“Scream” (1996) de Wes Craven es una de las películas más importantes del cine de horror. Pero, ¿por qué? Esta cinta ejemplifica no solamente la conciencia posmoderna de las convenciones del cine Slasher, sino también lo que Rick Worland ha denominado el barroquismo del cine de horror.

En “The Horror Film”, Worland señala tres etapas en el desarrollo del cine de horror. Estas etapas describen cambios estructurales en la forma y contenido del género. En un principio, mucho antes que el término “cine de horror” fuera acuñado, adaptaciones como “Frankenstein” (1910) de J. Searle Dawley y Thomas Alva Edison, o “Dr. Jekyll and Mr. Hyde” (1911) de Lucius Henderson, fueron fundamentales para la experimentación y el establecimiento de las convenciones que caracterizarían al género.

Después de 1930 (el término “cine de horror” fue utilizado por primera vez en 1931-2), las convenciones del género alcanzaron un equilibrio y una mayor comprensión por parte de los directores y la audiencia. Esta etapa fue relativamente estable y se extendió hasta parte del cine de los años sesenta, influyendo notablemente en etapas posteriores.

La tercera etapa corresponde al refinamiento, en la cual ciertos detalles estilísticos evolucionaron para embellecer la forma. Esta fase implicó una experimentación consciente en la que directores en busca de novedad empujaron y pusieron a prueba los límites de las convenciones. Como ejemplo se puede mencionar a las películas de la Hammer Films.

En su formulación contemporánea, la etapa de refinamiento desembocó en un estilo barroco, caracterizado por el incremento del adorno estilístico y una clara autoconciencia mediante la cual las convenciones clásicas del género fueron profundamente revisadas y reformuladas. Durante esta etapa, la historia y las convenciones del género de horror fueron el principal objeto de trabajo. “Scream”(1996) es un claro ejemplo de este cine barroco y autoconciente.

La deconstrucción:


“Scream” (1996) no es una cinta muy compleja. En lo general, repite la formula del cine de Slasher de los ochenta, incluida una notable escena en la que uno de los personajes recapitula las convenciones de este subgénero. En este punto, «Scream» transforma la naturalidad de las convenciones del cine de horror en elementos artificiales, para explicitarlos y subvertirlos.

El principal objetivo de “Scream” consistió en llevar a cabo una deconstrucción de los códigos y fronteras del cine de Slasher.

El guión.

Escrito por Kevin Williamson, el guión de “Scream” transporta el cine Slasher al contexto de la globalización y el consiguiente paradigma mediático. El público de “Scream” creció a la luz de MTV, el videoclub, los programas de espectáculo y las promesas de fortuna de una sociedad global. Pero nada de aquello resultó cierto. Ni la vida se parecía a un videoclip ni la riqueza estaba a la vuelta de la esquina.

Cuando el cine Slasher parecía haberse estancado, “Scream” llegaba para abrir las puertas a una nueva forma de entender el Slasher, siendo la autorreferencialidad y la autoconciencia el principal de sus ingredientes.

La Final Girl y la sexualidad empática:

Sidney Prescott (Neve Campbell) es una de las Final Girls más memorables del cine. El guionista, Kevin Williamson, volcó en este personaje su propia experiencia:

«Una de las cosas con las que he luchado es la confianza y Sidney no confiaba en nadie […] Como chico gay, me identifiqué con la última superviviente y con su lucha, porque es lo que uno tiene que hacer para sobrevivir también como chico gay. Estás viendo a esta chica superar la noche y el trauma que está soportando».

The Scream:

Mientras que en “Halloween” Mike Myers utiliza una máscara con el rostro del Capitán Kirk de Star Trek, el monstruoso asesino de “Scream” aparece como la figura icónica de la pintura de Edvard Much, El Grito.

Honrando a sus ancestros:

“Scream” abre con una sutil alusión a “Psycho” (1960), en la que Drew Barrymore, la aparente protagonista, pierde la vida tempranamente a manos del asesino. Tanto “Scream” como “Psycho” de Alfred Hitchcock abren con dos grandes estrellas de su tiempo: Janet Leigh y Drew Barrymore.

Por otro lado, la presentación de Ghostface mediante una llamada telefónica alude inconfundiblemente a la película “Black Christmas” (1974) de Bob Clark, en la que un acosador hostiga a un grupo de jóvenes que viven en una residencia para señoritas.

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