C tangan masculinidades narcocultura

El día de ayer, C Tangana publicó en streaming su nuevo disco “El Madrileño”, el cual ha definido como “el disco de su vida”. En este nuevo álbum, el cantante español experimenta con varios ritmos latinoamericanos, entre ellos el corrido.

Para el tema “CAMBIA!” el español colaboró con Carín León y Adriel Favela, dos de los más reconocidos exponentes del género en México. Los rumores de esta colaboración datan desde mediados del 2019, cuando C Tangana compartió un tuit con un fragmento de la letra de “Cuando los Necesité” de Adriel Favela. Más tarde, en mayo de 2020 también compartió su gusto por la musica de Carín León cuando tuiteó el enlace de su canción “Me La Aventé” en Spotify, y en diciembre del mismo año tuvo una entrevista con Telehit donde mencionó a Carín como alguien con quien querría colaborar próximamente.

Finalmente, “CAMBIA!” apareció este año como el quinto track del último disco del madrileño. En entrevista con Billboard el cantante comentó que: “Tengo muchos amigos mexicanos y me hablaron de una nueva moda sobre jóvenes artistas haciendo más corridos urbanos. Y durante un viaje a Mexico, escuché a Carín León en la radio, y la melodía me recordó al pop español de los 90’s, como Andy y Lucas”. Y continua: “Una noche en Madrid, empezamos a escribir un corrido, le mandé la demo a Adriel desde el celular y la escuchó durante un tour en bus con sus músicos. Media hora después, me mandó un video con todos ellos cantando y tocando la canción”.

“CAMBIA!” es un tema que aborda cuestiones como la influencia que tiene el contexto en la conformación de la identidad de las personas, a la vez que hace un reproche por parte de quienes han crecido en contextos adversos y de la noche a la mañana se les pide que abandonen su forma de vida, sin tener en cuenta todo el proceso mediante el cual estas personas han forjado sus identidades.

La canción inicia con la mención de un modelo de masculinidad vinculado al poder y al dinero al cual se aspira llegar, para conseguir así todas aquellas promesas que conlleva:


«Crecí pensando que solo el billete me daría mi respeto
Que un hombre que no tiene pa’ gastar no es un hombre, solo un muñeco
Que siempre te van a sobrar amigos y ni se diga mujeres cuando abunden los diamantes”

Pero la canción no señala únicamente el ideal de masculinidad ligado al poder del dinero, sino que además reprocha el hecho de que, una vez alcanzado dicho ideal, se le pida al individuo que cambie sus formas y maneras:


“Y hoy que brilla más mi cuello que Las Vegas me piden que cambie».

“CAMBIA!” no solamente alude a este ideal de masculinidad, el cual es adquirido y asumido por la influencia del contexto: «Crecí pensando…» Sino que además enfatiza la violencia que está presente en estos contextos de aprendizaje en los cuales un individuo constituye su identidad:

“Soy desconfiado y no permito que cualquier cabrón se ande acercando
Amigo por las buenas y en las malas, le entramos a los chingazos (Díselo)»

Conforme avanza la canción la especificidad del contexto en el cual se construye este ideal de masculinidad se va acotando:

«Crecí escuchando historias de valientes en los versos de Chalino
Queriendo armas, casa y carro nuevo, con eso se forjó el niño»

Claramente, la canción alude al territorio mexicano en el que se ha gestado la lucha contra el narcotráfico (y donde ciertamente también se escuchan las canciones de Chalino). En este territorio, se ha construido un ideal de hombría y de identidad sexo-génerica que ha sido impuesto sobre muchos jóvenes y niños criados en la narcocultura, la cual se articula alrededor de la oferta de proyectos ideológicos, entre ellos los ideales de masculinidad ligados a la riqueza, las marcas caras, las armas, el reconocimiento, la valentía, el sexo y la abundancia.

En este sentido, Guillermo Núñez Noriega y Claudia Esthela Espinosa Cid afirman en su artículo: “El narcotráfico como dispositivo de poder sexo-genérico: crimen organizado, masculinidad y teoría queer”, que la cultura del narcotráfico no es solamente un elemento circunstancial, sino un dispositivo de poder material y discursivo mediante el cual se construyen y condicionan los cuerpos, subjetividades, identidades y relaciones: “El crimen organizado, en específico el que se vincula con el tráfico de drogas, es un dispositivo de poder sexo-genérico que interpela a los sujetos en cuanto que proyectos ideológicos de identidad sexo-genérica y los construye como sujetos idóneos para sus actividades”.

“CAMBIA!” presenta este ideal de masculinidad vinculado al poder en el que los jóvenes y niños son formados dentro de la narcocultura y el machismo. Paro además, también pone de manifiesto como estos niños, ya convertidos en adultos, son señalados y condenados por una sociedad que los dejó en abandono y expuestos a estos ideales de masculinidad y hombría.

En el artículo de Núñez y Espinosa se cita una investigación de Barragán Bórquez, “Por el recorrido de la vida y la muerte: identidad y aprendizaje social en Jóvenes Sicarios en Sonora” en la que se señala, con base en entrevistas a jóvenes, que “el factor económico no era realmente la razón para ingresar al crimen organizado; en su lugar, mencionaron el gusto por las armas, las imágenes de narcos, la fascinación por los corridos de narcotraficantes, la experiencia de camaradería en el uso de drogas, las aspiraciones de parecerse a sus padres, tíos o conocidos inmersos en esas actividades y, paradójicamente, en los cuerpos armados”. Esto es, un ideal de masculinidad.

«Me hicieron pensar que si cada noche no salía envuelto en Gucci yo no era más que un don nadie
Y ahora que sobran ceros en el banco me piden que cambie”

Esto pone de manifiesto que el machismo, y en específico la narcocultura, tiene un universo simbólico propio, un sistema de valores específico, cuya premisa básica es el honor, la valentía, el prestigio, la venganza, la heterosexualidad y las mujeres. Todos estos elementos configuran el “anhelo de poder” de un ideal de masculinidad. Por este motivo, el narcotráfico y la narcocultura deben comprenderse como un dispositivo de poder sexual y de género en el que la participación de los varones no obedece únicamente a motivaciones de carácter económico o social, sino también a la construcción de un ideal de hombría para quienes integran o aspiran a incorporarse a esas actividades.

Ahora bien, estos niños no eligen este ideal de masculinidad. Por el contrario, les es impuesto desde edades muy tempranas por su contexto. Cuestiones como:

“De niño me enseñaron a ser gallo y que un cobarde es un gallina
Que el hombre que las morras aman bravo va de a golpes por la vida”

Son mantras que se repiten por generaciones y que construyen subjetividades, y que cuando estos ideales no se alcanzan se convierten en una agonía constante para el individuo, quien permanece en un estado liminal por alcanzar un ideal de masculinidad que se anhela desde la más tierna infancia.

Aunque «CAMBIA!» no alude directamente al narcotráfico, en México la vía rápida para conseguir «armas, casa y carro nuevo» no es otra que el negocio de las drogas. Este ideal de masculinidad vinculado a estas exigencias, provoca que miles de jóvenes y niños engrosen las filas del narcotráfico. Sin embargo, el punto de la canción no es enaltecer este tipo de masculinidad sino señalar lo paradójico que resulta dejar abandonada a la infancia ante este tipo de modelos y pedirle posteriormente que cambie de un momento para otro:

“Y ahora le rascan los huevos al toro y a la hora de los chingazos no saben ni a quién rezarle
Y ahora que saben cómo ruge el león me piden que cambie (¡Ea!)”

Si bien es cierto que en todas las sociedades hay siempre más de una propuesta de lo que implica ser hombre, se debe señalar que estos niños no eligieron. El problema es que México tiene una infancia abandonada, que construye su identidad bajo una exigencia sociocultural e histórica precaria, inestable y contradictoria, expuesta a la presencia de modelos conductuales que se distinguen por un exacerbado “anhelo de poder”; y por la persecución constante del hedonismo y prestigio social a costa de lo que sea. «CAMBIA!» apunta justamente en esta dirección y señala también la ironía de que sea la sociedad quien le pida a los individuos que abandonen un ideal de masculinidad que la misma sociedad les ha inculcado. Esto de ninguna manera exime responsabilidades ni justifica el machismo, pero manifiesta el círculo vicioso en el que se pueden atrincherar estos ideales nocivos de masculinidad, círculo que es necesario romper de una vez y por todas.

En entrevista a C Tangana se le preguntó cómo le sentaba que le llamasen «heterazo», a lo que el artista contestó: «Es que es verdad. Todo lo que me ha enseñado el feminismo es que soy un heterazo y que estoy dominado por todos los patrones de macho, ¿tú no?». Y añadió: «Soy un machirulo aunque no quiera».Lo complicado aquí no consiste solamente en reconocerse como «macho», sino romper con este círculo del «machirulo» que nos ha sido inculcado desde la infancia.

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