En estos días trascendió la noticia de que abogados indígenas comunitarios interpusieron una queja ante la ONU, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) por el trato discriminatorio realizado por la antes conductora de televisión y ahora senadora de la república, Lilly Téllez.

Todo ocurre porque el pasado 2 de noviembre, Andrés Manuel López Obrador se hizo una “limpia” en el patio de Palacio Nacional. A la ahora senadora Lily Téllez le pareció una buena oportunidad para lanzar el siguiente tuitazo:

La senadora se ha mantenido en la discusión pública, sobre todo por sus críticas a las medidas que la Secretaría de Salud ha tomado para combatir la pandemia. En ese contexto, criticó que en lugar de atender los datos científicos, se hicieran “limpias”. Las cuales -según sus propias palabras- idealizan la ignorancia y no son más que “superchería”.

Y es que es una idea bastante difundida que la ciencia es la disciplina que nos puede otorgar el único conocimiento válido y verdadero del mundo. Por lo que cualquier otro tipo de conocimiento, que no sea el científico, debe considerarse falso. Ese es el significado del adjetivo que la senadora decidió utilizar: “superchería”, un engaño o fraude que consiste en suplantar una verdad con una falsedad. Lily Téllez descalifica todo un sistema de creencias, y con la mano en la cintura lo considera ignorante, falso y engañoso.

Pero lo cierto es que los estudios sociales, filosóficos e incluso científicos más contemporáneos en ningún sentido avalarían la creencia que la senadora (y mucha gente) tiene respecto a la ciencia. Para empezar, hay teóricos que dirían que la ciencia nada tiene que ver con la verdad. El conocimiento científico puede ser una poderosa herramienta para comprender, describir y modificar el mundo pero no necesariamente esto implica que sea verdadero. Y mucho menos, el único válido.

En filosofía hay un argumento llamado «metainducción pesimista» formulado por Larry Laudan. Este argumento dice que hay casos en la historia de la ciencia que nos demuestran que aquello que durante cierto período o contexto histórico fue considerado verdadero posteriormente fue corregido y considerado falso. Como el modelo geocéntrico del universo. Por lo que no tendría ningún sentido asegurar que el conocimiento científico actual sea una descripción verdadera y exacta de cómo es el mundo. Nos equivocamos al asumir que la ciencia es el único discurso universalmente válido, y esta creencia errónea nos ha llevado a invisibilizar y menospreciar otro tipo de saberes. Es cierto, la ciencia es una herramienta poderosísima para comprender y modificar el mundo en que vivimos, y según nuestro sistema de valores occidentalizados, quizás sea la mejor ¿Pero eso es motivo suficiente para llamar a otro tipo de saberes “superchería” e “ignorantes”?

Un proyecto de nación, donde convivan pueblos y grupos con distintas prácticas, morales y culturales, y que reconozca la diferencia y pluralidad, requiere de la renuncia a cualquier tipo de absolutismo en el que se afirme que únicamente existe un pensamiento correcto, una única manera correcta de entender el mundo o un único conjunto de normas válidas. Vivimos en una pluralidad de formas de vida y saberes, donde el contexto material e intelectual condiciona las acciones y creencias de los individuos. Por lo que no existe un único criterio válido que deba ser impuesto a todos por igual, respecto a lo que es racional o no.

Se debe tener en cuenta que la razón es una capacidad que las personas ejercen en contextos diferentes, donde la información puede ser muy distinta, lo mismo que los recursos conceptuales, técnicos y valorativos. Si entendemos a la racionalidad como una capacidad, una gran variedad de creencias y de acciones de distinto tipo pueden calificar como genuinamente racionales. Afirmaciones como la de Lily Téllez invisibilizan y menosprecian otras Formas de vida. Ejercen violencia sobre el conjunto de creencias de otros pueblos, alteran y niegan los significados de la vida cotidiana, jurídica, moral y simbólica de individuos y grupos diferentes. Sus expresiones invisibilizan al otro, expropiándolo de su posibilidad de representación, borrando y anulando los sistemas de simbolización, prácticas, subjetivación y representación que el otro tiene de sí mismo, como de las formas concretas de representación, registro y memoria de su experiencia.

Esto no implica sustituir las pruebas de Covid por «limpias», aunque quien quiera recurrir a estos medios ancestrales tiene la libertad de hacerlo. Vivimos en una sociedad occidentalizada que valora la eficacia, la prueba y la evidencia empírica, el mundo se ha organizado de esa manera y con ella busca combatir esta pandemia. Aunque en el trayecto otro tipo de saberes han sido excluidos y borrados, hasta el grado de tacharlos -como lo hace la senadora- de falsedades y supercherías. El error está en intentar excluir otras Formas de vida bajo el falso supuesto de que la nuestra es la única válida y verdadera, porque no hay ningún argumento sólido para esta afirmación.

Bien valdría la pena que la senadora hiciera a un lado sus absolutismos y privilegios para cuestionar tantito sus creencias. Aunque tal cosa parece lejana, pues en otro tuit dirigido a la profesora Teresa de Jesús Ríos García, directora del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), hace una maroma retórica al señalar que existen varias reformas de ley a favor de los pueblos indigenas que se encuentran varadas por la falta de atención por parte del gobierno federal (lo cual es cierto). Pero mostrando el arrojo, temple, valentía y condecendencia de los que ignoran muchas cosas, repitió que la “limpia” sigue siendo un “mal ejemplo” para el pueblo mexicano en estos tiempos de pandemia.

Pueblos y vidas resisten conservando sus saberes y prácticas, ejercen su derecho de representación en un mundo cada vez más globalizado, capitalizado y homogéneo. Y antes de excluirlos y llamarlos «ignorantes» y «falsos», deberíamos cuestionar también nuestras creencias más básicas, las cuales, te puedo asegurar, carecen de justificación. Como por ejemplo, las mismas creencias religiosas de la senadora o creer que existe un único conocimiento válido y verdadero del mundo.

Menos absolutismos y más diversidad, por favor.