La pandemia nos ha dejado viejos-nuevos clásicos. Un caso notable es la canción “Ramito de Violetas”, la cual volvió a la fama en México después de 27 años. La canción, escrita originalmente en 1974 por la cantante Cecilia, se volvió famosa en el país luego de que “Mi banda el mexicano” la posicionara como uno de sus mayores éxitos a inicios de los 90’s.

Durante la pandemia por Covid-19, “Ramito de violetas” versión “Mi banda el mexicano”, se volvió viral en el país luego de que algunos usuarios se organizaran a través de Facebook, Instagram y Twitter para cantarla desde sus balcones. La idea surgió después de que en Santa Fe, vecinos de las zonas cercanas a los corporativos y edificios residenciales cantaran el Cielito Lindo desde sus lujosos departamentos.


La historia de Ramito de violetas


“Ramito de violetas” tiene un origen bastante interesante. Fue escrita por la cantante española Cecilia, una voz crítica de los convencionalismos sociales, influida por el folk de Dylan, Simon & Garfunkel, Joan Baez y la música de Los Beatles. Siendo hija de un diplomático, fue educada en Inglaterra, Estados Unidos, Portugal y Jordania, con el inglés como primer idioma. Entre sus canciones más conocidas está “Dama, Dama” y “Me quedaré soltera”, una severa crítica a la burguesía hispánica, donde Evangelina condena a las mujeres que perpetúan los estereotipos patriarcales.

No obstante, la cantautora conseguiría su mayor éxito hasta su tercer álbum con la canción “Ramito de violetas”, la cual también daba título a su disco y por la que hasta hoy es recordada. Se dice que la canción nació como un cuento corto inspirado en la obra de James Joyce, uno de los autores favoritos de Cecilia. Sin embargo, la cantante, al no quedar contenta con el resultado, rompió el escrito y lo reconstruyo como el poema del cual surgiría la famosa canción.


“Ramito de violetas” cuenta la historia de una mujer, posiblemente ama de casa, que era «feliz en su matrimonio”, aunque su marido “era el mismo demonio”. El hombre, según dice la canción, tenía “un poco de mal genio” y ella “se quejaba de que nunca fue tierno”. Sin embargo, ella recibe desde hace tiempo, cartas anónimas en las que un extraño le declara su amor. Las cartas llegan acompañadas de un ramito de violetas y poco a poco le han “devuelto la alegría”. La pobre mujer, abnegada en su casa, “sueña y se imagina cómo será aquel que tanto la estima, ¿sería un hombre más bien de pelo cano, sonrisa abierta y ternura en las manos?” (una visión de masculinidad muy distinta a la que ostenta su marido).


Pero en un giro de la trama, al más puro estilo Night Shyamalan, la canción devela que el autor de aquellas cartas es su mismo esposo, quien en el fondo (pese a“tener mal genio” y ser “el mismo demonio”) es un hombre tierno que «No dice nada porque lo sabe todo, / sabe que [ella] es feliz, así de cualquier modo (…) Él, su amante, su amor secreto, / y ella que no sabe nada, / mira a su marido y luego se calla”.


“Ramito de violetas” es una pieza contrastante dentro de la obra de Cecilia, subversiva a los estereotipos patriarcales. Lo que se explica dado el contexto social y los problemas que la cantante tuvo con las autoridades franquistas, pues ya le habían censurado algunos temas con anterioridad.


“En un principio, Un ramito de violetas me parecía una canción un poco cursi”, dijo Cecilia al periodista Carlos Galindo en una entrevista, “Luego, al escucharla detenidamente, se vio que es un tema romántico. Una canción de amor bañado de ternura”. En opinión de la cantante, el mundo estaba tan desquiciado que necesitaba amor y “aunque no sepamos de dónde proviene, nos da unos momentos de tranquilidad, de sosiego”.

Masculinidad tóxica o fetichismo


¿Amor? Bajo los estándares contemporáneos, la historia que cuenta “Ramito de violetas” no puede ser calificada propiamente como “amor”. Y podría parecer, por el contrario, el canto a un drama doméstico y machistoide donde el hombre con “mal genio” y “endemoniado” termina saliendo bien parado por escribir versos anónimos a su esposa. Mientras que ella, sumisa y en un matrimonio lleno de tensiones, vive feliz con la ilusión de ser querida: “Ella es feliz, así de cualquier modo”, dice la letra de la canción.


Pero como si eso no fuera suficiente, “cada tarde al volver su esposo, cansado del trabajo, va y la mira de reojo”, y en un acto de cinismo se atreve a preguntarle: “¿Quién te escribía a ti versos, dime niña quién era?”, con la única intención de ponerla en una situación de vulnerabilidad, provocando que se sienta descubierta y poniendo a prueba su fidelidad a través del engaño y la manipulación.


“Ramito de violetas” no solo devela el machismo que se esconde bajo el ideal de amor romántico, sino que además retrata perfectamente la masculinidad tóxica que se vive en las relaciones de pareja y que oprime a las mujeres pero también a los hombres. El varón que se retrata en la canción es un sujeto situado en la España franquista, que es incapaz de quitarse el disfraz de salvador y proveedor de la familia, de héroe tosco y duro que debe llevar el dinero a casa, sin detenerse en minucias sentimentales y sin ser capaz de expresar sus sentimientos hacia a su esposa y decirle, directamente, que la ama. La canción es el retrato doloroso de un hombre incapaz de expresar sus sentimientos sin sentir pudor, que prefiere hacerlo por boca de otro y no de la suya propia, porque eso significaría perder poder y mostrarse vulnerable.

“Ramito de violetas” es una fotografía de la masculinidad tóxica de las postrimerías del franquismo español y que encaja muy bien en el machismo que vivimos en México día a día, donde el ideal de hombre macho, fuerte y que no expresa sentimientos, cobra sus víctimas a diario. Quizá, muchos hombres podemos encontrar en “Ramito de violetas” una imagen de masculinidad de la que intentamos escapar, no solo porque puede resultar socialmente perjudicial, sino además porque también implica un lastre: ideales abstractos de masculinidad que se nos han impuesto socialmente y a los cuales podemos (y tenemos el derecho de) renunciar. Al fin de cuentas, el machismo es algo que oprime no solo a las mujeres, sino también a los hombres.


Sin embargo, “Ramito de violetas” trae consigo otra lectura que resulta por igual interesante. La del hombre que encuentra excitación en la idea de que su pareja vive una pasión amorosa, imaginaria e imposible, con alguien más. Por lo que las cartas anónimas enviadas por el mismo esposo, no hacen sino alimentar su propio deseo sexual reprimido y la fantasia donde su esposa le es infiel. Esta interpretación, claro está, no clausura la anterior pero explora una nueva dimensión del deseo sexual.

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