Arte de @deathburger
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Para Bruce Sterling el “Cyberpunk” es un modo de integración entre la High Tech y el Punk. Una amalgama entre la tecnología y las culturas marginales. Por esa razón, el “Cyberpunk” enfoca la vida de personajes socialmente relegados que habitan espacios controlados por la tecnología.

La evolución de este subgénero Sci-Fi le consolidó como una oferta estética en la que figuran nombres relevantes como Syd Mead, Masamune Shirow y Josan Gonzalez. Con el tiempo, el “Cyberpunk” ha ido madurando intelectualmente hasta constituirse como un subgénero enfocado a la crítica de las sociedades corporativistas y capitalistas. Esta crítica está presente en obras como “Blade Runner”, “Neuromancer”, “Akira”, “Dredd”, “Do Androids dream of Electric Sheep?”, por mencionar algunas.

Si existe algún cuestionamiento que atraviese por completo al “Cyberpunk” es aquel que interroga por las fronteras y derroteros de la identidad humana: ¿Dónde termina el cuerpo y comienza la máquina? ¿De qué depende tu identidad? ¿De tu cuerpo, tu mente, tus memorias?

La mayoría de nosotros puede distinguir (todavía) con cierta facilidad entre el cuerpo y los implantes biotecnológicos, u otras tecnologías. Sin embargo, poco a poco hemos extendiendo nuestra cognición a dispositivos tecnológicos: teléfonos celulares, computadores, tablets. De manera que la mente ya no está aprisionada por las paredes craneales, a este proceso de redistribución de la carga cognitiva se le conoce como “cognición o mente extendida”. De alguna forma somos híbridos que incorporan las tecnologías a su cognición y corporalidad para resolver nuestras actividades diarias. ¿Llegará el punto donde no podamos distinguir entre nuestra mente y la máquina, dónde los límites físicos de la humanidad ya no estén impuestos por el cuerpo y su biología?

Muchos teóricos proponen abandonar por completo la dicotomía natural/artificial y sustituirla por la distinción controlable/no controlable. Ya no importa si los organismos vivos son naturales o artificiales, lo relevante es el control técnico que podamos tener sobre ellos. El imaginario Cyberpunk ensaya esta misma situación hipotética. Nada hay en el universo Cyberpunk que no sea un bioartefacto: cuerpos humanos intervenidos tecnológicamente, realidad virtual y aumentada, organismos modificados genéticamente, ciudades inteligentes, cyborgs y armas biológicas.

Estos escenarios ya no son exclusivos del imaginario Sci-Fi, son una posibilidad que se abre paso a través de la realidad. Así, las primeras líneas de “Neuromancer” se convierten en el augurio de un futuro donde las intervenciones biotecnológicas y luces neón se tragarán nuestras precarias vidas, borrando por completo la línea entre lo natural y lo artificial:

“El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto”.

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