demonios historia

En la cultura popular los demonios son descritos como seres sobrenaturales, entidades no humanas asociadas al mal y el infortunio. Sin embargo, no siempre ha sido así. Los trabajos académicos en mitología comparada y religión han hecho bastante por desentrañar el desarrollo histórico que el concepto demonio ha tenido a lo largo del tiempo.

La figura del demonio se puede rastrear en la cultura occidental hasta la antigua Grecia. La palabra griega δαίμων encontrada en algunos trabajos de Hesíodo; Homero y Platón no designaba a una figura malévola, sino a una entidad divina que era fuente de inspiración o que servía para comunicar algún tipo de advertencia o consejo. En la “Apología de Sócrates”, Platón describe a su maestro como “un hombre que siempre llevaba un demonio a su lado”, el cual le prevenía de tomar un curso inadecuado en sus acciones.

De hecho, para muchos filósofos griegos los demonios eran seres encargados de otorgar el conocimiento y guiar al humano. En este sentido, el demonio griego es una figura vinculada a los tópicos humanos respecto al libre albedrío, el destino y la voluntad de los dioses.

The Shepherd’s Dream, from ‘Paradise Lost’ 1793 Henry Fuseli 1741-1825 Purchased 1966 http://www.tate.org.uk/art/work/T00876

La asociación de los demonios con el mal llegó con el cristianismo, aunque existen claros argumentos de que esta concepción ya estaba presente en la temprana teología judaica e islámica. El ejemplo arquetipo de esta asociación es el demonio como tentador. Recordemos que la primera gran tentación en el judaísmo fue la de Eva, la cual resultó en la ruina de toda la humanidad. En esta misma tradición y como herencia del hebraísmo, los demonios son vistos como los hacedores de daño. A ellos se atribuye el origen de las diversas enfermedades.

En el Evangelio de Marcos, Jesús echa fuera muchos demonios, o espíritus malignos, de aquellos que estaban afligidos por diversas enfermedades. El poder de Jesús se demostró muy superior al que tenían los demonios sobre las personas que poseían, liberando eficazmente a las víctimas que estaban sujetos a ellos, echándolos fuera y prohibiéndoles regresar. Los demonios eran expulsados mediante la fe y por la pronunciación de su nombre.

Un giro interesante tiene lugar en la visión moderna de la clínica y la psicología. En su artículo de 1923, titulado “ Una neurosis demoníaca en el siglo XVII” Freud lleva a cabo un análisis psicoanalítico de un caso de posesión demoníaca. En el siglo XVII el pintor Christoph Haizmann dejó escrito en sus diarios el terror que vivió después de haber concertado un pacto con el Diablo. Incluso, después de ser exorcizado volvió a sufrir “apariciones”, pero ya no del Diablo, sino de Cristo y de la Virgen María que lejos de ser confortables resultaban terroríficas. En este pacto, el pintor se compromete a ser el hijo carnal del Diablo durante nueve años y Freud reconduce esta incongruencia como un efecto de proyección de lo que sería el deseo del pintor.

Lo que Freud nos plantea dentro del cuadro de la neurosis es un demonio como sustituto del padre, lo cual en el caso del pintor se detonó debido a su situación económica y a la melancolía generada por la muerte de su padre. El diablo se asume entonces como la encarnación de la pulsión de muerte en una figura paterna al servicio del superyó.

También podemos mencionar una visión de los demonios más contemporánea en los que estos ya no son vistos como una entidad teológica o psicológica sino sociológica y política. En esta visión presente en los trabajos de Elaine Pagels el demonio se convierte en un nombre y en un lugar para designar aquello que es extraño y que se nos presenta como amenaza. Para la autora el demonio es inseparable de un proceso de demonización, y este proceso es tanto político como religioso.

El cristianismo temprano utilizó el adjetivo “demoniaco” para referirse a otros grupos religiosos paganos y para referirse también a la herejía, los actos o conjunto de ideas religiosas contrarias a sus dogmas: en la guerra de los judíos contra Roma, los evangelistas invocaron a Satanás para referirse a sus enemigos como enemigos de Dios también. Mas tarde, la iglesia volvió esta acusación satánica contra sus enemigos romanos, declarando que los paganos y los infieles también eran criaturas de Satanás, y contra sus propios disidentes, llamándolos herejes y atribuyendo sus puntos de vista heterodoxos a influencias satánicas.

Desde un punto de vista antropológico los demonios pueden ser vistos como una idea que se ha modificado a lo largo de la historia. En la era clásica, los demonios eran vistos por los filósofos griegos como fuente de sabiduría e inspiración. Mientras que en el Medievo los demonios fueron caracterizados como entidades sobrenaturales malévolas cuyo propósito era tentar las almas humanas. El demonio moderno, visto desde una óptica científica asociada al trauma y el psicoanálisis ve a los demonios como una manifestación de las pulsiones del inconsciente. Por último, tenemos una lectura política y social de los demonios donde estos son vistos como una herramienta para señalar el antagonismo de grupos sociales en conflicto.

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