Han pasado 32 años desde la muerte de Divine, y su fantasma todavía se extiende en la escena Drag y la cultura Pop. Por eso no está de más aprovechar el motivo para hablar de una de sus actuaciones más memorables, su encarnación de la terrible Babs Johnsson en Pink Flamingos.

Divine, es el nombre Drag de Harris Glenn Milstead, actriz y cantante estadounidense, cuya carrera permaneció ligada al director de cine John Waters, y que la convirtió en un referente obligado dentro de la escena lésbico-gay. Pink Flamingos, su filme más representativo, es una declaración de principios y visión de mundo altamente recomendable, pero te advertimos, no es sencillo, se necesitan tripas y convicción. Pues fue el mismo Waters quien definió a su película como “un acto terrorista contra la tiranía del buen gusto”.

Pink Flamingos.

Pink Flamingos se estrenó en un festival de cine en Baltimore en el año de 1972, y las influencias del cine Gore y las Nudies Films, son bastante explícitas. En alguna ocasión Waters comentó que “el peor filme de Gordon Lewis y Russ Meyer es infinitamente más interesante que El Ciudadano”. Para poner las cosas en perspectiva, Gordon Lewis es el padre del cine Gore y Russ Meyer el máximo exponente de los Nudie Films. Y cuando Waters dice “El ciudadano”, claramente se refiere al Ciudadano Kane de Orson Welles. Las aberraciones que Pink Flamingos presentó en la pantalla grande, como Divine comiendo excremento de perro, un hippie mostrando a la cámara todas y cada una de sus cavidades, o un festín caníbal en una fiesta de cumpleaños, provocaron su censura en países como Suiza, Australia, y en algunas provincias de Canadá y Noruega. En Maryland, de plano, intentaron censurarla argumentando que “los filmes de John Waters enseñan a las personas a cometer violaciones y robos, entre otras cosas”, por lo que no eran más que pornografía vil y debía evitarse -a toda costa- que los jóvenes asistieran a verla.

A pesar de la censura, Pink Flamingos tuvo una fama brutal en el círculo de las Midnight Movies, películas que eran proyectadas en pequeños cines y que estaban dirigidas a un público hambriento de películas extrañas e inclasificables. En este círculo figuraron títulos como El Topo de Jodorowsky y Cabeza de borrador de Lynch.

La grabación de Pink Flamingos no fue sencilla, la película únicamente se podía rodar los fines de semana, muchos de los actores eran meros aficionados y adictos a los narcóticos, su presupuesto era bastante limitado, apenas 12 000 dólares que Waters obtuvo por préstamo de sus padres, no sin antes advertirles que nunca deberían ver la película. Con todo, Pink Flamingos se convirtió en un filme de culto dentro del trash cinema en el que se retrató cínicamente a la sociedad estadounidense de los años setenta.

A base de obscenos golpes de martillo, Waters destruyó la imagen de la institución más importante dentro del orden social americano: la familia. Y aunque Pink Flamingos no es propiamente una película de terror, el retrato de la familia como origen de la maldad y perversión, la coloca en línea directa con películas del género como Psycho, The Last House On the Left o The Texas Chain Saw Massacre. Y no es para menos, si lo pensamos detenidamente, en el escenario que dejó tras de sí la Guerra de Vietnam -alrededor de 58 000 bajas y más de 2000 desaparecidos- la familia no podía ser vista de otra manera que no fuera como una inútil y espantosa marioneta desarticulada, receptáculo de toda la inmundicia.

Divine.

Waters y a Harris Glenn eran amigos desde la infancia. Por eso Waters no dudó en invitarlo a participar en su película, aunque nunca advirtió el éxito que alcanzaría el personaje de Harris. La magnética imagen de Divine se volvió emblemática, con sus enormes tetas, su peinado alto que se erige sobre una calvicie que deja expuesta la frente y la mitad del cráneo, sus largas y exageradas cejas, su falso lunar a la Marilyn Monroe, unas arracadas tan grandes que casi le llegan a los hombros y una voluptuosidad que extrapola la de otras figuras del cine erótico de la época como Isabel “La Coca” Sarli, Divine se convirtió en la Drag Queen definitiva.

¿Pero qué es lo que hace de Divine un personaje con tal magnetismo? La respuesta se puede plantear en términos epistemológicos. Lo que Divine provoca es aquello que Noel Carroll denomina “intersticialidad” y “contradictoriedad”. Es decir, la imagen de Divine pone en conflicto las categorías culturales con las cuales hemos pensado el mundo. Atributos que se piensan que son categorialmente distintos se reúnen y mezclan en Divine, provocando en el espectador diferentes reacciones como: inquietud, asombro, rechazo o repulsión.

Divine rompe, de algún modo, con la idea que tenemos acerca de cómo deberían ser las cosas y el orden bajo el cual debería regirse el mundo. Desde la óptica de la filósofa Judith Butler, la parodia humorística de la feminidad llevada a cabo por Divine (y en general por todas las Drag Queens) logra desestabilizar las diferenciaciones entre lo natural y lo artificial, la profundidad y la superficie, lo interno y lo externo, a través de las cuales se activa el discurso de los géneros. Mientras propone, a la vez, que el género es únicamente un tipo de caracterización persistente que se presenta como “realidad”. Es decir, el género no se decide por la alusión a un orden natural preexistente, sino por su perfomatividad.

Así, para Butler, la parodia y el humor en Pink Flamingos se revelan como elementos fundamentales dentro de los planteamientos feministas, en tanto la risa frente a las categorías serias es indispensable como una forma de juego serio que desarticula el discurso epistémico imperante.

Y les hacemos una confesión, FILTH surgió en una madrugada, después de ver a Divine en Pink Flamingos.