“Crimes of the Future” de David Cronenberg trata de muchas cosas, incluyendo el deseo, la muerte, el dolor, el placer, la transformación, la trascendencia, el transhumanismo, la intervención del cuerpo como una nueva forma de sexo/arte, y claro, el body-horror.

Para gran parte de la crítica, “Crimes of the Future” no es tan impactante como algunos de los clásicos de Cronenberg: “Shivers”, “Scanners” o incluso «The Fly”. Si bien es cierto que en esta película se nos muestra un body-horror mucho más limpio y depurado, también es cierto que el director no decepciona en la dimensión conceptual y filosófica de su obra. Cronenberg, de 79 años, hace entrega -nuevamente- de una poderosa bomba conceptual en la que se someten a escrutinio nuestros procesos evolutivos, su administración e intervención tecnológica.

En una época de acelerado crecimiento tecnológico y crisis ambiental, Cronenberg cuestiona el thelos de la evolución humana: ¿la evolución es un proceso “natural” o por el contrario, es un proceso que la humanidad puede dirigir a voluntad y que no se limita únicamente a lo biológico, sino que también puede extenderse al ámbito de lo estético? La película nos confronta también con otros cuestionamientos: ¿puede el Estado vigilar y controlar el desarrollo evolutivo de los ciudadanos?, ¿es posible una reapropiación estética de la tecnología médica?

“Crimes of the Future” es un complejo tejido de conceptos e ideas. En este texto voy a ocuparme únicamente de tres aspectos: 1) la intervención antropotécnica de los procesos evolutivos; 2)la biopolítica de los cuerpos; y 3)el bioconservadurismo.

Intervención antropotécnica y procesos evolutivos independientes

Peter Sloterdijk define las antropotécnicas como el camino a una identidad posthumana. Estas antropotécnicas se entienden como los procedimientos mediante los cuales lo humano se autotransforma y redirige sus procesos biológicos para hacer frente a sus deficiencias e inmunizarse ante los peligros de la existencia. “Crimes of the Future” plantea un escenario donde el ideal posthumano se muestra inevitable, ya sea por la vía de una evolución “natural” o por la vía de la transformación tecnológica.

La película inicia con el asesinato de Brecken, un niño cuyo proceso evolutivo le ha dotado de la peculiar cualidad de poder digerir cualquier tipo de plástico. La predisposición genética de Brecken no es fortuita, su padre (de nombre Lang e interpretado por Scott Speedman) es un transhumanista que se ha sometido a diferentes cirugías underground para acelerar su proceso evolutivo. Él, junto con otros individuos convencidos de que este es el futuro de la humanidad, han modificado sus genes y redirigido sus procesos biológicos para poder alimentarse de los desechos plásticos que contaminan el planeta. Lang y sus seguidores ven esta evolución como digna de celebración, una forma de transhumanismo en la que los humanos evolucionan para comerse sus propios desechos.

Sin embargo, las antropotecnologías no son el único camino a este futuro de la humanidad. Saul Tenser (Viggo Mortensen) es un artista que, junto a su pareja Caprice (Léa Seydoux), llevan a cabo actos de performance centrados en la intervención de su corporalidad. Tenser tiene una especie de «síndrome de evolución acelerada” que le permite generar dentro de sí nuevos órganos internos de función no especificada. Los cuerpos de personas como Tenser, parecen estar un paso más adelante en el desarrollo evolutivo. Pero, a diferencia de Lang que celebra la llegada del futuro transhumanista, Tenser está íntimamente ligado al deseo de controlar su cuerpo. Sus actos de performance consisten en intervenir y extraer los nuevos órganos que brotan dentro de sí: la manifestación artística del rechazo y negación de los cambios que Tenser experimenta en su propia corporalidad.

Tenser administra y aprovecha estéticamente los procesos involuntarios de su cuerpo. Aunque parece no estar del todo contento con ellos, oscilando entre una actitud de rechazo y aceptación, su condición puede interpretarse como una anarquía de la biología que puede ser intervenida, aprovechada y controlada.

Biopolítica y control de los cuerpos

El control sobre los cuerpos, y sus procesos de cambio y transformación, es un aspecto central en la trama de “Crimes of the Future”. Los cuerpos de personas que experimentan un proceso evolutivo acelerado, como Tenser, Brecken y Lang, son constantemente vigilados y regulados.

Como en otras películas de Cronenberg, la burocracia gubernamental tiene una importancia relevante. Instituciones como “New Vice” y el “Registro Nacional de Órganos” vigilan y administran el crecimiento de los nuevos órganos en los ciudadanos. Cualquier persona a la que le crezca un nuevo órgano debe registrarlo, Timlin (Kristen Stewart) y Wippet (Don McKellar) son los funcionarios encargados de marcar y registrar el crecimiento de nuevos órganos en la población.

En el futuro retratado por “Crimes of the Future”, el Estado extiende su soberanía sobre el cuerpo de los ciudadanos y sus procesos de transformación. El cuerpo deviene en objeto de dominación y nuevo territorio de conquista para regular y controlar a las poblaciones. Manipular, controlar y gestionar la evolución de los cuerpos se convierte en un objetivo no solamente de escrutinio biológico y científico, sino de políticas públicas, pues existe el temor de que los cuerpos con un proceso evolutivo acelerado se conviertan pronto en una amenaza.

Bioconservadurismo

Aparentemente, el gobierno no cree que los cuerpos evolutivamente acelerados sean beneficiosos para el orden social y hace todo lo posible para evitar que el caso de Brecken sea conocido públicamente. Este temor se nos muestra también a través de la madre biológica de Brecken, la cual nunca deja de verle como un monstruo hasta el momento en que provoca su muerte. De igual manera, el detective encargado del departamento “New Vice” se refiere constantemente a personas como Lang, Brecken y Tensen, como “freaks” que deben ser erradicados.

En “Crimes of the Future”, el Estado y sus funcionarios manifiestan siempre una actitud bioconservadora, cuya preocupación principal es que las antropotecnologías aplicadas a la transformación humana puedan “deshumanizar” y “corromper” el rumbo “natural” de la evolución.

Sin embargo, en el futuro posthumanista de Cronenberg ya no existe una clara distinción entre “natural” y “tecnológico”, entre lo “interno” y lo “externo”, Tenser básicamente vive su humanidad en una condición de apertura, donde las fronteras entre lo “interior” y lo “exterior” se vuelven difusas, además de estéticas. La conexión entre el arte y los cuerpos, entre los esfuerzos creativos y la transformación física perdurable de la vida humana, es una inspiración de larga data en la obra de Cronenberg. En “Crimes of the future”, el arte de Tensen tiene lugar en medio de un proceso de rápida transformación evolutiva. Pero no es sólo la nueva carne la que ha cambiado, sino que la sociedad en general ha superado la dualidad de lo analógico y lo digital, de lo natural y lo tecnológico. Incluso procesos tan “naturales” y elementales como la alimentación y el sexo, están atravesados por la nueva “tecnología».

“Crimes of the Future” es una mirada crítica al desarrollo tecnológico y autodiseño humano que busca tomar el control de nuestro destino evolutivo, reinventándolo como un proceso acelerado, autoconsciente y participativo.

Al margen de las «deficiencias» señaladas, por alguna parte de la crítica, en su realización, «Crimes of the Future» no escatima en lanzar hipótesis y conceptos aventurados respecto a la transformación del cuerpo, el futuro de la evolución humana y el papel de los Estados como entidades bioregulativas.

¡Larga vida a la nueva carne!

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