Save Ralph, capitalismo-explotación animal

«Save Ralph» es un corto dirigido por Spencer Susser en el que se busca concientizar acerca de los abusos cometidos en animales no humanos dentro de la industria cosmética. La organización que lo produjo, Humane Society International, espera que la campaña lanzada con este cortometraje –que se hizo viral– ayude a recaudar firmas y apoyo contra el testeo de productos cosméticos en animales.

La experimentación con animales en la industria cosmética no es un secreto. La sociedad, en su mayoría, sabe que los productos cosméticos y alimenticios que consume tienen como origen el sufrimiento animal. No obstante, preferimos mantenernos alejados de la discusión antes de tomar una decisión ética, pero ¿por qué?

Uno de los principales motivos por el cual la explotación animal es invisibilizada es por el fetichismo que nos provocan las mercancías. Marx utilizó el término “mercancía” para referirse a la forma básica de riqueza dentro del modo de producción capitalista. Una mercancía se refiere a la diversidad de cosas intercambiadas que satisfacen los deseos y necesidades humanas . Por ejemplo, una barra de pan se puede utilizar para satisfacer el hambre, o la ropa para satisfacer nuestras necesidades ante las inclemencias del tiempo.

Sin embargo, cuando adquirimos una mercancía nueva, unas bellas botas de piel, un perfumado jabón, o un bonito labial, no pensamos en los mecanismos y las cadenas de producción que han llevado dicha mercancía hasta nuestras manos, mucho menos en las implicaciones éticas de estos mecanismos. Cegados por la satisfacción que nos provoca el consumo, concebimos las mercancías como cosas en sí mismas, ignorando por completo las relaciones sociales de explotación que subyacen a su producción. En el caso de la explotación animal, se construye todo un espejismo para ocultar estas relaciones sociales a los ojos del consumidor y no perturbar la relajante fantasía con la que se enmascara la crueldad de la ganadería industrial y la industria de la moda.

El capitalismo no solamente extiende sus mecanismos de explotación hasta las clases sociales proletarias, sino incluso también a otras formas de vida no humanas, como por ejemplo, los animales. En las sociedades capitalistas contemporáneas, los animales son explotados con el único propósito de obtener ganancias. Estos animales son reducidos a meras unidades de producción comparables a recursos consumibles y en ningún momento son valorados por su grado de consciencia o individualidad, sino únicamente por su utilidad en la satisfacción de las necesidades humanas. En otras palabras, el valor que el capitalismo le otorga a la vida animal está restringido al valor de uso y de cambio.

En las sociedades capitalistas, el sufrimiento y vida animal se traduce en ganancia y acumulación de capital. De manera que los mecanismos de generación del dinero, refuerzan y justifican la mercantilización y explotación económica de los animales. Sin embargo, aunque “Save Ralph” pone en la mesa de discusión el maltrato animal, existe una diferencia entre hacer algo visible y realmente poder comprender la red de relaciones y procesos que operan en la producción de mercancías.


El capitalismo y su ideología tienen la habilidad de poder incorporar a su corpus incluso aquellos movimientos reformistas que plantean un desafío al status quo, redirigiéndolos hacia los viejos canales consumistas que no amenazan sus fundamentos estructurales. En este sentido, debemos procurar que nuestras respuestas a la lógica explotadora del capital no se conviertan en otra fuente de exclusión o consumo. Por ejemplo, el veganismo se presenta y se percibe como un estilo de vida más ético, aunque en occidente su elección está supeditada a condiciones de vida propias de la clase media, no accesibles para el grueso de la sociedad. Es común que los restaurantes veganos, con precios exorbitantes, sean los primeros en instalarse dentro de las áreas gentrificadas de las grandes ciudades. De la misma manera, las causas ambientalistas liberales a menudo tratan el antiespecismo monolíticamente, demonizando a los trabajadores de los rastros y los mataderos, o a las personas de bajos ingresos que no pueden darse el lujo de llevar una dieta más ética.

Algunas otras sociedades suelen culpar al consumidor por el sufrimiento animal, lo que implica también una concepción reductivista e ingenua de las leyes del intercambio de mercado. En la sociedad capitalista actual solo un puñado de corporaciones transnacionales controlan el mercado de alimentos y cosméticos, pues muchas de las alternativas veganas más populares pertenecen y son vendidas por las mismas compañías que ofrecen marcas populares no veganas. Por lo tanto, existe una alta probabilidad de que tu dinero termine en manos de los mismos capitalistas.

Esto en ningún sentido pretende ser un statement en contra del ambientalismo y el veganismo, ni mucho menos intenta ser una postura cínica que pretenda cruzar los brazos. Por el contrario, intenta ser una breve reflexión respecto a la política implicada en nuestras decisiones, pues debemos cuidar que nuestras respuestas en contra del maltrato animal no caigan también en otras formas de racismo y exclusión, o en la comodidad aburguesada del clasemediero.

La lucha contra la explotación animal es una lucha política anticapitalista e interseccional que rechaza el estatus de los animales como mercancías y propiedad, lo que implica una declaración de guerra contra las estructuras más fundamentales del orden capitalista. Por tanto, estoy convencido que para combatir la explotación animal es necesario también combatir el capitalismo y sus mecanismos de opresión y explotación. Quizás por eso cuesta tanto abrazar completamente la causa, porque implica pensar en otras formas de vida distintas a la que nos domina y oprime.

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