Este artículo es una continuación de: Sloterdijk: la construcción de la individualidad y las masas I.

En El desprecio de las masas, Sloterdijk da una definición de los procesos de masificación tomando como base la definición que Elias Canneti da en su libro Masa y Poder. La definición de Canneti deja ver que la masificación que busca ascender a la categoría de sujeto busca derribar todas las distancias entre los sujetos individuales. En el tumulto se derriban todas las distancias. En este proceso de indiferenciación ocurre un proceso de descarga y desinhibición,  Sloterdijk cita a Cannetti para referir esto mismo: “sólo todos juntos pueden liberarse de sus cargas de distancia. Eso es exactamente lo que ocurre en la masa. En la descarga, se elimina toda separación y todos se sientes iguales.” En esta densidad, donde apenas cabe observar espacios entre los individuos, cada cuerpo está tan cerca del otro como de sí mismo. Solo así se consigue el anhelado alivio; con la inmersión del yo en el colectivo que lo contiene y supera.

Así pues, las masas implican un proceso de desubjetivización e indiferenciación: “…en la constitución originaria del sujeto masificado predominan las motivaciones opacas. La razón de ello estriba en que, en el seno de la masa, los individuos excitados no componen lo que la mitología de la discusión denomina un público; ellos, al contrario, se concentran en un punto donde se forman hombres sin perfiles, confluyen a un lugar donde todo por si mismo se revela como lo más denso [amschwarzesten]”. Por tanto, para Canneti, al igual que para Ortega, la reunión de los sujetos en masas implica la destrucción de la individualidad, una pseudoemancipación y una subjetividad a medias. Pero, hay un punto en que el análisis de Ortega respecto a las masas resulta insuficiente, cuando Ortega lleva a cabo el análisis del hombre-masa, lo hacía pensando en el hombre del siglo XIX, pero la dinámica de las masas no puede ser la misma al día de hoy. Aquí, las tesis de Sloterdijk resultan muy útiles y propicias para el análisis del fenómeno contemporáneo de la masificación.

Para Sloterdijk: “Las masas actuales han dejado de ser masas capaces de reunirse en tumultos; han entrado en un régimen en el que su propiedad de masa ya no se expresa de manera adecuada en la asamblea física, sino en la participación en programas relacionados con medios de comunicación masivos…Ahora se es masa sin ver a los otros. El resultado de todo ello es que las sociedades actuales o, si se prefiere, posmodernas han dejado de orientarse a sí mismas de manera inmediata por experiencias corporales: solo se perciben a sí mismas a través de símbolos mediáticos de masas, discursos, modas, programas y personalidades famosas. Es en este punto donde el individualismo de masas propio de nuestra época tiene su fundamento sistémico. De ahí que en el seno de la sociedad posmoderna esta masa, que ya no se reúne o congrega ante nada, carezca de la experiencia sensible de un cuerpo o de un espacio propio; ella ha dejado de percibirse como una magnitud capaz de confluir y actuar, como tampoco siente ya su physis pulsional; de ella ya no cabe escuchar ningún grito general”.

El estado de estas nuevas masas, sostiene Sloterdijk, es comparable al de un compuesto gaseoso. Hoy, al contrario de esa masa descrita por Canneti y Ortega, la masa se experimenta a si misma bajo el signo de lo particular, desde la perspectiva de los individuos que como pequeñas mónadas se abandonan a los programas generales en los que ya se presupone su condición masiva. Esta masa posmoderna es una masa carente de potencial, es solamente una suma de “microanarquismos” y soledades, alejada ya del contacto físico con el otro. Esta nueva masificación está supeditada al individualismo burgués en la que el propio sistema aísla a los individuos entre sí, y los dirige hacia el esfuerzo solitario de tener que llegar a ser ellos mismos: nadie puede aproximarse, nadie alcanza las alturas del otro.

Las masas de la postmodernidad despliegan una inquietante ambigüedad. En las masas descritas por Canetti y Ortega no había una clara individuación, por lo contrario, ellas suponían la derogación de cualquier categoría individualizante. Ahora: “En las nuevas masas,  incluso, [aunque] todo individuo permanezca inmerso en el sentimiento de su unicidad y de su distancia con todos los demás, [aunque] en todos ellos se ponen más de manifiesto los rasgos generales que los individuales. Por otro lado, no es extraño que estas masas privadas de la capacidad de reunirse en calidad de posibles congregaciones ante fenómenos contemporáneos también hayan perdido con el paso del tiempo la conciencia de su potencia política. Es cierto que todavía sienten su fuerza de combate a la hora de exigir y atacar, la embriaguez a la hora de confluir y su poderío, pero no tanto como antes, en la época de las nupcias entre tumultos y desfiles. La masa posmoderna es una masa carente de potencial alguno, una suma de microanarquismos y soledades que apenas recuerda ya la época en la que ella -excitada y conducida hacia sí misma a través de sus portavoces y secretarios generales- debía y quería hacer historia en virtud de su condición de colectivo preñado de expresividad”.