El reguetón, su persecución y el underground

reguetón, su persecución y el underground

En 2021 cuando Filth cumplía su primer aniversario y comenzábamos a concentrar todos nuestros esfuerzos en entender al reguetón no solo como un género musical, sino como un movimiento cultural atravesado por la racialidad decidimos entrevistar a Mikaela Drullard, activista, mujer trans, cuerpo racializade y fan de Tokischa.

En dicha entrevista hizo lo que me pareció, quizá uno de los mejores ejercicios para situar al reguetón en su contexto histórico: “Haciendo un símil entre el reguetón, el trap, el blues. Creo que el reguetón es una forma de expresión que las personas racializadas, las personas caribeñas, las personas de ciertos contextos y geolocalizaciones utilizan para expresar lo que históricamente se les ha negado”.

Y Mikaela no estaba exagerando, el reguetón, el trap o el dembow son géneros que las personas marronas y africaribeñas encontraron para expresar sus subjetividades, su estilo vida, su barrio, la calle, la venta de droga, la violencia, no solo física sino también política, económica y su sexualidad.

Y como escribía la propia Mikaela en su texto “Expresión Musical Subversiva: se vale ser una perra en calor” en referencia a la música de Tokischa: “Ella habla de cómo quiere coger, de cómo quieren que la cojan y cómo quiere cogérselo/a, habla de problemas de la calle, de las drogas, de las cárceles y de cómo es la vida en el bajo mundo cuando se vive en barrios del Caribe. Describe realidades y habla de sus vivencias. Es una subalterna que se atreve a hablar, exige ser escuchada y construye en la música su propio lugar de enunciación”.

 

El reguetón y el trap expresan subjetividades fuera de la blanquitud, son lugares de enunciación que nos describen un estilo de vida diferente, lejos del glamour del pop o como señala Pablito Wilson en Reguetón: Entre el general y Despacito, “Los géneros musicales provenientes de los estratos bajos – reguetón, rap, trap, dancehall, podemos incluir al corridotumbado – suelen presumir o necesitar presumir el antiglamour y toda característica de la realidad barrial que sea útil para la identificación o para el cuestionamiento de otras realidades”.

Básicamente el reguetón tiene todos los ingredientes necesarios para escandalizar a la moral blanca y colonial caribeña. Y como consecuencia de esto, el reguetón – como ocurrió con el jazz, el blues, el rock o punk – también sufrió intentos de censura, movimientos orquestados para prohibir su reproducción.

El reguetón underground y los intentos de censura

Por el contenido explícito de sus letras y por sus recurrentes referencias sexuales – para entender esto último me parece valiosísimo rescatar lo dicho por N.O.R.E: “Cuando eres pobre y vives en esas condiciones, todo de lo que puedes hablar es del ‘fucking’ (de coger) de lo que te hace feliz ¿Qué más puede hacerte feliz si eres pobre y estás jodido?” –  el reguetón en sus comienzos sufrió múltiples intentos de censura.

En el podcast (episodio 136) del comediante y entrevistador puertorriqueño Chente Ydrach se narra este momento en la historia del género, de la mano de DJ Negro: “Si tú andabas con tu carro en el viejo San Juan, oyendo ‘The Noise’ o ‘Playero’ (compilados o mixes que circulaba en  la época. En gran medida el reguetón sobrevivió y sentó sus bases gracias a estos mixes de DJ’s y a la piratería); el guardia te paraba, te rompía el ‘cassette’ y te daba una multa de 500 pesos (dólares)”.

Era 1995 y una organización cristiana llamada “Morality in Media” comenzó un movimiento legal para prohibir la reproducción del reguetón, bajo el argumento de ser un género musical “misógino” y representar un peligro para los menores de edad, que eran los más expuesto a este tipo de contenido.

Tiempo después, a la cruzada, se unieron varios medios de comunicación, grupos de padres de familia y políticos locales. A las pocas semanas se tendieron redadas contra tiendas de discos y el entonces presidente de la “Comisión de educación y cultura” de la Cámara de Representantes de Puerto Rico, Waldemar Quiles, anunció que convertiría en delito la producción de reguetón.

Importante rescatar lo escrito por Pablito Wilson, sobre ese momento histórico, “Reconocidos presentadores de televisión boricuas se unirían a la cacería y algunos detractores llegarían incluso a afirmar que este tipo de rap no era más que un vehículo para crear nuevos adictos a las drogas”.

De hablar malo a escribir sobre la espiritualidad

Sin embargo, también existió un bloque de músicos, medios de comunicación, DJ’s, Mcs, managers y promotores que se opusieron a la censura y a la abierta persecución. Bajo ese contexto, como explica la escritora Raquel Z. Rivera, el gran reto para el género era superar “la presunción de que no había separación entre el artista real y el personaje (intérprete) o entre los artistas y sus textos”.

La única manera que encontró el reguetón para asegurar su supervivencia fue empezar a limpiar sus letras. Un claro ejemplo de esto fue el experimento “The Noise” un compilado de Dj Negro, el único disco de la época que sobrevivió por sus letras limpias.

DJ Nelson también fue otro personaje que empezó a abogar por la idea de limpiar el contenido del género: “No hablar malo, no hablar tan sucio, nada más eso, porque los está atrasando”.

Para el 2002, la senadora puertorriqueña Velda González lideró la segunda cruzada en contra del reguetón. Esta vez, por vía legislativa, se logró una aprobación para censurar el género. El argumento no fue prohibirlo, sino limpiar sus letras.

Un testigo de aquello fue Tito El Bambino, quién declaró que su música intentaba ser más comercial, que buscaba cantar a la mujer, acercarse al género femenino “desde la óptica del enamoramiento por su belleza”. Medidas que lo acercaron al Billboard, en 2003 fue nominado al ” Mejor Álbum Rap Latino”. No lo ganó, pero fue muestra de que el gran paso que tenía que dar el reguetón para lograr escalar al mainstream era limpiar sus letras.

El reguetonero Ranking Stone también declaró refiriéndose a lo hecho por Velda González:  “Nos puso un dedo encima y nos hizo pasar un sustito más en esto que es el reggaetón, porque nos querían sacar los discos de nuevo de las tiendas, nos querían sacar los videos de televisión”.

Lo que hace pensar: realmente es papel de los políticos decidir qué escuchar, cómo y bajo qué condiciones ¿De verdad son entidades moralmente acreditadas para esta tarea? La periodista y escritora Petra Rivera -Rideau explica que  “numerosas editoriales (de diarios) identificaban otros problemas, que incluían desempleo , falencias en la educación y dificultades económicas que consideraban más perjudiciales para la sociedad puertorriqueña que el perreo”. Además, como las redes sociales ciudadanas argumentaban, la corrupción de los políticos puertorriqueños los inhabilita para poder hacer juicios de moralidad.

Es una realidad que este tipo de medidas obligaron a los reguetoneros a buscar alternativas, hacer música más limpia, más parecida al pop, que como consecuencia les abrió la puerta al mainstream y aparecieron los grandes palos pop/ reguetón: “Despacito”, “Hawaii”, “Ojitos Lindos”. Nicky Jam pasó de querer la combi completa (“yo quiero la combi completa ¿Qué? Chocha, culo, teta”) a “lo único que quiero es quedarme contigo hasta el amanecer”. El reguetón se convirtió en la meca del pop latino.

Pero también debemos decir que el reguetón no representa el monopolio del machismo. Como señala Ñejo: “Las novelas tienen prostitución, infidelidad, malas palabras, armas de fuego, tienen de todo; a ellos no les apuntan el dedo, pero es muy fácil apuntarle a alguien que tiene tatuajes y viene del barrio”.

Para terminar este momento de reflexión, debemos enfatizar que el reguetón, el trap y en buena medida los géneros urbanos, incluyendo los corridos tumbados tan en voga últimamente, son recursos de expresión que personas racializades, violentades y periféricas (políticamente y económicamente hablando) encontraron para describir su entorno social.

La música urbana es y siempre será un espacio político, digno de ser escuchado. El lugar de enunciación de individuos atravesados por la violencia del sexenio calderonista (en el caso de los corridos tumbados), de la violencia económica de intervención y de ser colonia gringa (en el caso del reguetón). Silenciar esos géneros es silenciar otras subjetividades, que no van en tono con la blanquitud y la moral colonial cristiana, artistes que en su momento solo resistieron a su entorno a través de la música. Así que reina, rey, reine saque la culpa, la moral cristiana y al panista que lleva dentro y perrée, mueva el culo, súbale sin remordimientos y que truene la bocina.

“Debí esperar afuera de la galería a que mi amigo llegara para entrar con él” giraba por mi cabeza mientras formaba parte, …

No les voy a mentir, el proyecto musical de Danny Flow resultaba muuuy atractivo ¿por qué? Porque después de tanto Reguetón/Pop, necesitábamos …