El Padrino
El Padrino

Estamos a casi medio siglo del estreno de El Padrino (1972), una de las películas más ambiciosas de la época, que logró reunir a Diane Keaton (Kay Adams), Talia Shire (Connie Corleone), Al Pacino (Michael Corleone), James Caan (Sonny Corleone), Marlon Brando (Vito Corleone), Robert Duvall (Tom Hagen) y a Francis Ford Copola (director).

Es indiscutible que el padrino es una de las grandes obras del cine, una de las películas más influyentes en la cultura actual. En términos generales, El Padrino es una película sobre el poder y es ese relato del hombre que llega de la nada, para construir un imperio, lo que hace de El Padrino una narrativa atractiva.

Sin embargo, también hay que decirlo, El Padrino es una ficción exclusivamente masculina. En esta trama, las mujeres son personajes secundarios, que solo observan, juzgan a lo lejos y padecen las decisiones de los personajes masculinos.

Masculinidad y poder en El Padrino

El Padrino reúne todo lo negativo del universo masculino, lleva hasta las ultimas consecuencias las acciones de la masculinidad. Hombres que, por la búsqueda de poder mienten, traicionan, violentan y asesinan.

Una masculinidad tradicional ligada a la violencia, la cual también utilizan para remarcar su propio status de hombres empoderados. En El Padrino todo aquello que está ligado a la feminidad o que presenta una masculinidad menos fuerte son quienes padecen la violencia (como es el caso de Fredo Corleone).  Pero ¿no puede esto también funcionar como una crítica?

En cierto sentido El Padrino describe una distopía patriarcal (en el sentido de ser una utopía negativa), un escenario donde se ejerce una identidad masculina machista, violenta, racista y homófoba. Un rol masculino que asume las funciones de protección y riesgo (Michael, Sonny y Vito), al tiempo que los conflictos fomentan la conciencia de poder, haciendo que éste sea un valor fundamental en el desarrollo de la película.

En el universo de la mafia el privilegio basado en el poder y la posesión fomenta, en los personajes masculinos, competitividad por alcanzar la más alta posición social y poder ejercer autoridad sobre los otros. Una familia jerarquizada, donde la visibilidad del poder es el valor más importante.

La figura femenina

En El Padrino las mujeres son los personajes que miden la moralidad. Tienen un rol silencioso, sumiso y solo aceptan su contexto. Sus decisiones se limitan al núcleo familiar.

Un claro ejemplo de esto es Kay (esposa de Michael Corleone) quien vemos como durante la saga comienza a decepcionarse por las decisiones de Michael. Kay es la medición de lo ético, es quien evidencia el cambio de Mike, quien con miradas dolidas y desesperadas anuncia la derrota del núcleo familiar y de la relación amorosa.

En contraposición está Carmela Corleone, esposa de Vito, quien es la matriarca de la familia, ella claramente tiene un papel secundario, apenas y la vemos en las películas. Este personaje asume su papel de autoridad dentro de la familia, pero lejos de los negocios, es quien apoya al esposo, a sus hijos y lleva el orden del hogar, sin cuestionar la barbarie de violencia que existe en el ambiente.

Los personajes femeninos se mueven en medio de ejes patriarcales. Un claro ejemplo es Connie Corleone, que si bien la saga comienza con su boda, constantemente la familia solo se refiere a ella como “mi hija”, “mi hermana”, “mujer” o “loca” (así la llama Carlo, su esposo).

Connie es el reflejo de la mujer que sufre esta realidad machista, que no tiene voz en las decisiones familiares, ni en su propio matrimonio, incluso existe un vínculo de dependencia con su esposo, el cual le es imposible romper.

En El Padrino las mujeres son la parte humana, la separación del bien y el mal, encarnan la desintegración del modelo familiar, son quienes evidencian la derrota moral del entorno masculino: el elemento catártico de la tragedia.

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