Lo que «Children of Men” (2006) tiene de particular es el fondo político y económico en el cual se desarrolla. A diferencia de otras distopías cinematográficas en las que regularmente se retrata un Estado totalitario que vigila y castiga a los ciudadanos, la cinta de Cuarón es específica de las condiciones impuestas por el Capitalismo tardío.

Para Mark Fisher, “Children of Men” nos recuerda inevitablemente la frase atribuida tanto a Fredric Jameson como a Slavoj Žižek: “es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”. En el mundo de “Children of Men” las cadenas de café y los anuncios espectaculares coexisten perfectamente con los campos de concentración. La distopía que proyecta la película es una extrapolación o exacerbación del mundo capitalista que vivimos y conocemos, demostrando que el ultraautoritarismo y el Capital no son de ninguna manera incompatibles.

Fisher resalta el hecho de que la catástrofe en “Children of men” no inicia en un momento puntual. El mundo no termina con un golpe seco: más bien se va extinguiendo gradualmente. El autoritarismo que se vive en la película ha logrado instaurarse en el marco de una sociedad democrática que vive una ocasión de emergencia: una peste de infertilidad.

De la misma manera como sucede con la pandemia por Covid, las personas son capaces de ceder sus derechos fundamentales en nombre del miedo y el terror. En “Children of Men” se retrata precisamente un mundo donde la crisis se ha normalizado y resulta casi imposible dar marcha atrás. El capitalismo es lo que queda en pie cuando las creencias colapsan, dejando como resto solamente al consumidor-espectador que camina a tientas entre reliquias y ruinas.

¿Pero qué pasa con la catástrofe? Para Fisher es evidente que debemos leer metafóricamente el tema de la infertilidad, como el desplazamiento de una angustia de otro tipo. La angustia proyectada en “Children of Men” exige ser leída en términos culturales. Por lo que la pregunta que nos hace la película es: ¿cuánto tiempo puede subsistir una cultura sin el aporte de lo nuevo? ¿Qué ocurre cuando los jóvenes ya no son capaces de producir sorpresas?

La sospecha de que el fin ha llegado se conecta en “Children of men” con el horror de que tal vez el futuro solo nos depare reiteraciones y permutaciones: no hay salida a la situación de crisis en la que vivimos, solo nos queda soportar la repetición cíclica de los acontecimientos, sin novedad, sin sorpresas, solo la repetición.

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