La sesión #49 de BZRP con Residente se mantiene, hasta ahora, como número 1 en tendencias de música, alcanzando más de 45 millones de reproducciones en menos de una semana. No es para menos, la tiradera entre Residente y J. Balvin se ha convertido en una guerra de dos bandos: los que apoyan a René (ex Calle 13) y los que apoyan al rapero/reguetonero colombiano, J. Balvin.

La guerra verbal puede resultar entretenida, pero como nos hizo notar la rapera @diosaespiral, la tiradera entre ambos raperos es la manifestación de una masculinidad violenta que hace uso de expresiones sexistas para humillar a su adversario. Para señalar el machismo y racismo de J. Balvin, Residente hace uso de un lenguaje violento que termina por reafirmar dañinos estereotipos de género.

En esta batalla de omvrez los estereotipos, la misoginia y la homofobia son una herramienta para insultar al oponente.

Es más, la tiradera entre raperos solamente refleja un espíritu de competencia donde la masculinidad se encuentra vinculada a la idea de “el más fuerte”, “el más hombre”, “el más chingón”. Lo que contrasta visiblemente con otras iniciativas de rap feministas como Batallones femeninos, donde lo importante no es la competencia y la tiradera, sino el intercambio y la conformación de una comunidad.

En la sesión de BZRP, Residente recurre a la decolonización como referente inmediato para su tiradera contra J. Balvin: “Hoy les tumbo el marketing de un tirón, como tumbamos las estatuas de Cristóbal Colón”. Sin embargo, titula el primer capítulo de su rap: “En un lugar de la mancha…” , en clara alusión a “Don Quijote” de Cervantes, la obra española más importante.

Sin duda, el cervantismo hispanoamericano tiene características y preocupaciones propias, que lo distinguen del que podemos hallar en Europa. El cervantismo en América, en la mayoría de los casos, usa la obra de Cervantes como filtro para examinar el ámbito social, cultural, político y geográfico. Y eso lo celebramos. Pero señalamos la contradicción de alguien que ha utilizado la exaltación de los pueblos de América y el latinoamericanismo como instrumento de marketing, hasta el grado decir cosas como: “La real academia se la dejo a España” y “los acentos son porquerías inventadas por lo españoles”. El hecho de que ahora se suba a la palestra de Cervantes para llamar a otro tipo “bobo”, es una muestra de las contradicciones que caracterizan a René, las cuales no se reducen a lo lingüístico, sino también a sus polémicos posicionamientos políticos…En fin, alguien como René, que lleva el latinoamericanismo como bandera (y marketing), bien pudo haber elegido otro referente. Pero hagamos caso omiso de esta contradicción y pasemos a lo que nos interesa.

En la sesión con BZRP, Residente acusa de machista y racista a J. Balvin (lo cual es cierto). Pero él mismo hace uso de un lenguaje sexista y violento donde amenaza con “cog3rs3” a sus contrincantes. Porque en la idea de masculinidad que proyecta el rap de Residente, “hombre” es aquel que “cog3″ y no el que es “c0gid0”. “Hombre” es el que penetra y no el penetrado, “hombre” es aquel que impone violentamente su voluntad sobre el débil.

En otro momento, Residente recurre a la tradicional y machista diferenciación entre “gallo” y “gallina” para intentar humillar a otros exponentes del género urbano. Mientras el “gallo” es una imagen que refiere al valor y la grandeza, su versión femenina, la “gallina”, hace referencia a la cobardía. Así, Residente perpetúa la idea en la que muchos valores considerados socialmente negativos son atribuidos a lo femenino.

Otro insulto utilizado por Residente hace alarde de una masculinidad falocentrista, donde el peor insulto que puede recibir un omvre es que no se reconozcan sus genitales masculinos, es decir, sus “huevos”.

Muchas expresiones que Residente utiliza en su rap para atacar a J. Balvin no son muy distintas de las clásicas: ’lloras como niña; rapeas como niña; me cog* a tu madre, a tu abuela y a tu prima’. Expresiones cargadas de misoginia, homofobia, machismo y patriarcado.

Residente es la muestra de las masculinidades que asumen valores del feminismo pero que se siguen expresando de manera machista. Un recurso utilizado no solo por los omvres, sino también por la industria como estrategia de marketing.

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