Alrededor de 400 casos de COVID en humanos parecen estar vinculados a visones enfermos en granjas peleteras de Dinamarca, según anuncian las autoridades del país. La industria del visón y su piel representa para la economía de Dinamarca cerca de 400 millones de euros. La piel del visón se utiliza para la elaboración de ropa y accesorios, especialmente abrigos de “mink”.

Para satisfacer las necesidades de esta industria de la moda, se han creado granjas en las que los visones son criados y encerrados en pequeñas jaulas desde que nacen. A los siete meses, mueren asfixiados con gas. Finalmente, se les arranca la piel que se utiliza para confeccionar lujosos abrigos y complementos. Sin mencionar las condiciones de estrés y de enfermedad en las que estos animales viven debido a las condiciones de hacinamiento. El número de visones sacrificados en el mundo para satisfacer las necesidades de la industria asciende a cerca de 50 millones.

En estos días, las autoridades de Dinamarca anunciaron que sacrificarán a los 15 millones de visones de las casi 1200 granjas peleteras del país como medida cautelar para proteger a la personas de una posible mutación de coronavirus. La decisión se ha tomado a raíz de los hallazgos del Statens Serum Institut, que sugirió que la cepa del virus que circulaba entre visones y humanos podría haber mutado lo suficiente para afectar la eficacia de las futuras vacunas. «El virus mutado a través de los visones representa un riesgo de que futuras vacunas no funcionen como deberían», ha explicado la primera ministra Mette Frederiksen, «por eso hay que sacrificar a todos los visones».

Se debe tener en cuenta que la mutación de un virus es habitual y no significa que se comportará de manera diferente. Además, determinar las consecuencias concretas de una mutación es bastante complejo. No obstante, la decisión se ha tomado en nombre del bienestar de la especie humana. Aunque esta mutación no agrava las complicaciones causadas por el coronavirus en el ser humano, las autoridades danesas consideran que se caracteriza por una menor eficacia de los anticuerpos, lo que obliga a esta decisión. «Seguir con la cría de estos visones supondría un riesgo muy elevado para la salud pública, tanto en Dinamarca como en el extranjero».

Tage Pedersen, presidente de la Asociación de Criadores de Visones, declaró que «Es un día negro para todos nosotros y para Dinamarca» y «Por supuesto, no queremos ser la causa de una nueva pandemia (…) pero la decisión del gobierno es un desastre para nuestra industria. Se trata de un cierre y una liquidación permanentes». El sacrificio de visones es algo que ya ha ocurrido en los Países Bajos y en España para detener la propagación del covid en la especie.

Claro, sin duda esto representa un duro golpe para la industria. Pero también para el medio ambiente y sobre todo, levanta muchísimas preguntas éticas. Estas granjas, así como los mercados de animales son literalmente «bombas de tiempo» para las epidemias y la forma en que tratamos a los animales, como si fueran productos básicos que saquear, se nos vuelve ahora en contra.

La pandemia ha llevado a algunas organizaciones de conservación de la vida silvestre a pedir la prohibición del comercio de animales salvajes y la cría en granjas por motivos de salud pública. Ese es el caso de la organización Born Free, que además pidió medidas para proteger los hábitats de la vida silvestre. Mark Jones, jefe del Departamento de Políticas de la ONG, dijo que esto último era necesario «para detener y revertir la devastadora disminución en el mundo natural, que ha llevado a un millón de especies al borde de la extinción y amenazado el futuro de la vida silvestre y la humanidad por igual”.


Abrigos, accesorios, maquillaje y hasta pestañas postizas es el precio que como especie hemos decidido pagar a costa de nuestra salud y la vida de millones de animales no humanos.