Cine y cuerpos cyborg: los límites humanos en la era tecnológica

Cuerpos Cyborg

La construcción de los cuerpos cyborg no es un futuro lejano, es una realidad contemporánea de la que somos dependientes. Hablar de cyborgs es hablar de intervenciones tecnológicas que van desde trasplantes de órganos y operaciones reticulares hasta la trasposición de una consciencia humana dentro de un avatar de inteligencia artificial. Entonces, si las personas somos más tecnología que humanos, ¿qué es aquello que nos diferencia hoy en día de una computadora?

La palabra tecnología contiene sus raíces en el concepto griego tekné. De acuerdo con Aristóteles, este hacía referencia a la capacidad del ser humano para fabricar o producir algo a partir de una materia. Posteriormente, este concepto fue adoptado por corrientes filosóficas como la Escuela de Frankfurt, donde se resignificó como la capacidad mental y física del ser humano para dominar la naturaleza. Sin embargo, en el contexto actual, la tecnología no solo nos permite dominar la naturaleza como algo externo, tangible, sino que también nos brinda la capacidad de transformar nuestros propios cuerpos y nuestras consciencias.

Ya desde la Escuela de Frankfurt, Walter Benjamin escribía su análisis social basándose en el primer capítulo animado de Mickey Mouse, donde el ratón, haciendo uso de su conocimiento y sus habilidades físicas, lograba desafiar la gravedad al construir un avión a partir de las materias primas a su alrededor. Para el Benjamin de esa época, Mickey Mouse representaba todo lo que estaba mal con la sociedad: el insaciable deseo por doblegar la naturaleza en nombre del “progreso”. Nuestro querido filósofo era todo un hater de la industria de Disney desde antes de que estuviera de moda odiar a este monopolio.  

En épocas más actuales, películas como Poor things y Crímenes del futuro nos brindan un acercamiento al dilema sobre la construcción de seres humanos a partir del dominio y control sobre la naturaleza de nuestros propios cuerpos. En el caso de Poor things, Bella Baxter, el personaje principal, se convierte en la materialización de una consciencia híbrida creada a partir de la experiencia corpórea de un ser humano que no es ni un bebé ni una mujer. Este personaje nos confronta con preguntas profundas sobre la identidad y la ética en la era de los cuerpos cyborg ¿Qué tan lejos pueden llegar las transformaciones tecnológicas sobre los cuerpos humanos? ¿Cómo pueden reconciliarse las nociones tradicionales de la identidad con las nuevas hibridaciones que surgen de la integración tecnológica?

De acuerdo con Dona Haraway, un cyborg se define como un híbrido entre máquina y organismo, una criatura que es producto de la realidad social, pero también de la ficción. Para esta filósofa, el cyborg es una figura que sirve para imaginar la disrupción del sujeto hegemónico. Al igual que los centauros y las amazonas en su tiempo, el cyborg permite hoy en día pensar en una persona hibridizada, la cual se encuentra al margen de la modernidad, por lo que funciona como una figura disruptiva de todos los conceptos éticos y legales que han sido pensados previamente.

Llevando la idea de la hibridez a un nivel más extremo, encontramos películas como Yo, Robot que nos plantean un escenario terrorífico para muchas personas. En un futuro donde los robots sirven a los seres humanos, las máquinas son capaces de generar su propia consciencia y se revelan tomando el control sobre los medios de producción (una distopía cyber-marxista si a mí me preguntan). En este caso se plantea el dilema de una consciencia, la cual sigue el proceso de aprendizaje de cualquier psique humana, pero su materialidad no es orgánica, es completamente maquinaria.

Es decir, la ciencia ficción ya no solo nos presenta el escenario de una consciencia humana que es traspasada a una máquina, sino que nos ha planteado la posibilidad de crear una consciencia a partir de la tecnología, y, es que, en muchos sentidos, los procesos de construcción de las máquinas se asemejan a los procesos de construcción de la psique humana. En ambos casos estamos hablando de un sistema autónomo que organiza las experiencias individuales mediadas por la cultura y las estructuras sociales. Tomemos como ejemplo a Wall-e, el pequeño robot que, a partir de los vestigios de la civilización humana, se convierte en un ser que anhela amar y ser amado ¿A quién no le gusta ver una bella historia de amor entre dos consciencias híbridas?

Cuerpos Cyborg

Tal vez es difícil, aún hoy en día, concebir la existencia de una consciencia cuya materialidad está constituida únicamente por cables y enchufes. Sin embargo, es cierto que es imposible encontrar actualmente a alguien que no haga uso de la tecnología para modificar sus cuerpos. Los anticonceptivos, los anteojos, las vacunas, todos estos son ejemplos básicos de la hibridación entre lo orgánico y lo tecnológico, por lo que no podemos negarnos a existir sin estos productos.

En este contexto, el cine de ciencia ficción nos permite imaginar los escenarios más extremos de la hibridación humano-máquina, presentándonos en muchas ocasiones historias terroríficas y distópicas que tocan los miedos más profundos del ser humano. Sin duda, hay que agradecerles a todas estas películas por presentarnos narrativas que no solo son una ficción proyectada, sino también una ventana a los futuros debates de esta sociedad cyberpunk.

La construcción de los cuerpos cyborg no es un futuro lejano, es una realidad contemporánea de la que somos dependientes. Hablar de …

El universo de “Dune”, tanto en el libro como en la versión de Villeneuve, se construye en gran medida sobre el imaginario islámico.