Es difícil procesar la muerte del héroe que te ha acompañado durante los últimos tres meses de tu vida, es difícil verlo apuñalado, insignificante, arrastrándose y encogiéndose de dolor, tan real como irreversible.

Mientras que yo a las 3 de la madrugada unido a Arthur Morgan, sintiendo a través del control, no podía hacer nada más que escuchar a Micah (el suuper villano del videojuego) decir: “Soy un superviviente, así es la vida. Vives o mueres”.

Él, Arthur Morgan, había sido mi solitario habitante de ese mundo Western llamado Red Dead Redemption 2, ignorante de que lo espiaba en ese show de Truman.

Lo más horroroso de la muerte de Arthur Morgan es que ocurrió de golpe y siendo acuchillado por la espalda, ahí quedamos los dos viendo el amanecer, esperando nuestro turno, rodeados de nada. Y pues sí, la última aventura del héroe es su muerte, y por lo regular nunca está al nivel de su vida.

A decir verdad, sentí feo en el pecho, no esperaba que en un western tuviera que enfrentarme a la muerte de mi héroe. Ese día también descubrí que llorar a las 3 am, en la sala de mi casa, y por un videojuego no tenía nada de vergonzoso.

La muerte del héroe

La muerte de Arthur Morgan y mi sentimiento de pérdida es un claro ejemplo de la fuerza narrativa que existe en los videojuegos, uno de los medios artísticos más jóvenes y que aún tiene muchas cosas por definir. En términos de autoría, cito a Jorge Morla, está como el cine en los años 30: tiene que decidir si le otorga al director el estatus de artista. En términos expresivos tiene que decidir si opta por ser un medio narrativo o si se atreve a ser experimental. En términos estrictamente lúdicos, tiene que decidir si se queda en la superficie de “lo divertido “o se interna en las simas de “lo profundo”.

Arthur Morgan recuerda a los grandes héroes clásicos, con grandes vidas, pero muertes malas, infames, casi risibles. Como la de Jason, el líder de los Argonautas que lo mató su propio barco, cuando descansaba a la sombra le cayó en la cabeza el mástil. Una muerte tonta si pensamos en que Jasón lidió con una serpiente monstruosa y venció a muuuuchos guerreros.

Lo mismo ocurre con Morgan. Pero ¿por qué los héroes generalmente mueren de maneras absurdas?

Por ejemplo, Perseo, el asesino de Medusa, murió de una manera casi risible. Enfurecido por su suegro Cefeo, extrajo la cabeza del monstruo cazado y la alzó para hacer piedra a su suegro, pero olvidó que éste era ciego, vio al monstruo para preguntarse por qué fallaba y se convirtió en piedra él mismo.

Teseo murió después de tropezar hacia un barranco. Áyax el Menor, ahogado en el mar. Aquiles, asesinado por una flecha mal lanzada por Paris. Asclepio murió por un rayo de Zeus.

Según Carlos García Gual lo interesante del héroe, es su fragilidad, el héroe al final se rompe, muere y cae. Sin embargo, las muertes bellas ocurren con poca frecuencia, entre los héroes griegos, en el momento final, se destaca más el pathos, es decir el sufrimiento que el Kléos, la gloria.

La muerte de los héroes no es algo extraordinario porque es un hecho ligado a la condición de todo ser humano, sea o no un héroe. Con excepción a alguna curiosa leyenda, la muerte no es ningún premio; es el destino fatal de la efímera condición humana. 

En su decisión de afrontar la muerte, radica la grandeza anímica del héroe. 

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