Puntos para entender la estética Trap
Puntos para entender la estética Trap

Una de mejores maneras para medir el clima social de una época es a través de la música. En ella se pueden sintetizar las crisis sociales, culturales y políticas de cada periodo. El trap no está exento de estas posibilidades, es decir, la música urbana también es una herramienta creadora de identidades, en la sociedad contemporánea.

Por ejemplo, la crítica musical Alicia Álvarez Vaquero ve en este género musical la sintomatología de la crisis financiera. Visión que coincide con la del trapero Cruz Cafuné, que en 2018 al publicar su disco “Maracucho bueno muere chiquito”, dijo en una entrevista a BeatBurguer, que el disco que más allá de ser un disco de gangsta/rap intenta reivindicar al millennial: “Queríamos representar un mártir y tiramos de archivo, nos inspiramos en la portada de Muhammad Ali en la revista Squire con flechas clavadas como el martirio de San Sebastián”.

“Puede ser un signo de los tiempos en el sentido en el que es un niño desorientado pidiendo ayuda. Es un millennial al que le dijeron que era especial, que pertenecía a la generación más preparada de la historia, pero haciendo todo lo que se suponía que tenía que hacer todo lo que le dijeron que tenía que hacer, no consiguió todo lo que el neoliberalismo le prometió que iba a obtener”.

Este concepto de disco es quizá la manera más visceral de describir a el sentimiento de toda una generación. Un retrato del empobrecimiento político, económico y cultural en el que los millennials y Gen Z se encuentran inmersos. No resulta gratuito que el filósofo español Ernesto Castro describiera al Trap, como la metamúsica de la crisis.

La distopía millennial

El Trap retrata a distopía del siglo XXI. De acuerdo con el doctor en filosofía, Jernej Kaluza, de la universidad de Ljubljana, Eslovenia, “trap is music of our time”, el académico ve en este género el reflejo de nuestra época no solo en el sonido, sino también como una compleja mezcla de ideologías. En el trap existe un poder emancipatorio, explica Jernej, que supera las barreras de la música y se convierte en algo más grande, en un movimiento cultural con influencia social y política.

Es decir, este género es un reflejo de la sociedad neoliberal contemporánea. En palabras de Jernej, el trap es agridulce, incluye nihilismo y alegría, estados de éxtasis y de depresión, una vida de altibajos, de aletargamientos y escapes. Esto representa, a su modo, los altibajos de la vida del millennial.

Jesse McCarthy, doctor de literatura en la universidad de Princeton, en un artículo llamado “Notes on Trap” sugiere que el Trap es la única música que suena a lo que es vivir en el contexto contemporáneo, es la banda sonora del sujeto disociado que hizo el neoliberalismo.

Come from nothin, to somethin

Una cuestión clave para entender el género es que está hecho por los perdedores del sistema, por aquellos de clase media o baja. Toda una generación de músicos, que ante la falta de oportunidades de incorporarse al mercado laboral, demostraron que tenían mucho que ganar y poco que perder para apostar por la música.

El Trap es el mecanismo retórico de identidades subalternas, como migrantes (Blackthoven, migrante cubano, en España, o Jesse Báez, guatemalteco, en México), jóvenes sin recursos (como Cecilio G), jóvenes de la calle de clase media baja (como Bad Gyal, que tuvo que trabajar en una panadería para financiar su proyecto musical), entre otros.

El gran cambio de paradigma que trajo consigo el trap fue el tomar internet, sitios como Youtube o Spotify, para que artistas autodidactas se convirtieran en el nuevo «came from nothin, to somethin».

Como lo señaló C Tangana en 2019:

«No hay pasta en rapear, o en intentar cambiar la escena urbana. Ahí el mindset era como “te lo tienes que hacer, te lo tienes que hacer, te lo tienes que hacer”. Y nunca pensabas en ganar mucho dinero con eso. Y luego, después de estar tres, cuatro, cinco años currando en curros de mierda, siendo una persona cualificada, pues toda esa presión a mí me hizo decir “a tomar por el culo, yo voy a ganar dinero con esto”, ¿sabes? Toda la gente que está ahora tenemos un hambre que es un hambre de hustler. Que es un hambre de hustler, que es muy distinta de alguien que lo haya tenido todo ahí. O funciona esto o voy a ser camarero toda la puta vida, y yo no voy a ser camarero por mis huevos”.

Un rasgo que se transmite en sus letras y en los videos musicales, con la aparición de la cotidianidad clasemediera baja: Unidades habitacionales como Tlatelolco, espacios de la ciudad abandonados, las calles de Neza o del centro de la CDMX, los suburbios de Madrid. O en letras como «Million Dollar Baby» de Cecilio G, de 2019. «He tenido que ver llorando a mi mamá/Nos querían embargar/No teníamos pa pagar/Como ves siempre ha ido mal/ Por eso quiero que sepas que yo vengo de la mierda y le quiero cantar/A los que aún siguen en ella/ Que no sientan soledad/Que no dejen que el sistema les hunda jamás».

Estos versos, de alguna u otra manera, demuestran el compromiso del artistas por la situación económica y sociopolítica en la que se encuentran los afectados por esa inestabilidad económica.

Distopía millennial con luces de Neón

De la misma manera que en el lenguaje cinematográfico, en los videos musicales de Trap se utiliza el intenso colorido, los colores pastel y el neón para expresar la insipidez y pesadumbre de nuestro tiempo. Los mismo recursos visuales que utilizó Ridley Scott para describir la distopía ciberpunk, Blade Runner, o la decadencia de Nueva York en Taxi Driver de Martin Scorsese, los clips de Trap resaltan la desilusión a través del color.

El neón de los bares, de los casinos, de las tiendas, de los hoteles, son sinónimo de la sordidez que absorbe a los protagonistas de los videos musicales. Las luces de neón o la luz, del alumbrado público, son los recurso que nos permite percibir la pesadez, la contaminación visual, la basura, la violencia económica del sistema (como en «Dolo» de Faruz Feet»), e incluso el desamor (como en el caso de «El último baile» de Alvarito Díaz).

Banana con arroz, arroz a la cubana

Una de las grandes críticas que se le han hecho al trap consiste en lo repetitivo que pueden llegar a ser sus beats, pero sobre todo en el sinsentido de sus letras. Sin embargo esto también representa su mayor atractivo.

El trap es un fenómeno musical que se logró a partir de un proceso irónico. Por ejemplo, Yung Beef confesó en una entrevista, en 2015, que el tema “Tu coño es mi droga” surgió como un trolleo a las disqueras, si un tema en loop con la frase «Tu coño es mi droga» es capaz de llegar a las disqueras y alcanzar más de un millón de vistas, cualquier cosa es publicable. Es decir, ni el propio Trap es un género que se toma en serio a sí mismo.

Gran parte del encanto de la novedad del trap radica en su simpleza. En la capacidad de Kinder Malo rimando incoherencias como en «La ley de Eddie Murphy» de 2015: “Banana con arroz, arroz a la cubana. Si tú has nacido en Cuba eres una cubana. Cuando vas como una cuba eres una fulana”.

Sexualización del Trap

Si en la música Punk, de la década de los 70, las mujeres trascendieron la categoría de grouppie, para ser creadoras de música, a través de la desexualización, en la música urbana y el trap las mujeres están logrando combatir los roles sociales, instaurados por una sociedad heteronormativa, haciendo explícito sus intereses sexuales.

Podemos poner como ejemplos a La Zowi, Bad Gyal o Cazzu. La Zowi, por ejemplo, se presenta así misma como una puta, en el programa de televisión La Resistencia, conducido por David Broncano, La Zowi le entregó una tarjeta de contacto con la frase «La Zowi Puta» . Cazzu habla abiertamente de su sexualidad y sus deseos, en temas como «Turra», lo mismo ocurre con Bad Gyal (en temas como Blin Blin), Kali Uchis (en Telepatía) o Nathy Peluso (en su mix con Bizarrap). Es decir por medio de la desobediencia de estereotipos sociales, las traperas están intentando establecer sus propios principios.

Hablar sobre su sexualidad para cuestionar el estatus quo. Para desechar la moralidad heteronormativa cisgénero, que liga a la mujer y a su sexualidad con conceptos relacionados a la virginidad y la discreción.

La nostalgia treintañera

La representación de la tecnología es otro elemento fundamental para entender la estética del trap, y también para comprender la maduración del movimiento. Gran parte del discurso del trap son estéticas que apelan a la nostalgia. La nostalgia del millennial, de las cámaras de VHS, los autos antiguos, la ropa, el vibe de las Spice Girls, de Britney Spears, incluso de las Boy Bands (un claro ejemplo fue el proyecto de Pimp Flaco, Luichi Boy, Al García, Dannel y Toni D, Cupido).

Esto puede ser una respuesta a la situación del millennial frente a su realidad. El trap es un movimiento guiado por treintañeros o casi treintañeros. Es decir, el Millennial está envejeciendo, el trap es un movimiento estrechamente ligado a esta generación. Por tanto, sería natural que el trap nazca y muera con el millennial.

Pimp Flaco y Cruz Cafuné son algunos traperos que ya han anunciado la clausura del género. Es muy probable que en los próximos años el trap concluya como movimiento, y pase a ser una categoría despreciada tanto por seguidores como por los mismos traperos.

El género es, en un sentido amplio, la expresión de una generación que es producto de las crisis económicas, como la del 97, del 2000, del 2008, de crisis ambientales como la de Influenza o del coronavirus.  Sobreviva o no, el trap es la música que representa a una generación que ha intentado comunicarse con su realidad.

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