En 2005 Kansas permitió la enseñanza del “diseño inteligente” en los colegios, como una explicación al origen de la vida (“Diseño inteligente” es el nombre con el que se ha rebautizado al “creacionismo”: doctrina según la cual los seres vivos y todo lo existente es el resultado del acto creador de Dios, y por tanto, no son fruto de la evolución).

Ante esta situación, al físico estadounidense Bobby Henderson le pareció buena idea comenzar un movimiento de protesta social dirigido a la crítica de las bases metafísicas, sociales y epistémicas de la religión y el creacionismo: el Pastafarismo. Este movimiento plantea la existencia de una entidad superior, de naturaleza divina, conocida como el Monstruo del Espagueti Volador (abreviado como MEV o Mon-es-vol, Monesvol), creador de todo el universo y guardián de todo lo que en él habita. (Puedes checar su sitio web aquí: Church of the Flying Spaghetti Monster)

Al igual que otras religiones, el Pastafarismo se define a sí mismo como un colectivo de personas de diversa procedencia y naturaleza, unidas por la creencia en una entidad superior. Así como también por el seguimiento de ciertos dogmas fundamentales. Además de que también cuentan con un Evangelio y profetas.

El Pastafarismo ha buscado tener una representación legal como religión instaurada en distintos países, aunque en muchos de ellos se le ha desechado por considerársele una religión paródica, pues dudan que tenga una finalidad religiosa. Por su parte, los Pastafaris alegan que su religión no es una broma o sátira. Si bien es cierto que puede resultar difícil creer en un dios volador hecho de albondigas y espagueti, este sería un rasgo compartido con otras religiones, pues muchos cristianos no creen -por ejemplo- que la biblia sea literalmente verdadera, pero eso no significa que no sean verdaderos cristianos.

El pastafarismo no obliga a creer literalmente en sus “verdades reveladas”, como por ejemplo, creer que un monstruo invisible, cuya representación es una maraña de espagueti y albondigas, creó el universo después de ingerir una gran cantidad alcohol y que, durante milenios, su secreto fue fielmente guardado por un séquito de piratas. En su defensa, los pastafaris alegan que muchos cristianos deciden ignorar también ciertas revelaciones o exigencias bíblicas, sin que eso les impida vivir dentro de los lineamientos de su fe.

El Pastafarismo es un claro ejemplo de argumento de reducción al absurdo. En lugar de argumentar en los mismos términos del fundamentalismo religioso, imita sus argumentos maliciosamente hasta reducirlos al absurdo. Exponiendo, con ingenio y una cara perfectamente seria, las indeseadas consecuencias del fundamentalismo religioso.


El pastafarianismo se diferencia de otras religiones en que no solicita diezmos a sus seguidores, no tiene jerarquía ni lugares físicos de culto. Su hogar está en internet. Y el único dogma es que no existe ningún dogma. Y en lugar de los 10 mandamientos, ofrece ocho, como por ejemplo: “Realmente preferiría que no lo hicieras”).


Aunque pudiera sonar satírico, la Iglesia del Monstruo de Espagueti Volador no es anti-religiosa. Henderson escribió una vez que “la única diferencia entre el credo de Monesvol y otras religiones es que nunca se ha librado ninguna guerra en nuestro nombre”.


Pero sobre todo, el Pastafarismo impulsa preguntas importantes: ¿Cómo podemos definir la religión en estos tiempos? ¿Cómo define el Estado a las religiones? Y ¿Por qué es necesario? En este sentido, los pastafaris merecen una consideración seria.


La opinión común es que el Pastafarismo es simplemente una parodia peligrosa, ya que desvía la atención de quienes en realidad deben ser protegidos por sus creencias. Pues, si todas las creencias son tratadas de la misma manera, entonces las «serias» no recibirán el tratamiento especial que merece. Sin embargo, ¿Por qué ciertas creencias deberían recibir protección y beneficios especiales del Estado? Este es un dilema bastante serio, dadas las condiciones de violencia que viven ciertas comunidades en el mundo. Pero, aunque la doctrina y los argumentos pastafari parecen cómicos, su aparición nos hace cuestionar algunas ideas que hemos asumido como autoevidentes y nos demuestra que todo, absolutamente TODO, puede ser puesto a revisión.

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