica. Incluso, puede llegar a estar ausente. Por este motivo, sus películas resultan difíciles de digerir. En cierto sentido, se podría decir que el genio de Cosmatos está en la película-como-imagen, y no necesariamente en la narrativa. Como afirma Derrida: “El poeta… es el hombre de la metáfora: mientras que el filósofo sólo se interesa por la verdad del significado, más allá incluso de los signos y los nombres, y el sofista manipula signos vacíos… el poeta juega con la multiplicidad de significados.”


En este juego con la multiplicidad de significados, Cosmatos es un referente de la subjetividad contemporánea. Una mezcla de simbología cristiana, new age, metal, pop, rock progresivo, drog@s, y referencias clásicas.

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