Matheryn Naovaratpong, una niña tailandesa de dos años de edad, sufrió un cáncer cerebral que le hizo perder 80% del hemisferio cerebral izquierdo. A pesar de ser sometida a diferentes operaciones y sesiones de quimioterapia, Matheryn falleció el 8 de enero de 2015.

Ante la pérdida de su hija, los padres de Matheryn decidieron contratar los servicios de Alcor Life, una empresa dedicada a la criogenización, con la esperanza de que en el futuro se pueda encontrar una cura para el cáncer de su hija y así poder revivirla.El cerebro y cuerpo de Matheryn están congelados por separado y sumergidos en un contenedor de acero inoxidable al vacío, relleno de nitrógeno líquido a 196ºC.

El proceso de criogenización es bastante invasivo, implica llevar al paciente a una cama de hielo, cubrirla con materiales congelantes, reiniciar el corazón artificialmente, administrar más de una docena de diferentes medicamentos, drenar la sangre y reemplazarla con un anticongelante médico, abrir la cavidad torácica y poner los vasos sanguíneos en una máquina que sacará toda la sangre restante, luego bajar lentamente la temperatura del cuerpo a 1 grado celsius por hora. Después de dos semanas, el cuerpo alcanza la temperatura de criocongelación a -196 grados Celsius. Todo con el objetivo de esperar hasta que sea posible una “resucitación tecnológica”.

La historia de Matheryn ha sido retratada en un documental de Netflix titulado “Hope Frozen: A Quest to Live Twice”.

Para el filósofo Agamben, existen dos clases de biopolítica emancipadora: la que se desliga de los constreñimientos del propio cuerpo y la que se libera de las regulaciones gubernamentales. En el primer caso, la intervención y autogestión del cuerpo permitirá superar las limitaciones propias de la condición biológica humana, por ejemplo, la muerte.

Existen varios proyectos mediante los cuales se busca extender la existencia humana: 1) la criopreservación del individuo (o de su cabeza); 2) la descarga de la mente en un ordenador, en un avatar o un ciborg; y 3) el aumento del número de años de vida interviniendo en los mecanismos responsables de la vejez y la degradación del cuerpo.

A diferencia de 2) y 3), la criopreservación ofrece la promesa de conservar el cuerpo de un individuo hasta que el avance tecnológico y científico permitan encontrar una forma de descongelamiento exitosa y una cura para sus enfermedades. La fundación Alcor afirma que sus científicos no buscan revertir la muerte, sino aumentar los años de vida mediante el uso de la mejor tecnología existente y disponible. Siempre y cuando tengas el dinero suficiente para pagar una membresía, de 770 dólares al año, que te garantiza el derecho a ser puesto «en espera”. La criopreservación cuesta entre 80 mil dólares al año (por una «neuro») y 200 mil dólares (por el cuerpo completo), dependiendo de cuánto de tu cuerpo deseas mantener.

Sin embargo, la criopreservación parte de dos supuestos todavía en debate: 1) la posibilidad de congelar un cuerpo o cerebro humano sin destruir sus tejidos o funciones, en el caso del cerebro se busca mantener las estructuras que permitan preservar la memoria y personalidad del individuo. El físico Michio Kaku ha dicho que tal labor es básicamente imposible, pues el proceso de congelación termina por matar y destruir las células del cuerpo. 2) la tecnología médica y científica continuará progresando hasta que la “resucitación tecnológica” sea posible.

Hasta ahora, el mecanismo de criopreservación más eficiente es el de vitrificación, que consiste en enfriar un sistema biológico complejo, haciéndole pasar de un estado fluido móvil a uno de paro o detención molecular. El problema es que el proceso de recalentamiento no está lo suficientemente desarrollado. Al día de hoy, las únicas macromoléculas capaces de recuperarse del aumento de temperatura son pequeños ovarios, vasos sanguíneos, válvulas cardiacas, córneas y otras estructuras pequeñas.

Netflix ha decidido contar la historia de Matheryn en el documental ‘Hope Frozen: A Quest To Live Twice’. Dirigido y co-escrito por Pailin Wedel, junto con Nina Ijäs, y producido por el estudio 2050 Productions.

Vale la pena verlo y preguntarse: ¿estamos ante la posibilidad real de prolongar la vida humana o es simplemente un negocio más que lucra con la esperanza y los deseos humanos más profundos? De hecho, ¿es la vida humana tan importante para intentar conservarla a costa de lo que sea? En lo personal, lo dudo.

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