“Blade Runner”, dirigida por Ridley Scott y basada en la novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas” del escritor estadounidense Philip K. Dick, es una película que aborda importantes cuestiones filosóficas, como los supuestos ontológicos involucrados en la constitución de la identidad de los sujetos.

La película es considerada por muchos la progenitora del género Cyberpunk (afirmación discutible) y su estética está basada en una nostalgia futurista que no representa el pasado propiamente, sino un estereotipo construido sobre el pasado. Podría decirse que “Blade Runner” es una representación sin referente, o donde al menos, como afirma Matthew Flisfeder, la historicidad del referente se torna ambigua.

En “Blade Runner” ya es posible percibir uno de los rasgos que caracterizarán a todas las propuestas Cyberpunk venideras: la omnipotencia de las corporaciones capitalistas. En una entrada anterior ya hemos señalado como estas corporaciones ya no obedecen al imperativo tradicional del capital, el cual buscaba controlar y acaparar las tierras, cultivos y granos. Lo que caracteriza a las corporaciones de la distopía Cyberpunk es la acumulación del biocapital, esto es, generar nuevas formas de valor adicionado sobre materia prima viva como células, virus, órganos y organismos que pueden ser transformados tecnológicamente y convertidos en una nueva modalidad de existencias disponibles en la circulación del mercado mundial.

En este sentido, desde un punto de vista marxista podemos hacernos las siguientes preguntas: ¿los androides fabricados por estas compañías (la corporación Tyrell en este caso) también constituyen una clase explotada o el pretexto idóneo para hacer vigente la noción de “explotación”? ¿Su trabajo produce valor que excede su propio valor como mercancía, de modo que sus propietarios puedan apropiarse de él como plusvalía? O incluso ¿Hasta dónde puede llegar y cuáles son los límites del capitalismo presente en la distopía cyberpunk?

Para el filósofo Slavoj Žižek, en su libro “La permanencia en lo negativo”, “Blade Runner” es una película que trata sobre la memoria y la subversión de la identidad personal. “El héroe, el detective rudo, debe sumergirse en una investigación cuyo resultado final consiste en descubrir que desde el principio él mismo estaba involucrado con el objetivo de la búsqueda”. El resultado de la búsqueda de Rick Deckard es el total debilitamiento de su identidad propia, hasta el grado de descubrir que ésta pudo haber sido creada por una agencia omnipresente como Industrias Tyrell, la cual logró crear “replicantes” que desconocían su propia condición y se consideraban erróneamente humanos.

Para el filósofo esloveno, el mundo representado en “Blade Runner” es un mundo en el que “el capital logró penetrar y dominar el núcleo mismo de la fantasía de nuestro ser: ninguno de nuestros rasgos es realmente nuestro; incluso nuestros recuerdos y fantasías fueron plantados artificialmente». En esta distopía, el capital ha llegado a colonizar el último reducto del ser: su identidad. Esta colonización ontológica da como resultado, según Žižek, a un nuevo tipo de proletario: el proletario absoluto, esto es, el proletario que ha sido despojado de los últimos focos de resistencia privada. “Todo, incluso los recuerdos más íntimos, es plantado, por lo que ahora queda literalmente el vacío de la subjetividad pura sin contenido”.

Irónicamente, afirma Žižek, “Blade Runner” es una película sobre el surgimiento de la conciencia de clases y los terrores de la universalización del proletariado absoluto, de la subjetividad vacía que ha perdido todo referente de la propia humanidad. El terror del individuo subyugado que está tan vacío que ni siquiera puede sublevarse.

Esta es precisamente la diferencia entre los “replicantes” de la primera y la segunda entrega de “Blade Runner”. En la cinta de Ridley Scott existe un grupo de “replicantes”, liderados por Roy Batty que se sublevan ante la creencia de tener una condición, si no igual, al menos equiparable a la humana. En cambio, en la cinta dirigida por Villeneuve, “Blade Runner 2049”, los “replicantes” están privados de la ilusión de recuerdos auténticos y se perciben a sí mismos como los miembros de una clase reducida al vacío de la subjetividad. Es decir, al estado de proletario absoluto. Esta diferencia parece sugerir una tesis bastante interesante: que la rebelión únicamente puede ser sostenida por algún contenido sustancial mínimo que se vea amenazado por el poder opresor.

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