¿El corrido tumbado hace apología a la violencia?

Peso Pluma artista de corridos tumbados
Natanael Cano y Peso Pluma, artistas de corridos tumbados

El corrido tumbado vive su época dorada. Hace unas semanas Peso Pluma llegó a ser el número uno en el top mundial de Spotify, superando a Miley Cyrus, Drake, Kenye West y Bad Bunny, cosa que ningún artista del regional mexicano había logrado.

Hoy, como señalaba un meme, asistimos a una evidente norteñización de occidente. La matrix se glitcheó y aunque parezca rarísimo, el género norteño ya se apoderó de escenarios mainstream como el Coachella, programas de televisión como el de Jimmy Fallon o Jimmy Kimmel y en redes sociales “AMG” es la canción más utilizada en redes sociales.

Todos estamos enamorados del movimiento, y como señaló Bad Bunny: “Me parece hermoso lo que está pasando. Es muy necesario porque el mundo lo necesitaba […] He estado enamorado de todo este movimiento, este nuevo movimiento de la música mexicana”.

Sin embargo, en medio de este fenómeno, las críticas al género no han faltado. Incluso el diálogo ya llegó a la presidencia, pues en una de sus mañaneras, Andrés Manuel López Obrador afirmó que la población debía evitar consumir este tipo de contenidos porque se trataba de una “apología a la violencia”.

En Twitter también se habló del tema, por ejemplo, la usuaria @Zyapz escribió:  “Que pinche horror sus corridos del Peso Pluma. De por sí los niños y los jóvenes tienen bien alterada su percepción de la realidad, esa música toda violenta les alimenta el deseo de superioridad económica, violencia y drogas”.

En una publicación de El País se lee una entrevista a la profesora de la facultad de Filosofía de la UNAM Ahinoa Vásquez, en dónde señala: “Me parece bastante llamativo porque creo que México no es una cultura que se caracterizara en general por tratar de demostrar poder, lujos o dinero en general. Hasta hace poco tiempo, esto de que la gente anduviera mostrando o que quisiera demostrar poder no era algo común”.

Comentarios que a primera vista parecen justos, entendiendo el contexto de violencia en el que vive el país, pero seamos sincerxs: hablar del corrido tumbado es mucho más complejo que pensarlo como una apología a la violencia.

El corrido tumbado como un lugar de enunciación

Es una realidad que los corridos tumbados son una expresión más de la cultura del narco que ha salpicado muchos campos del mainstream. Es una representación de la Realidad Gore, que Sayak Valencia describe en su libro Capitalismo Gore:

"El capitalismo Gore ya está en la realidad cotidiana [...] Presentar la realidad del Capitalismo Gore en una serie, televisión, reality show (música) lo vuelve inquietantemente glamoroso, deseable, consumible, le resta peligrosidad y educa la consciencia y el comportamiento para insensibilizarse ante su presencia, dado que sus efectos adversos no nos son mostrados".

A su vez, es fundamental señalar que no podemos criminalizar estas ficciones, ya que la realidad es la materia prima de toda forma de arte, y no podemos olvidarlo. Como señala Vázquez: “la tendencia no se proyecta en la realidad, sino que es la realidad la que se proyecta en el contenido”.

No podemos perder de vista que mucha de la crítica al corrido tumbado viene desde un lugar puritano, moral y clasista; desde la hegemonía que siempre intenta cancelar, censurar y silenciar toda subjetividad que no le parezca correcta o con calidad. Siempre es más fácil culpar y señalar a los individuos tatuados provenientes de barrios pobres, que condenar la estructura política que ha hecho crecer el fenómeno del narcotráfico.

El corrido tumbado es el lugar de enunciación de individuos – de jóvenes como Peso Pluma con 23 años, Natanael Cano de 22, Junior H de 23, y DannyLux de 19, por mencionar algunos nombres –  que crecieron en medio de la violencia calderonista. Esta música es barrial, sierreña, habla de drogas, de paquetes de cocaína, de narcos, del uso de la violencia como práctica cotidiana. Este género se funda en la violencia explícita, y sus bases se contextualizan en un marco social violento.

Por lo tanto, esto también nos revelan las estructuras y contextos de los cuales surgen estos músicos, ¿sobre qué van a escribir estos jóvenes si no es sobre ese escenario distópico en el que habitan día a día?

El corrido tumbado es la forma de expresión que individuos periféricos encontraron para describir su mundo, el cómo se vive en los barrios y ciudades del norte del país. A través de esta música describen sus realidades y sus vivencias, son subalternos que se atreven a hablar, que exigen ser escuchados, que construyen su lugar de enunciación y han resistido a sus contextos a través de la música.

Según el INEGI:  En 2021 ocurrieron 35,700 homicidios; 22 millones de personas de 18 años o más fueron víctimas de delincuencia. Más de la mitad de la población vive en pobreza y si eres menor de edad estas probabilidades se incrementan; los jóvenes con trabajos precarizados son el sector más vulnerable para ser reclutados por grupos criminales y, ante esto el Estado mexicano no ha hecho nada.

Me gusta pensar en el corrido tumbado como la música de la distopía juvenil norteña – cada quien resiste como puede y desde donde puede – y como un género capaz de crear potencias políticas.

Dicho esto, la intención no es santificar a Natanael Cano, Peso Pluma o Junior H y mucho menos al corrido tumbado como género, pues también es música capaz de ejercer violencia, de encarnar al sujeto macho que se reafirma a través de ésta, a través del consumo de drogas, del poder adquisitivo, su potencia sexual y la filiación a grupos enmarcados por el mismo tipo de masculinidad. Como muchos males, el narcotráfico y la narcocultura también son productos del patriarcado y el machismo. El fenómeno del corrido tumbado es más complejo, es un entramado unido a muchos otros escenarios de la sociedad.

No quiero finalizar este texto sin señalar que nos urge sacudirnos esta moral occidental y cristiana que pretende universalizar nuestras subjetividades, y que busca crear una incapacidad de reconocer al otro, al subalterno.

 

Los corridos tumbados también son un lugar político, que sin duda irá cambiando y adaptándose al ecosistema musical, y de mercado, que irá limpiando sus letras para mantenerse en el mainstream (es llamativo que en solo un año Peso Pluma pasó de portar “minimis, bazucas y Kalashnikovs” a ser el softboy herido de Las noches y decir “si te sientes sola no me llames porfa. Me pongo sensible”), de la misma manera que ocurrió con el reguetón también aparecerán más opciones, morritas o no binaries que hagan corridos bélicos. Y créanme estamos a la expectativa.

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