Durante el año 2006, el artista español Santiago Sierra presentó su obra titulada: Estudio Económico de la piel de los caraqueños. En ella el artista utilizó el cuerpo de otros individuos como recurso artístico, su objetivo era establecer una relación, expresada en términos visuales, entre el patrimonio económico de las personas y el grado de luminosidad de su piel. Para lograrlo, Sierra seleccionó y fotografió la piel de la espalda de diez personas que declararon tener una cantidad igual a 0 dólares americanos. Posteriormente, hizo lo mismo con diez personas que decían poseer 1000 dólares americanos, y por último, fotografió la espalda de diez individuos que dijeron tener más de 1 000 000 de dólares americanos.

En función de su cuantía, se obtuvo una tonalidad media de gris para cada fotografía. Una vez que se obtuvieron estos valores, el artista dedujo cuál sería el monto correspondiente al blanco y al negro, llegando a la conclusión de que el valor económico del tono negro de la piel podría aproximarse a -2.106 dólares, mientras que al tono más blanco le correspondía la cantidad de 11.548.415 dólares. Lo que confirma la idea de que el color de la piel condiciona también la situación económica y social de un individuo.

La relación que existe entre el color de piel y la desigualdad económica es algo que ha preocupado a Sierra durante largo tiempo. En 1998 el artista se mudó a México y a partir de entonces su obra dio un giro hacia la decadencia urbana, anomia social y toda clase de referencias físicas a la crisis. A partir de ese año, Sierra comenzó a utilizar de manera sistemática a personas desempleadas o mal remuneradas como componentes de su producción artística.

Por ejemplo, en 1998 Sierra pagó 50 dólares americanos a un desempleado mexicano por el consentimiento de dejarse tatuar una línea vertical de 30 cms en la espalda.

En 1999, durante la producción de la obra “línea de 250 cm tatuada sobre 6 personas remuneradas”, Sierra pagó a 6 cubanos por su consentimiento de dejarse tatuar una línea sobre la espalda a cambio de un pago de 30 dólares americanos. Uno de los cubanos que se ofreció para la obra, recibió a Sierra diciendo: “Como tus antepasados, vienes aquí a marcar a los negros en la piel”.

El simple hecho de tatuarse a cambio de dinero y no ser siquiera capaz de poder elegir el tatuaje es un acto humillante, pero las 6 personas que accedieron a ser parte de la obra necesitaban el dinero debido a su precaria condición. En el libro “La piel como superficie simbólica”, Sandra Martínez Rossi enfatiza que aquel hombre que recibió a Sierra con tremenda sentencia tuvo que elegir el dinero sobre la dignidad, el dolor frente al placer, la herida como memoria, como marca de identificación.

A diferencia de lo que puede suceder en otras comunidades o etnias, el tatuaje que Sierra impondría sobre los cuerpos de aquellos 6 cubanos y el mexicano a cambio de dinero, no vendría a dignificar el estatus social de ninguno de los implicados, porque la línea tatuada terminaría por exteriorizar su precaria condición marginal y económica, rememorando también la esclavitud que sufrieron sus antepasados a causa de los europeos.

A diferencia de cualquier otra transacción económica, Rossi señala que el trabajador no ofrecía a Sierra sus capacidades laborales ni su fuerza de trabajo, sino su cuerpo como un lienzo donde aquel que posee el capital puede infringir una herida indeleble. A cambio de dinero, el cuerpo del necesitado se convierte en un mapa, un lugar para conquistar y territorializar. Así, los cuerpos de estos individuos pasaron a pertenecer al artista, quien pagó por tener derecho sobre su cuerpo y, mediante la línea tatuada, transformó definitivamente el cuerpo del trabajador.

Como puedes imaginar, la obra de Sierra ha sido muy debatida desde el punto de vista ético y artístico. Y en el año 2000 repitió el mismo procedimiento pero esta vez en Salamanca, España, donde una tatuadora ejecutaría la línea tatuada a un grupo de prostitutas adictas a las drogas. En este caso, la necesidad económica de las personas tatuadas obedeció a otro tipo de dependencia, pues Sierra les pagó el valor exacto de una dosis de heroína (67 dolores americanos en aquel lugar y en aquel entonces) a cambio de su consentimiento. La obra se exhibió en la exposición “No sólo es lo que ves. Pervirtiendo al minimalismo” en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en Madrid.

160 cm Line Tattooed on 4 People El Gallo Arte Contemporáneo. Salamanca, Spain. December 2000 2000 Santiago Sierra born 1966 Presented by the Latin American Acquisitions Committee, with funds provided by the American Fund for the Tate Gallery 2004 http://www.tate.org.uk/art/work/T11852

Hay quienes afirman que la obra de Sierra busca denunciar los aspectos más oscuros del sistema capitalista personificados en la figura del empleador, desvelando así la estructura perversa del poder económico.

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