Dune y el Islam

El universo de “Dune”, tanto en el libro como en la versión de Villeneuve, se construye en gran medida sobre el imaginario islámico.
La segunda parte de Dune por fin ha llegado a los cines, la cinta dirigida por Denis Villeneuve no es el cierre de la zaga, sino apenas el comienzo del final, pues el director ha manifestado su interés por hacer una tercera entrega basada en el segundo libro escrito por Frank Herbert: “Dune Messiah”.
El universo de Dune, tanto en el libro como en la versión de Villeneuve (aclaración necesaria pues constituyen obras diferentes), se construye en gran medida sobre el imaginario islámico. Para Frank Herbert, el Islam es una parte importante de la herencia cultural humana que se proyecta hacia el futuro. La forma retrofuturista que adopta el Islam en Dune no es solamente el rostro de un sincretismo religioso planetario en el que conviven diversas religiones y tecnologías, sino la demostración patente de la supervivencia del sentido religioso en un escenario tecnocientífico.
La apuesta de Herbert es arriesgada, consiste en imaginar un universo hipertecnologizado donde las religiones todavía prevalecen. Y donde pasado y futuro se encuentran atravesados por una cosmovisión ligada a la historia y prácticas musulmanas. Para el historiador Haris Durrani, Frank Herbert muestra un profundo compromiso con las creencias e historia de la tradición musulmana, que va de lo estético a lo lingüístico.
Por ejemplo, el término “Mahdi” que designa al mesías del pueblo Fremen, es una palabra de origen musulmán que refiere a la figura mesíanica del fin de los tiempos. De hecho, la historia musulmana ha visto muchos “Mahdis” a lo largo del tiempo. Durante el siglo XIX, muchos musulmanes sufíes lucharon contra el colonialismo europeo, entre cuyos líderes se puede mencionar al argelino Amir ‘Abd al-Qadir al-Jaza’iri, quien, como los Fremen, construyó fábricas de armas en el desierto en su lucha contra los franceses; el llamado “imán checheno”, Shamil, que luchó contra los rusos; y de la manera más obvia, “el Mahdi de Sudán”, Muhammad Ahmad ibn ‘Abdullah, cuya guerra contra los británicos se convirtió en una característica constante de la literatura inglesa durante décadas después de su derrota.

Muad'Dib

Paul Atreides también es llamado de muchas otras maneras derivadas del árabe, por sus virtudes ejemplares lo llaman Muad’Dib, del árabe muʼaddib, “educador o maestro”; por su autoridad militar lo llaman Usul, forma plural del término árabe, que significa “base”, “origen” o “pilar”; y por su carácter mesiánico se le denomina también Lisan al gaib que significa “La voz de Otro Mundo”.
Merece especial atención, por sus consecuencias políticas, la manera en que se designa el fatídico destino del reinado de Paul. En el libro de Herbert, Paul Atreides no es el salvador del pueblo Fremen, su reinado -acobijado por las creencias religiosas sembradas por las Bene Gesserit- se extiende por todo el universo en un “Jihad” que cobra 61 mil millones de vidas, la esterilización de noventa planetas, la “desmoralización” de quinientos mundos y la aniquilación de cuarenta religiones diferentes, junto con sus seguidores.
En la película de Villeneuve no se usa el término “Jihad” sino “Guerra santa”, aunque existe una amplia discusión respecto a si el término “Guerra santa” es el adecuado para traducir “Jihad” debido a que dicha traducción ha sido utilizada en la actualidad, sobre todo después de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 (la caída de las Torres gemelas), como propaganda a favor y en contra de grupos terroristas islamitas. En sus raíces árabes, el término significa “esfuerzo” y es gramaticalmente masculino (“el Jihad”). Y aunque la asociación del Jihad con lo bélico es habitual, el historiados Alejandro García Sanjuán señala que también hay una Jihad que se practica con el corazón: “el esfuerzo que se hace por perfeccionarse a sí mismo”, un camino de perfeccionamiento místico desarrollado por los sufíes.

La estética del Islam

También hay otra Jihad que se practica con la lengua, “que trata de corregir en otros creyentes la realización de prácticas incorrectas del punto de vista islámico”. Por último, está la que se practica con la mano. “Es el Jihad más violento: es un castigo que se impone”.
El universo orientalizado que vemos en “Dune” no es algo nuevo en el cine, desafortunadamente tampoco es una estética “neutra”. La imagen de multitudes árabes vociferando violentamente tiene una historia impregnada de deshumanización y condena, sobre todo después de la caída de Las torres gemelas.
Nuestra actitud como espectadores ante la religiosidad y costumbres del pueblo Fremen, no se da al margen de los acontecimientos políticos y sociales que han dado forma a la mirada desde la que se constituye el imaginario islámico. La forma cómica en la que se construye el personaje de Stilgar, por poner un ejemplo, refleja la manera en que desde occidente (específicamente el occidente secular) configuramos la otredad islámica y su ser. Y esta mirada difícilmente puede desvincularse de la guerra mediática y propagandística que se gestó después de los acontecimiento del 11 de septiembre. En resumidas cuentas: Islam en el cine, sí. Islam en las calles, no. El primero nos sirve de entretenimiento, el segundo se ha revestido de un aura mediática de peligro.

El universo de “Dune”, tanto en el libro como en la versión de Villeneuve, se construye en gran medida sobre el imaginario islámico.

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