Beau is Afraid y el Post-Horror millennial

Beau is Afraid es un claro ejemplo de lo que David Church denomina Post-Horror. Es la toma de conciencia de un ciclo que se viene construyendo desde hace 10 años.
“Beau is Afraid” es la última película del director Ari Aster, protagonizada por Joaquin Phoenix, quien interpreta a Beau Wassermann, un hombre con ansiedad que, después de la muerte de su controladora madre, emprende una aventura onírica de regreso a la casa donde creció, lo que despertará algunos de sus temores más profundos, paranoias y lo sumergirá en un viaje a través del subconsciente. Gran parte de la película consiste en mostrar, mediante imágenes y alegorías, el efecto que el trauma y la paranoia tienen en la estructura de la psique humana.
El retrato oscuro de las relaciones familiares no es ajeno a la filmografía de Aster, sus películas anteriores, Hereditary y Midsommar, están centradas en las relaciones humanas dentro del contexto familiar y las emociones de pérdida, ansiedad, negación, culpabilidad y depresión, que surgen de la interacción entre sus miembros.
“Beau is Afraid” no es la excepción a esta reiteración temática. Por el contrario, reúne todos estos tópicos y los aborda a través de un viaje a las entrañas de la conciencia. La última película de Ari Aster es la muestra más acabada de la estética y narrativa de un ciclo de horror millennial: el Post Horror. Sin embargo, cuando una película logra reunir todas las convenciones que caracterizan a un ciclo, lo que acontece a continuación es la repetición y el desgaste.

El estigma del horror

Antes de explicar por qué estoy convencido que estamos presenciando el desgaste de un ciclo dentro del horror, considero importante aclarar algunas categorías básicas. Aunque, como sucede con toda categorización, éstas siempre están sujetas a disputas y reacomodos.
El término “Elevated Horror” designa una de las tendencias más importantes del cine de horror en lo que va del siglo XXI, cuyo inicio puede situarse más o menos en el 2014 con la aparición de cintas como “It Follows” (2014); “A Girl Walks Home Alone at Night” (2014); “Babadook” (2014); “Get Out” (2017); “The Witch” (2015); “Midsommar” (2019) y “Annihilation” (2018), entre otras. Todas estas películas tienen una notable complejidad temática, sus narrativas son notablemente ambiguas y tienen una predilección por la exploración estética y los temas políticos, acercándose a los temas del horror desde una perspectiva antirracista, feminista, ambientalista y progresista.
Aunque hay quienes consideran que el “Elevated Horror” es un subgénero dentro del cine de horror, lo cierto es que debe considerarse simplemente como un ciclo dentro de una tradición más abarcante: el “Art-Horror Cinema” o “Art-Horror House”. Y es precisamente aquí donde comienzan los problemas con la categorización; pues el término “Elevated Horror” hace suponer que existe un “Low Horror”, es decir, un cine de horror con menor manufactura, menos “inteligente” y con menores consideraciones estéticas, políticas y simbólicas. En otras palabras, un cine de horror con menor valía y no apto para las exigencias de un público que quiere ver algo más que Jumpscares.
Como señala Joan Hawkins, el término “Elevated Horror” supone una estratificación del gusto que privilegia la “alta cognición” por encima de las sensaciones corporales: mientras el gore, por ejemplo, tiene como objetivo provocar la sensación de desagrado y shock en el espectador mediante la exposición del cuerpo, visceras y sangre, el “Elevated Horror” privilegia la contemplación estética, la reflexión política y el simbolismo (aunque a veces también hace uso de elementos gore como las decapitaciones de Ari Aster). Esta distinción es una instancia más de la vieja división moderna entre mente y cuerpo, donde todos los contenidos dirigidos al enriquecimiento de las facultades cognitivas son privilegiados, mientras todas aquellas emociones que tienen como base la corporalidad son despreciadas.
El término “Elevated Horror” es otra forma de establecer un orden jerárquico entre la llamada “baja” y “alta” cultura. Lo mismo sucede con la categoría más general “Art Horror Cinema”, en la que se incluyen películas como “The Cabinet of Dr Caligari” (1920); “Vampyr” (1932); “Eraserhead” (1977); “Possession” (1981); “Hour of the Wolf (1968), y otras. Ambas categorías no designan solamente consideraciones estéticas, sino que funcionan como rótulos diferenciadores y excluyentes a partir de los cuales se busca perpetuar ordenes jerárquicos.
Por ejemplo, el director Dennis Widmyer afirmó que su adaptación de “Cementerio de animales” era “una película de terror muy elevado”, para señalar que, a pesar de ser una película de horror, contiene otros elementos que pueden atraer a la crítica y al espectador que busca “la experiencia estética del cine” y que no se conforma con una película de horror “tradicional”. El propio Ari Aster, en entrevista con ScreenCrush afirmó respecto a “Hereditary”: fui muy ”cuidadoso para no llamarla en ningún momento película de terror, ni a la gente del equipo ni a la gente a la que hacía pitching”, y manifestó su preferencia a la hora de describirla como ”una tragedia familiar que deriva en una pesadilla”.
Al parecer, el llamado “Elevated Horror” intenta ser cualquier otra cosa, pero menos cine de horror. El adjetivo “elevado” repite y perpetúa el estigma que comúnmente se le ha atribuido al cine de horror, al considerarlo una manifestación básica, efectivista y dentro del gusto de un público poco exigente.

Beau is afraid y el Post-Horror en el cine

En este sentido, no resulta extraño que la última película de Ari Aster, “Beau is Afraid” no encaje en lo que comúnmente llamamos cine de horror. Si bien es cierto que existen momentos, imágenes y textualidades, que podrían considerarse propias del género, “Beau is Afraid” funciona (como todas las películas anteriores de Aster) como un oscuro drama familiar. En resumidas cuentas, “Beau is Afraid” es un claro ejemplo de lo que David Church denomina Post Horror. El cine de horror como lo conocimos en los 80, 90 y principios del 2000, ya no existe. Los millennials han cambiado el cine de horror y actualizado sus fronteras.
El término Post Horror fue utilizado en julio de 2017 por el columnista de The Guardian Steve Rose para designar un corpus de obras que -todavía con un pie dentro del género- se alejan de los clásicos convencionalismos y clichés del horror, aproximándose más al drama experimental, la introspección y el cine onírico.
Para David Church, el término Post Horror se plantea como una alternativa al problemático “Elevated Horror”, además de designar, de una mejor manera, las características principales de este ciclo, como el minimalismo estilístico, la ambigüedad de la narrativa, la prioridad de la atmósfera extraña, el efecto onírico, las emociones oscuras y las motivaciones crípticas de los personajes. A diferencia de las películas de horror más tradicionales, los directores del Post Horror (casi todos nacidos en la década de los ochenta y principios de los noventa) priorizan el minimalismo por encima del maximalismo, las tomas frías y distantes por encima de la edición frenética y los jumpscares, las referencias artísticas por encima del efectismo, y la ambigüedad poética por encima del shock. La presencia de lo monstruoso se hace desde la analogía y pocas veces se puede ver al monstruo directamente, a lo mucho se conocen sus vestigios y efectos. Con una marcada inclinación simbólica, el horror se construye desde el lado oscuro de la existencia humana.
“Beau is Afraid” es claramente la muestra más completa del Post Horror, de la cinta que explora desde lo onírico la oscuridad de la psique. En unos años más, veremos a “Beau is Afraid” como la muestra más emblemática de una generación interesada por el trauma, las relaciones humanas y familiares, los grupos minoritarios y el activismo político. La última película de Ari Aster reune todas las convenciones, tópicos y formas del nuevo cine de horror millennial. Sin embargo, debemos tener en cuenta la naturaleza de ciclos anteriores en la historia del cine y particularmente del horror, una vez que se llega a este grado de autoconciencia comienza la repetición y caída. Como una parábola que alcanza su punto más alto y comienza a descender.
Y no digo que “Beau is Afraid” sea el punto mas alto del Post Horror por su perfección, sino simplemente porque reúne todas sus características y las muestra explícitamente. Es la manifestación de una toma de conciencia que se viene construyendo desde hace 10 años y que cobra forma en una película de tres horas que hace uso de todos los recursos a su disposición dentro de las convenciones del Post Horror.
Tampoco estoy diciendo que de aquí en adelante no pueda surgir una buena película de Post Horror, sino que ya vimos su máxima expresión. ¿Qué podemos esperar en el futuro? ¿Otro drama familiar de Ari Aster? ¿Otra película de Jordan Peele denunciando el racismo? Ambas temáticas no solamente están dentro de los intereses del espectador millennial, sino además configuran el orden social en que vivimos. No obstante, considero que todo ciclo tiene su prime y su caída. En este caso considero que hemos alcanzado el prime en lo que respecta a este ciclo de horror a través de una toma de conciencia de sus principales convenciones, habrá que atestiguar el desgaste y la caída. Pero sobre todo, estar atentos a lo que surge después, en la reconfiguración del horror a través de la mirada de nuevas generaciones.

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