La originalidad solo está en tu imaginación

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Uno de los chismes más sabrosos de Picasso, por cierto una de las ratas más sucias del arte, cuenta que era tan talentoso para el plagio que sus compas dejaron de invitarlo a las pedas, por miedo a que les robara obra.

Andy Warhol también plagió; Damien Hirst, The Beatles, Led Zeppelin también plagiaron. Bob Dylan robó para escribir chiiingos de canciones. Daddy Yankee, hizo lo propio; Don Omar lo hizo,Bad Bunny perdió una demanda. Las hermanas Wachowski también plagiaron para hacer Matrix. Alejandro Dumas, el dude de El Conde de Montecristo, fue acusado, de no escribir sus obras. Bueno, hasta se ha comprobado que en el siglo XVI, Montaigne citaba a Séneca sin comillas.

El plagio está en todos lados y tal parece, como señala Valeria Mata, que la originalidad no existe, solo está en nuestras cabezas. 

En tiempos donde ya todo está hecho, y dónde creadores como Guillermo del Toro o productores como Tainy, Alizz o Yoshi apuestan por un proceso de creación cooperativo, el cual consiste en tomar cosas de aquí y de allá para hacer algo nuevo.

Estos tiempos y formas de cultura nos retan a repensar el sistema autoral y el valor de la originalidad: las copias, la intertextualidad también tiene un valor estético, social y político que merece ser analizado. 

El plagio siempre ha existido

Copiar siempre se ha visto como algo poco ético, un acto de repudio social. Sin embargo, es una práctica común. En el pasado artistes se copiaban y citaban o otros sin comillas.

La copia es un acto común, un punto de partida en muchas ocasiones. La copia es vital, como señala Ariel Vercelli, “la inspiración es copia, la movilización mental o espiritual es copia. Imitar es copiar, imaginar es copiar, imaginar es copiar… Entonces ¿Todo es una copia de algo? Sí, es muy claro. Todo lo que existe es copia de algo que, virtuosa o vilmente, lo antecede. ¿Y el original? ¡El original jamás existió!”. 

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El plagio en tiempos de Safaera

En 2022 Bad Bunny, Jowell, Randy y Ñengo Flow conectaron un hitazo con “Safaera”. Un fenómeno global de pandemia que tomó prestado algunas cosas de Get Ur Freak On de Missy Elliott, y tan solo en los primeros meses de su lanzamiento juntó más de 320 millones de views. 

Missy Elliott comenzó una demanda, que ganó, y se quedó con el 99% de las regalías de Safaera. Así que Bad Bunny y sus colaboradores se quedaron con solo el 1%. 

En una entrevista, para el canal de Youtube MoluscoTv, Jowell, uno de los creadores de Safaera, comentó que la canción la habían demandado por ser exitosa:

“Esa canción la jodieron porque fue demasiado grande”, dijo el reguetonero.

Esta acusación de Jowell no es una novedad, otros artistas y teóricos han argumentado que el plagio responde más a intereses políticos y capitales que intereses artísticos. 

El investigador Kevin Perromat, rechaza la posibilidad de que puedan hacerse acusaciones neutras en los juicios de plagio. Por lo general las valoraciones responden a factores extraliterarios, como intereses políticos o económicos. 

Incluso escritoras como Valeria Mata sostienen que las acusaciones de plagio son mecanismos de restricción y control en el campo de las artes. “Ciertos ejercicios amenazan los intereses los intereses de ciertos grupos que aún pretenden monopolizar y detentar el poder literario. Al darse cuenta que empiezan a perder autoridad y prestigio con la reconfiguración de las prácticas, estos grupos comienzan a adoptar un papel de fiscales”. 

Cómo señala Ariel Vercelli, la criminalización de la copia se ha vuelto selectiva, ¿Por qué algunos pueden copiar y acumular y otros son perseguidos?

¿La copia es un motor creativo?

Pero ¿por qué estamos tan obsesionados con la originalidad? , ¿ por qué una obra pierde su valor si se identifica una copia o un plagio?,¿Por qué exigimos originalidad a los artistas? 

La idea de originalidad presupone un comienzo, concibe la creación de objetos o ideas a partir de un principio absoluto y de un origen identificable. Cuando Platón se refiere a la mimesis (representación, imitación) como un “vehículo del engaño”, parte de la idea del ser como igual a sí mismo y sin posibilidad de reproducción, pues de acuerdo a Platón la belleza es siempre inmutable e idéntica a sí misma. Bajo este concepto la copia es una degradación, una destrucción de la belleza. 

Sin embargo, el plagio siempre ha estado presente. De acuerdo con Jonathan Lethem, desde tiempos remotos, las ideas en la literatura se han compartido, reciclado, robado, reinterpretado y copiado. Según Lethem, el arte está hecho de apropiaciones, de manifestaciones anteriores y la originalidad es un mito. 

Otro escritor que ha pensado al respecto es Roland Barthes, quién incluso llegó a cuestionar el concepto de “autor”, para Barthes el autor es una construcción moderna, producto de una sociedad que se ha nutrido del empirismo, el racionalismo y la ideología capitalista en la que el individuo posee un estatuto de máxima importancia. Las ideas que se le atribuyen a un autor en realidad no le pertenecen. 

En “De la obra al texto” Barthes comenta que “el texto (podemos hablar del acto de crear) está enteramente entretejido de citas, referencias, ecos, lenguajes culturales, antecedentes o contemporáneos, que lo atraviesan de lado a lado en una amplia estereofonía. Buscar las fuentes, las influencias de una obra es satisfacer el mito de la filiación; las citas que forman un texto son anónimas, ilocalizables y, no obstante, ya leídas antes: son citas sin entrecomillado”. 

No es exageración decir que la creación se produce y se sostiene gracias al trabajo de otras o de otros, la historia de la producción artística siempre ha sido así. El copyright imposibilita, y congela intercambios. Se acuerdo con Joost Smiers, el sistema de copyright supone una amenaza para la vida democrática, los accesos libres y la diversidad de manifestaciones culturales, pues otorga a una persona o empresa el título de propiedad absoluta de una expresión artística, haciendo que la circulación cultural dependa de conglomerados empresariales.

Ninguna obra es reducible a la individualidad

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Ninguna obra es reducible a la individualidad de un solo artista. La creación, es una alusión, un ejercicio constante de referencias e ideas, autores o situaciones, mencionadas de forma directa o implícita. 

Detrás de una obra hay muchísimas referencias, colectivos no un individuo en particular. Por ejemplo, en 1992 se fundó OuLiPo, uno de los principales movimientos artísticos que reinvindicó el plagio, el reciclaje y las apropiaciones de textos. 

Para este grupo el plagio era un mecanismo abierto y eminentemente cargado de potencialidades. Otro autor que coincide con este grupo era Ulises Carrión, que en su libro “el arte nuevo de hacer libros” situó al plagio como el punto de partida para la creatividad.

Macedonio Fernández también era partidario de ver el plagio como un aliado, “Si en un momento de mi obra necesito una escena que ya está hallada por Quevedo o Voltaire, por Rubens o por Goya, pues lo adoptó como el físico adopta la teoría atómica ya descubierta”. 

Pienso en Lara Barranco cuando escribió su poema “copié cuidadosamente”, una advertencia que nos recuerda que la originalidad solo es un plagio no descubierto.

Demás está decir que este texto es un plagio. 

“Debí esperar afuera de la galería a que mi amigo llegara para entrar con él” giraba por mi cabeza mientras formaba parte, …

No les voy a mentir, el proyecto musical de Danny Flow resultaba muuuy atractivo ¿por qué? Porque después de tanto Reguetón/Pop, necesitábamos …