La nueva comedia que Adam McKay estrenó en Netflix es algo que, por ningún motivo, te debes perder. “Don’t Look Up”, al igual que en su momento lo hiciera “Matrix”, logra colocar varias cuestiones filosóficas en la escena mainstream. La diferencia es que la nueva cinta de McKay utiliza la comedia para retratar la frivolidad y cinismo con que la humanidad planta cara a la crisis inminente.

La película plantea el siguiente escenario: un cometa con la capacidad de destruir un planeta entero se acerca a la Tierra. La comunidad científica nos ha advertido del peligro, pero nosotros dudamos de sus datos y les tachamos de alarmistas. La clase política, más preocupada por las elecciones y los votos, hace caso omiso y convierte la catástrofe mundial en una guerra cultural. Los medios de comunicación ignoran el problema, pues prefieren ganar rating con escándalos de celebridades, mientras que, las grandes corporaciones, no desaprovechan el capitalismo rapaz y ven en el desastre una oportunidad para hacer crecer sus ganancias.

¿Te suena familiar? El enorme cometa, como dispositivo ficticio del fin del mundo, es una clara alegoría del calentamiento global. Un genuino cataclismo, inmediato, pero subestimado por políticos y ciertos sectores de la sociedad. La parábola es contundente y retrata las actitudes evasivas con las cuales afrontamos una crisis ambiental inminente. Al igual que el cometa en “Don’t Look Up”, el calentamiento global nos coloca en la antesala del fin del mundo. El cual, por cierto, no está por ocurrir, sino que está ocurriendo ahora mismo.

“Don’t Look Up” es una película inteligente aderezada con un cast bastante llamativo, aunque lo interesante no está en sus estrellas protagónicas, sino en su trasfondo ideológico. Pues coloca una noción filosófica relativamente nueva en el foco de la cultura mainstream.

No se debe pasar por alto el siguiente detalle: la casa productora de “Don’t Look Up” lleva por nombre “Hyperobjects Industries”. Hiperobjetos es el término acuñado e inventado por el filósofo Timothy Morton, y refiere a aquellos objetos abrumadoramente complejos y distribuidos masivamente, que podemos estudiar, pensar y calcular, pero que no podemos observar directamente. El mejor ejemplo de un Hiperobjeto es el calentamiento global, el cual podemos medir (no necesariamente con precisión), computar, establecer sus consecuencias, sentir sus efectos, pero que no podemos observar directamente ni conocer en su totalidad.

Las ideas de Timothy Morton resuenan fuertemente en las películas de McKay, las cuales órbitan en torno a conceptos grandes y esquivos (similares a los hiperobjetos), como por ejemplo: los instrumentos financieros depredadores (The Big Short) y las consecuencias ruinosas de la política exterior neoconservadora (Vice). En la mente de McKay, la noción de Hiperobjeto encapsula el espíritu de su compañía productora, lo encapsulaba tan perfectamente que, de hecho, decide nombrarla de esa manera.

McKay se propuso hacer una película sobre el más reconocible de los hiperobjetos: el calentamiento global. Pero hacerlo implicaba un reto. ¿Cómo llevar a la pantalla un concepto tan resbaladizo? Mientras las historias reclaman especificidad, personajes reconocibles que actúan en ubicaciones discretas, en una cronología relativamente lineal, los hiperobjetos son omnipresentes, es decir, no son locales sino que están masivamente distribuidos, y su temporalidad no es precisamente humana. Por ese motivo, la estrategia de McKay fue la analogía.

Mediante el uso del cometa como dispositivo de la aniquilación humana, McKay pudo prescindir de la ambigua cronología del calentamiento global, y retratar la absurda respuesta de una sociedad hipercapitalista ante una crisis global inminente. Sin embargo, para McKay, el calentamiento global no es el único hiperobjeto con el que tenemos que lidiar. Al respecto dice: “Creo que los hiperobjetos son aquello que los astrónomos enfrentan, un sistema masivo y cambiante de lucro, política y poder apalancado”.

Para McKay, los hiperobjetos de la película no son únicamente las entidades geofísicas, sino el capitalismo, la política electoral y la psicología humana. “Hay como 15 hiperobjetos que se reúnen en torno al hiperobjeto del cambio climático”. Esto no resulta extraño, pues para Timothy Morton pensar los hiperobjetos implica llevar la discusión ontológica de los objetos al ámbito de la política.

Actualmente estamos experimentando un caos climático, pero es bastante seguro que la situación de nuestros descendiente es más complicada y lo que es todavía más preocupante: ellos no pueden defenderse ni tomar acciones en nuestro presente. El calentamiento global, a diferencia del cometa, es un problema de justicia intergeneracional: porque los humanos que sufrirán la peor parte aún no existen en este mundo.

También te puede interesar:

Hiperobjetos: Cthulhu y la ecología del fin del mundo

Annihilation: ¿Qué es el Área X y cuál es su relación con Lovecraft y los Hiperobjetos?