Mientras escucho “Everybody Knows” de Leonard Cohen no puedo dejar de pensar en la pandemia y lo que escribió Judith Butler respecto a la discriminación y desigualdad que este virus trae consigo. Si no recuerdo mal escribió algo así como: “el virus no discrimina. Pero los humanos sí discriminamos, modelados por los poderes fácticos, los nacionalismos, racismos, capitalismos, neoliberalismos y xenofobias podemos decir, con seguridad, que la desigualdad social y económica se asegurará que, efectivamente, el virus discrimine”.

El futuro que augura Butler no es alentador, de hecho pocas cosas dichas por filósofxs lo son. Pero lo peor, en todo caso, es que la afirmación de Butler no quedó como un mero ejercicio hipotético, sino como una realidad fáctica que se cierne sobre nuestras cabezas: “es probable que seamos testigos de futuros escenarios dolorosos en los que algunas personas afirmarán su derecho a vivir a expensas de los otros”.

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Leía el informe que Oxfam presentó en la reunión virtual del Foro Económico Mundial y la canción de Cohen no dejaba de taladrarme la cabeza: “Everybody knows the fight was fixed / The poor stay poor, the rich get rich /That’s how it goes/Everybody knows”. En el informe, que lleva por título atinadamente: “El virus de la desigualdad”, se asegura que los hombres y mujeres más acaudalados del mundo aumentaron su riqueza 18 mil dólares durante el año pasado por cada “nuevo pobre” que, según estimados del Banco Mundial (BM), ha dejado la crisis por el COVID-19. El organismo financiero estima que 100 millones de personas se sumaron a la pobreza el año pasado. Esta es la primera vez que la tendencia de pobreza crece exponencialmente desde 1998 y, como secuela, la desigualdad aumentará en 78 de las 91 economías de las que se disponen datos.

Mientras la economía tuvo su mayor caída en 90 años y millones de personas perdieron sus empleos, las 500 personas más ricas del mundo – ¡que equivalen a 0.001 por ciento de la población mundial!– vieron el mayor crecimiento de sus fortunas en ocho años. Según muestra el Índice de Multimillonarios que realiza Bloomberg, este sector de la población ganó un billón 800 mil millones de dólares el año pasado, 31 por ciento más que al cierre de 2019: «The poor stay poor, the rich get rich /That’s how it goes/Everybody knows”

El diagnostico de Oxfam arrebata el aliento: “Desde el inició la emergencia sanitaria, la fortuna de las 10 personas más ricas del mundo ha aumentado en 500,000 millones de dólares (mdd), monto suficiente para financiar una vacuna universal y garantizar que nadie caiga en la pobreza a causa de la pandemia”. Haciendo un símil, esto significa que si se utilizara la riqueza que las 12 personas más ricas de México han acumulado durante la pandemia, se podría cubrir dos veces el gasto programado del IMSS en servicios de salud y alcanzaría para comprar las dosis suficientes para vacunar a toda la población.

Recuperar el nivel de riqueza previo a la pandemia por COVID le tomó 9 meses a las personas más ricas del mundo, mientras que al resto de la gente, especialmente quienes están en mayor situación de pobreza, podría tomarles hasta más de 10 años. Inmersos en este terrible contexto, el 87 por ciento de 295 economistas de 69 países considera que la desigualdad de ingresos aumentó en sus respectivos países como consecuencia del coronavirus, y el 56 por ciento señala que es probable o muy probable que la desigualdad de género y racial aumente.

En México las repercusiones de la pandemia son profundas, se han perdido 12 millones de empleos durante el primer cierre de actividades que se utilizó como medida para evitar la propagación del virus. Y aunque las cifras oficiales señalan que ya se han recuperado 9.9 millones de puestos de trabajo en el país, más del 44.5 por ciento de la población que tiene empleo vive en la pobreza laboral. Lo que significa que trabaja por menos de lo que cuesta adquirir la canasta básica alimentaria (1,633 pesos al mes).

Vaya panorama que nos ha dejado este virus, vaya mentira la que nos ha inoculado el capitalismo. No puedo sino suspirar y pensar: “That’s how it goes, everybody knows…”

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